Habían pasado unos cuantos meses desde que Eva se enteró del embarazo de Mónica. La había despedido, y había continuado con su vida como si no doliera. Pero dolía, dolía en el alma, y más por la sencilla razón de que Mónica, si estaba embarazada. Ahora, solo faltaba saber quién era el padre de su hijo. Eva se sentó en el jardín mientras acariciaba su ya grande panza. A fin de cuentas, ella también estaba embarazada, de su sexto hijo. —¿Ya desayunaste? ¿Te tomaste los remedios? —preguntó Laureti con duda. Desde que su esposa estaba embarazada no se había despegado de su vientre. Incluso, se la pasaba pegado a ella en todo momento. Eva miró a Demetrio con molestia. No había tenido la dicha de que sus embarazos fueran acompañados por Laurenti, pero, ahora que lo veía de esa manera, el hom

