ERIK Sus fuertes brazos me mantenían cautiva, aún permanecía desnuda solo cubierta por las sábanas de seda, pensando en lo ocurrido de anoche en aquella habitación, y sobre esta cama. Intentaba descifrar que me había ocurrido, porque yo no era así, y era la segunda vez que me pasaba. No estaba nada orgullosa respecto a mis actos, sin embargo, tampoco me arrepentía. Cerraba mis ojos y sentía el cálido tacto de sus labios sobre mi piel. Quería más de lo que este hombre me había ofrecido. Dejo besos en mi espalda desnuda, indicándome de que ya había despertado. Esboce una pequeña sonrisa complaciente. —Buenos días, Blair — susurro en mi oído suavemente. Su voz se escuchaba ronca y tan sensual. Sus manos acariciaron mis piernas lentamente, sin cruzar límites. Me di vuelta para verlo a

