—Buenos días —dijo con indiferencia a mi profesor y este sorprendido también por su repentina aparición, miró la mano que tenía en mi cintura y luego me miró a mi. Yo no sabía si quiera cómo reaccionar o si era parte de algún plan. Estaba claro que demostraba que me estaba sintiendo incómoda con el profesor, pero no había imaginado que él se hubiese dado cuenta. Todos menos él. Traía una sombrilla consigo, por lo que pude apartarme del profesor e intentar no dejar que mi cabeza se volviera loca por lo que estaba sucediendo. Tratar de entender que estaba pasando y no perder la cordura. Como tenía destapado el abdomen, podía sentir la calidez de sus dedos y el frío de un anillo que siempre cargaba. Mi corazón y mi respiración estaban acelerados, trataba de que él no lo notara. —Bueno

