—Es todo tuyo —dije a la chica que estaba con el profesor, al salir del salón. Ella me sonrió con complicidad y rodé los ojos. Ella ni siquiera sabía que la estaba usando para una especie de chantaje, disfrazado de tregua. Aunque me gustaba el profesor con él que ella se revolcaba, ya tenía una diversión que lamentablemente me encontré después, camino a la salida. Seguramente estaba extrañado por haberlo ignorado y que no le había hecho buena cara. Sinceramente no me interesaba en absoluto lo que él pensara, era un hombre muy aclamado y podía tener a cualquier mujer. Seguramente yo no era la única, por que como habíamos hablado, lo de nosotros solo era un juego a escondidas. —No te ví esta mañana, ¿no viniste a estudiar? —preguntó con una mirada un tanto curiosa, en cuanto nos acer

