Joanne. Nos encontrábamos en la mesa con toda la comida que había preparado frente a mí. Unos minutos después Kenneth y Lili continuaban con su cena, ninguno decía nada, era como si el ratón les hubiera comido la lengua, pero no dejaban de darse unas miradas un poco incomodas, pero yo estaba segura de que esas miradas significaban algo más. —¿Qué tal el trabajo cielo? —pregunté a Kenneth. Kenneth dejó el tenedor sobre la comida y se aclaró la garganta antes de hablar. —Bien, tengo... tengo un vuelo en tres días a Tokio y... —¿Un vuelo? —pregunté y asintió. —¿No viajaste hace algunos días? —Sí, pero ya conoces a mi jefe él es... Solté una risita y ambos se mantuvieron mirándome. —Quisiera conocer a tu jefe algún día. Los ojos de Kenneth querían salirse de sus cuencas y estaba plena

