—Tom dijo que tenía usted un porcentaje de éxito muy alto —comentó ______ esperanzada.
—Así es. Algunos de mis pacientes han engendrado un hijo sólo tres meses después de la intervención. Pero cada caso es diferente. —Volvió a ponerse serio—. Su esposo ha sufrido una reacción a la anestesia.
—¿Una reacción? —El corazón de ______ se aceleró—. Pero ¿está bien?
—Se pondrá bien, pero ha estado vomitando. Lleva una sonda intravenosa y me gustaría que se quedara a pasar la noche. Ahora está en recuperación. Dentro de un rato lo llevarán a una habitación. La avisarán para que pueda ir a hacerle compañía.
El cirujano la miró con preocupación.
—Este tipo de reacciones a la anestesia general no son raras. Lo mantendremos en observación esta noche y probablemente mañana podamos dejar que se vaya.
Tras darle unas palmaditas en la mano, desapareció por unas puertas batientes.
—¿Tom? —susurró ______ para calmarlo. Había estado gimiendo y moviéndose en sueños en la cama del hospital. Inclinándose sobre él, le cogió la mano—. Cariño, ya ha pasado todo. Te pondrás bien.
Él abrió los ojos bruscamente. ______ le apartó el pelo de la frente.
—Hola, mi niño.
Él cerró los ojos.
—Así me siento, como un niño pequeño. O mejor dicho, me siento como si estuviera en el infierno. Estoy mareado.
—¿Vas a vomitar?
Él negó con la cabeza.
—Estoy cansado.
—Entonces duerme, cariño. Yo estoy a tu lado.
—Niño bueno —murmuró antes de dormirse otra vez.
______ le dio un beso en la frente.
«Amo a este hombre de todo corazón. Daría la vida por él. Lo daría todo por él.»
Era raro ver a Tom tan vulnerable. Casi nunca se ponía enfermo. Y cuando estaba despierto, su sola presencia desprendía una energía que llenaba cualquier estancia.
Pero ahora su personalidad estaba apagada. Estaba callado, débil, indefenso.
Recordó la vez que se había ocupado de él cuando lo encontró borracho en Toronto. Lo había ayudado a llegar a su piso y, una vez allí, le había vomitado encima.
(Encima de ella y del jersey de cachemira verde botella.)
Recordó que lo había llevado hasta la ducha y lo había ayudado a limpiarse. Pasándose las manos por el pelo, pensó en cómo sería cuidar de un bebé. En esos momentos, parecía algo muy remoto, casi inalcanzable. Al volver a mirar el hermoso rostro de su marido, se dio cuenta de que algo en su interior estaba cambiando. Algo había empezado a cambiar.
—¿Cómo está? —preguntó Rebecca, preocupada, cuando _______ entró en la cocina la tarde siguiente.
Dejó la bandeja encima de la encimera antes de contestar:
—Está durmiendo. Decía que tenía molestias, pero no quería tomarse las pastillas. He tenido que amenazarlo.
Rebecca se echó a reír.
—Qué milagro. ¿Cómo lo has conseguido?
______ dejó los platos sucios en el fregadero.
—Le he recordado que cuanto más tarde en recuperarse, más tendremos que esperar para practicar sexo. Me ha quitado el bote de pastillas de la mano. No creo que volvamos a tener problemas para que se tome la medicación.
Rebecca sacudió la cabeza, disimulando una sonrisa.
—Estoy preparando sopa de pollo y panecillos caseros para cenar. ¿Qué te parece? —La mujer se acercó a la cocina, donde un pollo entero estaba hirviendo a fuego lento en una gran olla.
—Me parece genial, gracias.
—¿Quieres que me quede a pasar el fin de semana?
—No, estaremos bien solos. —______ miró a Rebecca con interés—. ¿Te quedarías?
La mujer volvió a tapar la olla.
—Por supuesto. Puedo quedarme siempre que me necesitéis, excepto durante las vacaciones. Incluso en vacaciones, si lo sé con tiempo, puedo arreglármelas. Sé que sonará idiota, pero ya os considero parte de la familia.
______ se apoyó en la encimera.
—No es idiota. Nosotros pensamos lo mismo. La vida es mucho más fácil cuando estás en casa. La ropa sucia desaparece y aparece milagrosamente limpia en su sitio. La nevera y el congelador siempre están llenos y todo está inmaculado. Yo no sería capaz de hacer lo que tú haces.
—Estoy segura de que sí podrías. Lo que no podrías sería estudiar al mismo tiempo. Hay que elegir, una cosa u otra. —Momentos después, preguntó—: ¿Vendrá la familia de visita?
______ se secó las manos en el delantal y se dirigió a la isla central de la cocina. Había un iPad apoyado en un soporte, como si fuera un libro de cocina. Abrió la aplicación Calendario y buscó los compromisos de los Kaulitz.
—No, entre mi ecografía y la intervención de Tom decidimos que sería mejor que vinieran después de Navidad. Al fin y al cabo, nos veremos en casa en Acción de Gracias. —Hizo una mueca de disculpa—. Lo siento, pensaba que te lo había comentado.
Rebecca hizo un gesto con la mano, quitándole importancia.
—Ningún problema. Ahora lo cambio en la agenda.
—No pensaba que Tom fuera a estar tan débil después de la operación —comentó ______—. Insiste en que quiere ir a trabajar mañana, pero no lo veo claro. Aún le duele mucho.
—Los hombres son unos pacientes horribles. No se toman la medicación, no hacen lo que les mandan y nunca admiten que están enfermos. Me recuerdan a los gatos.
La chica soltó una risita.
—Lo tendré en cuenta.
—De hecho, es más fácil darle una pastilla a un gato que a un hombre. Aunque, por otro lado, los hombres no arañan.
_______ se echó a reír a carcajadas.
—Menos mal que está arriba. Se enfadaría si se enterara de que lo estamos comparando con un gato.
Rebecca le guiñó un ojo.
—Miau.
CAP 49.-
Una semana después de la operación, Tom volvía a ser el de siempre. Aunque estaba malhumorado y gruñón por la falta de sexo. (Hay quien diría que, para Tom, estar malhumorado y gruñón era estar como siempre.)
_______ lo soportaba a su manera: con buen humor que rayaba en la santidad. Claro que el hecho de que estuviera recibiendo una dosis regular de orgasmos, cortesía de su esposo, podría tener algo que ver con su estado de ánimo.
—Ha llegado carta de Katherine.—Tom señaló con la cabeza hacia la mesa de la cocina, donde estaba la pila del correo del día.
_______ cogió el pequeño sobre blanco enviado por la profesora Katherine Picton desde el All Souls College, en Oxford.
—Sigue en Inglaterra. Pensaba que estaría ya de vuelta en Toronto.
Tom acercó una silla y empezó a revisar el resto del correo, esperando que no hubiera más sorpresas.
—Su contrato era por un año. Abre la carta a ver qué dice.
Tras ponerse las gafas, _______ abrió el sobre y empezó a leer:
Queridos Tom y _______:
Espero que al recibo de esta carta estéis bien.
En Oxford me han tratado estupendamente y estoy satisfecha con la investigación que he podido realizar. Recuerdo con cariño los días que pasamos juntos durante el simposio y espero que podamos volver a vernos pronto.
Tal vez os hayáis enterado ya de que Greg Matthews me ha invitado a dar una serie de conferencias en Harvard a finales de enero. Según parece, también ha invitado a Jeremy Martin a dar una charla.
Espero veros a los dos durante mi estancia. También confío en que me libréis de los horribles gustos culinarios de Greg.
Vuestra siempre,
Katherine
—¿Qué cuenta? —Tom miró a su esposa por encima de las gafas.
—Dice que vendrá a Harvard en enero. No sabía nada. ¿Tú sí?
—No, nada oficial. ¿Qué más dice?
_______ le pasó la carta. Tom la leyó rápidamente y frunció el cejo.
—Jeremy.
—Sí.
Dejó la carta sobre la mesa.
—No me apetece nada encontrarme con él. Sigue enfadado conmigo por haber dimitido.
—¿No podéis arreglar las cosas?
—No lo sé. Fuimos buenos amigos, pero ya no es así. Ya veremos. —Tom le apartó el pelo de la cara y se lo echó por detrás del hombro—. No te preocupes por eso. Lo importante es que veremos a Katherine y que vendrá a cenar a casa. No le gustan los restaurantes que Greg elige.
_______ se quitó las gafas y las dejó sobre la mesa de la cocina antes de sentarse en el regazo de Tom.
—Sigo sin poder imaginarme a Katherine teniendo una aventura con una vieja momia de Oxford.
Tom se echó a reír.
—Yo tampoco. Pero el viejo Hut tenía fama de guapo en su época. He visto fotografías.
—Pero no lo entiendo. Ella tenía que saber que lo que hacían no estaba bien. No sólo iba a perjudicar su carrera; es que él estaba casado.
Tom le dio un golpecito en la punta de la nariz.
—Creo que estaba enamorada.
—Eso no arregla nada.
—Lo que hicimos nosotros tampoco estuvo bien, ¿ya lo has olvidado? —le preguntó él, bajando la voz.
—Tienes razón —admitió ______, echándole los brazos al cuello—. Supongo que es fácil criticar a los demás y olvidarse de los propios defectos.
—Si sentía sólo una décima parte del amor que yo siento por ti, entiendo que siguiera los dictados de su corazón, aunque se apartara del camino correcto. »Sin embargo, ahora que estoy casado, me pongo en el lugar de la señora Hutton. Si alguien
tratara de apartarte de mí... —maldijo en voz baja.
—Te quiero más ahora que antes de casarnos —dijo ______, pensativa—. El matrimonio es muy extraño. No acabo de entenderlo, pero siento que nuestras vidas y nuestros corazones se van uniendo cada vez más.
—El matrimonio es un sacramento —afirmó Tom, solemne—. Uno muy agradable, aunque estos días no podamos santificarlo con sexo.
—Las tres semanas ya casi han pasado.
—Será mejor que avises a tus profesores de que no irás a clase ese día —le susurró al oído.
Ella se estremeció.
—¿No iré?
—¿Crees que te dejaré salir de casa después de haber pasado tres semanas sin ti? —Le mordisqueó la oreja—. Tendrás suerte si te dejo levantarte de la cama.
—Me gusta cómo suena. —______ le apoyó la cabeza en el hombro—. Sé que has estado haciendo averiguaciones sobre tu familia entre visita y visita al médico. ¿Has descubierto algo?
—Como te dije, le pedí a Carson que se encargara. Me dijo que buscaría el informe del forense sobre mi madre y toda la información médica que pudiera conseguir sobre mi padre y mis abuelos. De momento no se ha puesto en contacto conmigo.
—Nadie va a darle ese tipo de información a un abogado.
—Es posible que no —convino Tom, serio—, pero hay detectives privados que pueden ser muy convincentes. Tienen sus métodos.
—¿A qué te refieres?
—Me imagino que este tipo de información tiene un precio. Y cuando el dinero no es suficiente, hay otros sistemas para animar a la gente a hablar.
—Tom, ¿alguna vez has hecho algo así? ¿Has comprado información?
—Sí —respondió él rápidamente, sin parpadear.
—¿Te has arrepentido?
—No, en absoluto.
—¿Por qué?
—Porque lo hice por ti.
Ella se apartó para mirarlo de frente.
—No lo entiendo. ¿Qué clase de información compraste?
Él suspiró.
—Es una larga historia. Será mejor que nos pongamos cómodos.
_______ prefirió quedarse donde estaba, en su regazo.
—Reconozco que no tenía intención de contártelo, pero durante los últimos meses algo me decía que no debería ocultarte nada.
—¿Qué es lo que me has estado ocultando?
—Cómo me aseguré de que Simon y Natalie no volvieran a molestarte.
Ella abrió mucho los ojos, mientras Tom empezaba a contarle la historia.