Capitulo 84

1782 Words
—Son las palabras que pronuncia Dante cuando ve a Beatriz por primera vez en el Purgatorio. — Tom le rozó el rostro con los dedos y le dirigió una mirada cargada de sentimientos—. Yo sentí lo mismo. Cuando te vi en Cambridge después de tantos meses, recordé esos versos. Al verte allí, de pie, en la calle, recordé todo lo que había perdido. Esperaba que me vieras y te acercaras a mí. Tom la atrajo hacia su pecho mientras los ojos de ______ se llenaban de lágrimas. —No llores, mi dulce niña. Eres mi Beatriz, mi hojita pegajosa y mi bella esposa. »Siento haberme portado como un cabrón contigo. Quería disculparme y demostrarte lo importante que eres para mí. Eres mi obra de arte. ______ levantó la vista y lo miró a los ojos. Él le secó las lágrimas con los pulgares antes de besarle la frente. —Eres mi Perséfone. Eres la doncella y yo soy el monstruo. —No hablemos más de monstruos. —_______ le pasó la mano por el esmoquin, preocupada por si había manchado la lana del traje con las lágrimas o el maquillaje. Gabriel la abrazó con fuerza y la besó hasta dejarla sin aliento. Cuando la soltó, ella se echó a reír. —Ya veo que estás disfrutando con la exposición, señora Kaulitz. —Mucho, pero me gustaría que retiraran la foto —añadió, poniéndose seria—. Aprecio el gesto, pero no quiero estar expuesta a la vista de todo el mundo. —No lo estás. ______ echó un vistazo a la foto y volvió a mirar a Tom. —Todo el mundo la verá. —Vitali quería hacernos un regalo, pero no acepté nada. Luego se me ocurrió esto como un obsequio para ti. Él accedió a colgar tu foto aquí durante un rato. —Señalando a su alrededor, añadió —: Vitali es un viejo romántico y estuvo encantado de hacer algo especial para nosotros. Accedió a colgar la foto durante exactamente una hora, que es el tiempo que tenemos esta sala para nosotros solos. Los ojos de _______ se abrieron como platos. —¿Tenemos la sala Botticelli para nosotros solos? Tom le dirigió una mirada traviesa y le susurró al oído: —No sólo eso. También el pasillo. —¿Me tomas el pelo? —No. Nadie puede subir a esta planta hasta dentro de cuarenta y cinco minutos —respondió Tom, consultando la hora en su Rolex—, que es cuando tendremos que bajar para la recepción y la cena. Con un movimiento brusco, ______ le agarró las solapas con las dos manos y tiró de él para darle un beso largo y apasionado en los labios. —Parece que te gusta la sorpresa —comentó, cuando ella finalmente lo soltó. —Vamos. —______ lo agarró de la mano y lo llevó hacia la puerta. —¿Adónde? —Sexo de reconciliación, sexo museístico, sexo de pasillo... Me da igual la etiqueta que le pongas, pero aprovechemos esta oportunidad. Riendo, Tom se encontró siguiendo a una _______ muy decidida, que se dirigía hacia el pasillo tan de prisa como le permitían los tacones. —Me sorprendes, señora Kaulitz. —¿Por qué? —preguntó ella, levantando la voz para hacerse oír por encima del ruido de los tacones. —Se supone que eres tímida. Se supone que eres la seducida, no la seductora. La joven se volvió a mirarlo con los ojos brillantes. —Quiero un orgasmo contra una pared florentina, Profesor. Un orgasmo de esos de infarto, que te dejan sin respiración. Acabas de decirme que disponemos de algo que nunca creí que pudiéramos tener: privacidad en un espacio público. ¡Que le den a la timidez! Tom se echó a reír a carcajadas, tirando la cabeza hacia atrás. Luego la guió hasta un rincón oscuro del pasillo, entre dos estatuas de mármol situadas sobre pedestales. —Esta vez no pararé —susurró él, levantándole el vestido a la altura de los muslos. —Bien. —No hay aire acondicionado en esta zona, así que las cosas pueden ponerse un poco calientes. — Le acarició el muslo con el dorso de la mano. —No esperaba menos, Profesor. ______ le rodeó el cuello con los brazos y tiró de él. Tom la levantó mientras ella le rodeaba la cintura con las piernas y la apoyó contra los cristales del pasillo. Ella se estremeció cuando notó el frescor de los cristales en la espalda. —Y ahora, dime. ¿Quién es guapo? —Tú. Sólo tú. —______ le capturó la boca justo cuando él gruñó. Lo besó con determinación, trazándole el contorno de los labios. Cuando Tom abrió la boca, la lengua de ella se deslizó en su interior con ganas. Se besaron como si llevaran años separados, ansiosos. Él le recorrió el muslo arriba y abajo con la mano antes de levantarle la falda del vestido. El tafetán suspiró, mostrando su aprobación. Presionando contra ella, subió los dedos por su muslo hasta llegar a su cadera. Una vez allí, se apartó un poco para mirarla a la cara. —¿Dónde están las bragas? —Me gusta mi cuerpo cuando está con el tuyo, ¿te acuerdas? Las bragas siempre molestan. Tom volvió a gruñir y el sonido resonó a lo largo del pasillo. —Has ido así toda la tarde. _______ le guiñó el ojo. —No me extraña que aquel hombre te mirara. —Deja de hablar de otros hombres —lo reprendió ella, tirando de la pajarita. Tom cerró los ojos y se inclinó hacia ella para besarla una vez más, acariciándole la lengua con la suya. _______ cambió de postura y los finos tacones de aguja se le engancharon en la chaqueta del esmoquin. Tiró de la pajarita hasta deshacerla, la dejó caer al suelo y le desabrochó la camisa tan de prisa como pudo. Le recorrió el cuello y el pecho con los labios antes de deslizar una mano hacia la cinturilla de los pantalones. Pero Tom no quería ir tan rápido. Le cogió la mano y volvió a ponérsela en el hombro antes de empezar a acariciarla entre las piernas con delicadeza. La reacción de _______ había sido mejor de lo que esperaba y casi no podía contener la felicidad que sentía. Ella se movía y se retorcía, gimiéndole al oído. —No me hagas esperar —le rogó, tirando de él en vano. Tom rebuscó en los bolsillos. —Menos mal que he traído esto —dijo, mostrándole un paquete pequeño, cuadrado y brillante. Ella se lo quedó mirando. —¿Cómo es que lo llevabas? Él se echó a reír. —Pensé que estarías incómoda toda la noche si no lo usábamos. _______ parpadeó. —¿Lo tenías todo planeado? —Por supuesto —respondió Tom, apretándole las nalgas con descaro. Ella trató de arrebatarle el preservativo, pero él se lo impidió. —Permítame, señora Kaulitz. Lo sostuvo con los dientes mientras se desabrochaba los pantalones. Luego, rompió el envoltorio y se lo colocó rápidamente. Se movió adelante y atrás varias veces, provocándola, antes de deslizarse en su interior, llenándola por completo. Con un suspiro de placer, ella se contrajo a su alrededor. No dijeron ni una palabra. No las necesitaban. Tom conocía el cuerpo de su esposa tan bien como si fuera el suyo y los dos se movían y respondían a los movimientos del otro cada vez más de prisa. Por el pasillo resonaban gemidos apagados y gruñidos de satisfacción, que aumentaron de intensidad hasta que un grupo de estatuas casi se taparon los oídos. Mientras se movían al unísono, la espalda de ______ hacía temblar la ventana que tenía detrás. —Estoy llegando —dijo, aunque la última palabra quedó interrumpida por el orgasmo que se apoderó de ella. Tom aceleró el ritmo de las embestidas hasta que también se perdió en el éxtasis. ______ se aferró a él como si se estuviera muriendo, abrazándolo con fuerza y con la cara enterrada en su cuello. Permanecieron inmóviles unos momentos. Él soltó el aire en una exhalación larga y relajada. —¿Todo bien? —preguntó, besándole la mejilla. —Fantástico. Permanecieron abrazados en silencio mientras el corazón se les calmaba y recuperaban el aliento. Tom la dejó en el suelo con delicadeza y le bajó el vestido. Poniéndole las manos en la cintura, apretó cariñosamente. —¿Puedes andar? —le preguntó, mirando los caros zapatos con preocupación. —Sí, aunque tal vez me tambalee un poco. —Entonces, permíteme. —La tomó en brazos y la llevó al baño más cercano para lavarse. —¿Es muy distinto cuando te pones uno de ésos? —preguntó _______, señalando al condón que Tom acababa de tirar a la basura. —Es un poco frustrante, porque no te noto tanto como quisiera —respondió él, lavándose las manos—. Durante casi toda la vida, no he conocido otra cosa. Pero ahora que sé lo que se siente estando en tu interior sin él, es casi una tortura. —Lo siento. Tom se secó las manos y se inclinó sobre ella para darle un beso en la coronilla. —No lo sientas. No soy tan egoísta. No estaría cómodo sabiendo que tú pasas la noche preocupada, sólo para que yo pueda disfrutar más del sexo. ________ frunció el cejo. Él juntó sus frentes. —El sexo contigo siempre es magnífico, porque es más que sexo. Me temo que vas a tener que arreglarte un poco el pelo y el maquillaje. O todo el mundo sabrá que acabamos de practicar sexo museístico. —Tom parecía muy satisfecho de sí mismo. Ella alzó una ceja. —¿Tú ya estás listo para volver a la fiesta, Profesor? —Por supuesto —respondió él, abrochándose un botón del esmoquin—. A mí no me importa que la gente sepa que he disfrutado del sexo museístico con mi esposa. —Pues mejor, porque todos se darán cuenta, te lo aseguro. —¿Por qué? —Porque te olvidas de algo. —_______ le ofreció la pajarita deshecha con un dedo. Tom se llevó la mano al cuello, sorprendido, antes de abrocharse los botones. —Seductora —murmuró, quitándole la pajarita de la mano. ______ se arregló el pelo frente al espejo. —Entonces, en una escala del uno a lo trascendente, ¿qué nota le pondrías a este polvo? —Ha sido de los que hacen que tiemble la tierra y que te descuides la pajarita. —Pues no lo olvides. —_____ se volvió hacia el espejo para pintarse de nuevo los labios.
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