Noto el movimiento del pomo de la puerta y no dudo ni un segundo. Me quedé sin munición en apenas unos momentos, pero todo cumplió bien su propósito, golpeándole la cabeza casi siempre. —¿Pasé en un mal momento? Mi boca toma la forma de una pequeña O cuando me doy cuenta de que golpeé a una persona completamente diferente. Un chico guapo... Sí, guapo, pero no tanto como Eduard... ¡Maldita sea, supéralo! Me mira sorprendido y algo divertido. —¡Dios mío, lo siento mucho!— Digo dirigiéndome hacia él roja como un tomate— Juro que no era mi intención apuntarte. —Me di cuenta— se ríe, dándome la oportunidad de babear por sus rasgos masculinos. Es alto, bien formado y tiene una sonrisa que hace que mis rodillas se ablanden. Probablemente notó que lo estaba mirando descaradamente, porque

