Joanne.
Abrí mis ojos de golpe y lo primero que vi fueron las cortinas de mi habitación, cerré mis ojos con fuerza ya que la claridad me había dejado ciega de momento y luego los volví a abrir para acostumbrarme a la luz, me estiré en la cama y solté un bostezo. Mi cuerpo estaba hecho una mierda y todo se debía a la magnífica noche que tuve en compañía de Kenneth, no por algo me había enamorado de él, a pesar de que a veces tenía esos cambios de humor extraños y de que era un poco amargado no podía dejar de lado que era un Adonis en la cama y que sabía cómo complacer a una mujer muy bien.
Me giré a un lado de la cama y pude ver que ya me encontraba sola en esta, de modo que ya sabía que Kenneth se había ido a trabajar. Había momentos en donde odiaba que fuéramos tan trabajadores ya que no teníamos el tiempo suficiente para nosotros como pareja como era debido. Me levanté de la cama y salí de la habitación, llegué a la cocina y puse la cafetera a andar con mi taza de café bajo el chorro ya que esa era mi agua bendita a estas horas de la mañana, sin ella no podía vivir y mucho menos funcionar hasta el mediodía.
Regresé a la habitación y empecé a buscar en mi closet un buen conjunto para este día de trabajo ya que tenía que entrevistar a un chico nuevo y después de casi diez minutos me decidí por una falda de tubo en color negra y una camisa manga larga blanco hueso junto a unos tacones en n***o, entré al cuarto de baño y me di una buena ducha, depile mis piernas ya que lo necesitaba para la falda y luego de tomarme mi tiempo empecé a vestirme, me hice una coleta dejando mi cabello n***o muy bien recogido y apliqué solo un poco de brillo a mis labios ya que no necesitaba rubor gracias a que mis mejillas estaban un poco rojas debido a la gran noche que tuve con Kenneth.
Después de revisar mi bolso y meter las cosas necesarias tomé mi teléfono y mi billetera y salí de la habitación para tomarme mi taza de café y finalmente salí del departamento.
Algunas personas dirigieron su mirada en mi en cuanto entré al ascensor y todo fue gracias a que estaba hermosa el día de hoy, hoy me había tomado mi tiempo para arreglarme y vaya que lo había conseguido. Salí del ascensor y me dispuse en caminar por el lobby hasta salir del edificio, llegué a los estacionamientos y me adentré en mi auto, era un poco antiguo, pero ya estaba terminando con mis ahorros para comprar uno nuevo y estar a la altura de Kenneth quien tenía una Ford último modelo.
Mi lugar de trabajo estaba a unos veinte minutos en auto de mi departamento así que no tenía pensando mudarme jamás ya que por cualquier demora podía llegar tarde.
Los veinte minutos se pasaron de prisa y ya me encontraba estacionando el auto en mi lugar de siempre, bajé del auto y me dispuse en caminar a la entrada de la empresa, al cruzar la puerta giratoria mis ojos dieron a un chico rubio el cual se encontraba en la sala de espera y supe de inmediato que se trataba del chico de la entrevista.
—Hola, buenos días —saludé a todos los presentes.
—Buenos días, Joanne —respondió Aura desde su lugar y las voces de otras personas se le unieron.
Caminé hasta mi oficina y al entrar en esta dejé mi bolso sobre el escritorio, estaba arreglando mi cabello cuando un golpe en la puerta se hizo presente así que indiqué que pasaran.
Era Aura.
—El rubio es el chico de la entrevista, ha llegado casi a las siete de la mañana y con todo y eso que le dije que tu hora de entrada era a las ocho decidió quedarse en esa silla. Parece un robot y la verdad da un poco de miedo —soltó.
Tomé lugar en mi silla y empecé a abanicarme con una de mis manos hasta que rebusqué en el escritorio el control del aire acondicionado y lo encendí.
—Mi jefe me dijo que estaría aquí, pero no especificó a qué hora así que creo que yo no tengo la culpa ¿o sí?
—Claro que no, él podía ir a tomarse un café por mientras y luego regresar, pero prefirió quedarse acosando a las empleadas porque déjame decirte que las miraba extraño.
Solté una risita ya que Aura podía perder los papeles en tan solo minutos y al parecer el chico la había intimidado del todo.
—Dile que pasé, ya estoy lista —encendí el portátil frente a mí y ella asintió saliendo de mi oficina.
El sonido de mi teléfono indicándome de un nuevo mensaje se hizo presente así que lo saqué de mi bolso y al ver la pantalla de bloqueo se trataba de un mensaje de Lili.
Lili: ¿Almorzamos juntas?
La puerta fue abierta y el chico rubio entró, sus ojos verdes dieron a los míos y en ese momento me di cuenta de lo que decía Aura, si daba un poco de miedo, tenía una mirada muy intensa.
—Buenos días, señor… —guardé mi teléfono.
—James —continuó por mí y solo asentí en su dirección.
—Tomé asiento.
—Creo que podemos tener casi la misma edad así que te agradecería que no me hablaras de usted —dijo con una sonrisa antes de tomar asiento.
—Bueno, en esta empresa somos muy profesionales por lo que tengo que llamarlo de esa manera además de que las entrevistas son grabadas y no sería algo profesional de mi parte que no te hablara de usted.
El chico asintió y levantó sus manos en señal de rendición.
—Disculpe, disculpe, fue mi error —soltó una risita.
Esta sería mi tercera entrevista desde que me ascendieron y lo cierto era que nunca alguien se había comportado como el chico frente a mí y tenía que decir que me daba un poco de miedo, estaba empezando a pensar de que se trataba de un loco como lo había insinuado Aura.
—Bueno… —me aclaré la garganta y empecé a teclear en el portátil buscando el grabador de voz. —¿Crees tener todo lo que necesitamos para la empresa?
—¿Alguna vez has sentido que te ocultan cosas? —preguntó y de inmediato detuve la grabación ya que no tenía idea de adonde quería llegar este chico.
—Disculpe, pero no…
—Responde, es solo una simple pregunta.
Mi cabeza quedo en blanco ya que el chico me intimidaba y sobre todo con la clase de pregunta que había soltado de la nada no había que tener cinco dedos de frente para entender que quería llegar a algo con esto.
—¿A qué te refieres? —pregunté. Decidí seguirle el juego o lo que sea que estaba intentando.
El chico cruzó una de sus piernas sobre la otra y colocó sus manos sobre sus muslos sin dejar de mirarme.
—A veces uno cree conocer a las personas, pero lo cierto es que no las conocemos del todo porque nos ocultan cosas por más buenos amigos que se muestren ¿Entiendes lo que te digo?
Abrí mi boca para responder, pero él me interrumpió.
—¿Te doy un ejemplo?
Asentí.
—Supongamos que somos muy buenos amigos y que… —pasó una de sus manos por su cabello rubio. —Y que tú le eres infiel a tu novio, yo lo sé, pero te estoy guardando el secreto hasta que un día ya no puedo más y me presento en su trabajo y le cuento todo.
—¿A dónde quieres llegar con esto? —pregunté.
—A ninguna parte, solo es un ejemplo, te dije que era un ejemplo —continuó.
No pude dejar de pensar en Kenneth en ese momento porque su ejemplo me había sonado más a algo real, a algo que él estaba tratando de que yo entendiera, pero una parte de mí no quería hacerlo porque no sabía quién era y que era lo que quería, inclusive estaba por levantarme de mi silla y llamar a uno de los seguridades de la empresa para que lo sacaran de mi oficina ya que no me transmitía confianza.
—¿Estás pensando en las personas que rodean tu vida? —preguntó.
—¿Quién eres y que tratas de decirme? —fui directa, me estaba hartando y no estaba para juegos.
—Digamos que alguien que no quiere verte sufrir.
—Ni siquiera te conozco, nunca te había visto —respondí. —¿A qué te refieres con las cosas que me estás diciendo?
—Eres muy hermosa y no creo que sea posible que tu belleza le gane a tu inteligencia —dijo con una sonrisa. —Pon esas neuronas a trabajar y resolverás el acertijo mucho más rápido antes de que la bomba te explote en la cara.
Solté un suspiro y sin darme cuenta de lo que estaba haciendo me levanté de mi silla y empecé a caminar hasta la puerta, pero el rubio me tomó de una de las manos impidiéndome de que continuara con mi plan.
—Suéltame o gritaré y créeme que cuando los seguridad entren a la oficina y vean como me estas agarrando no dudaran en echarte a patadas del edificio.
—Joanne, Joanne, Joanne —chasqueó su lengua y soltó mi mano. —Solo intento ayudarte, ser tu amigo nada más.
—No necesito amigos además ni te conozco —contesté.
El rubio asintió y empezó a caminar hasta la puerta así que supuse que él saldría solo de mi oficina, pero al ver que colocó una de sus manos en la perilla y se volteó a mí sin siquiera abrirla supe que ese no era su plan.
—¿Quieres la verdad? —preguntó. —Aunque duela, porque sí va a doler, pero ya después me darás las gracias.
—¿Qué es lo que quieres?
Inmediatamente caminé hasta mi escritorio y abrí su currículum para ver de quien se trataba o, aunque sea saber su nombre ya que solo sabía su apellido.
Arthur James leí en el currículum y miré su fotografía para nuevamente posar mis ojos en él.
—¿Qué quieres Arthur? —pregunté llamándolo por su nombre.
—Te daré algo, solo tengo que abrir el portafolio y ya ¿Me dejas abrirlo?
Miré al portafolio en sus manos y pensé por unos segundos si era buena idea tomar algo de este loco extraño, pero tratándose de un portafolio no creo que hubiera nada malo dentro porque era obvio que un arma no cabría en esa pequeña cosa y antes de entrar al edificio los seguridades siempre revisaban a las personas que entraban por primera vez así que un arma no podía estar ahí dentro.
—Ábrelo —solté.
—Así me gusta, con un poco más de carácter —dijo con una sonrisa y empezó a abrir el portafolio.
Unas hojas se hicieron presentes y me las tendió de modo que las agarré y al ver que se trataban de fotografías me tranquilice un poco, pero todo se desmorono cuando vi quienes eran los de la fotografía.
Lili y Kenneth. Mi novio y mi mejor amiga, juntos.
—Plantéate la próxima vez en escoger quienes son tus verdaderas amigas y quien es el hombre que metes en tu cama todas las noches —dijo.
Su voz sonaba lejos, aunque yo podía ver que estaba a unos pasos de mí, pero tanto era la impresión que mi cerebro no conectaba con mis sentidos. Las fotografías frente a mí me tenían con el corazón a punto de romperse en mil pedazos, solté aire por la boca para no echarme a llorar como una niña de cinco años, pero en cuanto una lagrima descendió por mi mejilla supe que ya no había vuelta atrás.
—¿De dónde sacaste eso? —pregunté.
En ese momento cuando levanté la cabeza y miré a la puerta el ya no estaba, solo se encontraba la puerta abierta de par en par sin una prueba de que él estuvo en mi oficina y me entrego lo que tenía en mis manos.
—Joanne Qué paso con el chico ha salido sin despedirse y…
Los ojos de Aura dieron a los míos y ya yo me encontraba llorando como una colegiala.