Capitulo 10

2071 Words
Con cara de póker. —¡¿Chi crede di essere questo dottore nella vita del mio Nicco?! Non capiva che bastavano i ringraziamenti che gli aveva fatto? (¡¿Quién se cree este doctor que es en la vida de mi Nicco?! ¿No entendía que ya con las gracias que le había dado bastaba?) Es que es tan odioso y mandón, ah y obstinado que me saca toda la paciencia que puedo tener a la velocidad de la luz. Entendía la situación de mi hijo, entendía que su salud era lo primordial, pero también debía resguardarlo de alguna forma u otra y todo se podía ir al carajo si alguno de los hombres de mi padre aparecía. Ya había recibido, por mensaje de la gente que quedaba leal a Doménico, la información de que esa gente me estaba buscando, sobre todo ahora que mi padre sufrió un infarto y se encontraba hospitalizado, algo que me importaba menos que un paquete de palomitas, pero que hacía que ese otro estúpido me buscara para desposarme y poder acceder directamente al trono del Don de la camorra. Sabía que mis hermanas no eran material de esposa, pues a esta época tienen 12 y 8 años, eran las hijas de la segunda esposa de mi padre y había tenido el mismo destino que la mía. Morir por no ser lo suficientemente perfecta para ese ser detestable. Necesito mover mis piezas y ahora que Nicco está nuevamente en el hospital deberé hablar con Val. — Sí, eso será lo mejor. Necesito una ducha y desestresarme unos minutos. Entre a mi departamento y lancé las cosas por todos lados, mientras me desnudaba pensaba en como ese rubio me trata peor que una niña y con esas palabras de sabelotodo cree que me intimida. ¡Diablos, Soy hija de la cosa nostra! Si lo supieras no me tratarías así ricitos de oro, estarías temblando de miedo de solo pronunciar mi nombre. Entré al baño y abrí la llave, un buen baño de tina me despejará, todo tiene su momento y ahora es mi momento de descansar. Después de echar unas sales de baño y algunas esencias me metí y coloqué mi cabeza en el respaldo, cerré mis ojos y volví a pensar en mi amado Romeo… Estamos ambos en la bañera, es tan pequeña que el agua cae como cascada al suelo, sus manos delicadas me acarician mis brazos y sutilmente besa mi cabeza, extraño tanto ese olor a madera y clavo de olor que desprendía su cuerpo, a sus hermosos ojos que veo reflejados en mi pequeño y a todo lo que él fue para mi… —¿Lo sai che sei una ragazza pazza e cattiva? (¿Sabes que eres una loquita traviesa?) —Certo, che mi tieni così (por supuesto, tú me tienes así) —Penso che sia ora di parlare con tuo padre, mia principessa. (Creo que es momento de hablar con tu padre, mi princesa) —Sei pazzo? Mio padre ti ucciderà! (Estás loco? Mi papá te va a matar) —Sono il figlio del tuo consigliere, potrei essere un buon candidato (Soy el hijo de su consejero, puedo ser un buen candidato) —Ha già un candidato in vista, non so cosa fare per rinunciare a quell’idea (Él ya tiene un candidato en vista, no sé que hacer para renuncie a esa idea) De un momento a otro el escenario cambia y veo a Romeo crucificado en el sótano de mi casa, a penas con su último aliento me susurra. —Smettila di sognare principessa, devi svegliarti, il nostro Nicco va protetto e lui ti aiuterà… (Deja de soñar princesa, debes despertar, nuestro Nicco debe ser protegido y él te ayudará…) Abro los ojos de golpe y no sé cómo, pero me encontraba sumergida hasta el fondo del agua, siento mis pulmones llenarse de agua y el pánico entrar en mí, como puedo me impulso y salgo de la bañera vomitando todo lo que tenía en mi interior. —¡Niña tonta!— me reprendo, tosiendo como condenada y dejando que el aire sea ahora el que llene mis pulmones. No puedo creer que me haya quedado dormida en la bañera, señor dame un poco de paz y tranquilidad solo hasta que Nicco sea operado y luego prometo desaparecer y no molestar más ¡Lo juro, mi dios, lo juro! Unas grandes manos acarician mi cuerpo y siento calor entre mis piernas, se siente tan delicioso que quiero más, muevo mi cuerpo cual serpiente y tomo una de esas manos para que alivie mi necesidad. —¡Oh, que rico… sigue así! La mano que tomé, junto a la mía masajea mis pliegues y se adentra para tocar mi botón de placer, mis gemidos salen como si fueran suspiros y muerdo mi labio inferior para aplacar el éxtasis al que estoy llegando. —Me encanta que estés así de receptiva… —¿Qué? Abro mis ojos como platos y estoy sola en mi cama, mojada por el sudor y mis fluidos, es que era tan real, solo que esa voz… — ¡No puede ser cierto Gia¡ ¿Estabas soñando que el doctorcito te estaba follando con sus manos? ¡Cada día estás más loca mujer! Me levanté, odiando al mundo y sobre todo a ese ricitos de oro, es que cómo puede aparecerse hasta en mis sueños húmedos. —Argh, debo solucionar esto hoy, sí o sí. Salgo rumbo al hospital, orando no encontrarme con ese tipo, tomo el metro y voy tan preocupada por lo que pasó que ni cuenta me doy cuando ya llegué al lugar. Llegué al ala de cardiología y solicité hablar con Val, era lo justo y lo mejor, ella prometió ayudarme y tomaría su palabra. —Hola Gia, ¿cómo te sientes? —Como la mierda, pero eso es normal, mi vida es un completo desastre y vengo a pedirte que nos ayudes. —Está bien, pero debes contarme todo lo que pasa… Y eso hice, le conté que ayer, después del funeral recibí la llamada de uno de los hombres de Doménico y que al saber el fallecimiento de don Enrico las cosas se habían vuelto a mover en Italia, Val tomó el teléfono y llamó al doctor Cicarelli, quién en menos de dos minutos ya estaba en la consulta, ambos coordinaron con la seguridad del hospital el traslado de mi niño desde la sala común hasta el área VIP y en menos de una hora mi hijo era trasladado y resguardado por uno de sus guardias, primer problema resuelto. El segundo, sería más complicado. Val me dijo que no podía negarle al doctor Malory que viera a mi hijo, pues había notado la conexión entre ellos y también porque sería demasiado notorio, pero también me prometió que no le diría nada al respecto sobre nuestra situación. Todo era cuestión de tiempo, uno que no sabía cuanto era, pero oraba que fuera el necesario para que lo pudieran operar y luego desaparecer. Esa parte del plan no se las conté, no tenía caso ponerlos sobre aviso, debía ser cuidadosa con todo lo que se venía, por el bien de mi hijo… Me dirigí a la cafetería a tomar algo, no he comido nada en todos estos días y la falta de comida me estaba afectando. Pedí un sándwich de jamón y queso con un café y me senté en una mesa alejada para no levantar sospechas… —¿Puedo acompañarte?— levanté mi vista y ahí estaba ese otro doctor que cada vez que me veía no me quitaba la mirada de encima, me molestaba, pero no podía ser descortés, así que le indiqué que podía sentarse. —Adelante doctor, ya ni modo. —¿Pasé a ver a tu niño y no lo encontré? —A bueno, es que lo trasladaron. —¿A otro hospital?— preguntó azorado. —¡Oh, no, no, no. Solo que la doctora Scott prefirió hacerlo así. —Ah, qué bien… y cuéntame de ti, ¿qué haces? —Doctor… —Sí… —Le pediría que no me preguntara estupideces, no es mi amigo y tampoco me interesa serlo. Además, es molesto. Si cree que son formas de acercarse a una mujer, no le quedan — lo vi ponerse rojo, pero no me importaba, siempre he dicho las cosas como me parecen y al que le gusta bien, sino que se pudra. —Perdóname, Gia. Pero es que de verdad eres una mujer muy atractiva y me encantaría conocerte. —Pues usted a mí no me parece nada, así que le pediría amablemente que me dejara de buscar. —Eres muy dura, mujer. Pero los retos me gustan. —¿Sabe qué? — me miró esperando la continuación de mi frase y obviamente se la daría — haga lo que quiera, me interesa bien poco, con su permiso. Salí del lugar y me dirigí a la nueva habitación de mi hijo, el tipo me siguió sin decir absolutamente nada, es más, el estúpido se reía como si lo que le hubiera dicho le entrara por un oído y le saliera por el otro. Apure mis pasos y entré en la habitación. —¡Mamita, qué bueno que viniste! Ya estaba aburrido de estar tan solito. —Oh, cariño. Lo siento, es que mami tenía que recargar energías para pasar toda la tarde contigo. —Genial, ¿jugamos a las cartas? —Si quieres puedo jugar también contigo.— y el imbécil se aparece frente a nosotros con la sonrisa de oreja a oreja ¿De verdad es médico? Este es peor que el doctor ricitos. —La verdad, señor doctor no muchas gracias, con mi mami podemos jugar perfectamente los dos. Y ese era mi hijo, si no le caías bien a la primera estabas frito, gracias dios por haber escuchado mis ruegos. El doctor lo miró con cara de pocos amigos y luego a mí y como la persona que soy me encogí de hombros y aproveché de darle a entender que lo que decía mi hijo era ley para nosotros, pero no todo estaba resuelto, justo cuando el tipo estaba por salir escuchamos el golpeteo en la puerta y no me quedó de otra que dar la pasada. —Adelante. Mis ojos se abrieron como platos al ver la figura del hombre que calentó mi noche y de manera instintiva miré sus manos ¡Dios, de verdad que las tiene grandes! Sé que me puse roja de la vergüenza por los recuerdos de mi sueño, pero la mirada del doctor era de molestia al ver al otro personaje en la habitación. —¡Viniste!— Nicco le dio la bienvenida y yo ya era un mar de nervios que me reía sola. —Lo hice, campeón ¿Cómo te has sentido? —Mejor, la doctora Scott dijo que habías hecho un excelente trabajo. —Aunque todo eso fue muy arriesgado, no debiste… —Y tú ¿Quién te crees para cuestionarme? —¡No me alces la voz! —Tú tampoco, Emery. No eres nadie aquí. —Pues veo que tú tampoco. —Él es mi amigo, señor doctor, así que si es alguien en esta habitación— los dos se dieron la vuelta para mira a Nicco y lo que hizo el doctor ricitos me dejó con la cara pasmada, corrió hacia él y lo saludó se sentó a su lado y se puso a conversar, dejando al otro doctor sin palabras que solo me volvió a mirar y luego a esos dos que ya no se preocupaban por nada ni por nadie. —¿Ya te vas? Mira que en urgencias te estaba buscando Jacobs. —Sí —respondió secamente y trató de despedirse de mí con un beso en la mejilla, el cual rechacé—, nos estamos viendo Gia, que te recuperes campeón. —Si, gracias señor doctor… Mira Nath, tengo cartas ¿quieres jugar conmigo y mi mami? —Por supuesto, ya terminé mi día hoy y no tengo nada más que hacer. Genial, quería una tarde tranquila con mi hijo y ahora tenía al doctor ricitos y mi hijo mirándome con cara de póker y no por el juego de cartas… ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2408069042692
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