Capitulo 61

4038 Words
—Creo que es hora de ir a la cama. _____ sonrió ante el contraste entre Scott, con su metro noventa, y el menudo ángel rubio que llevaba en brazos. Parecía un gigante protector. —Te ayudaré. Tammy se levantó y cruzó la cocina hasta donde estaba su marido. Tras darle un beso, subieron juntos al dormitorio. Rachel miró las tartas y los platos de postre. —Creo que será mejor que les lleve el postre a los hombres. —Cortó dos trozos de tarta, los puso en el plato y se los llevó al salón. Diane miró a _____ sin dejar de juguetear con la taza. —¿Podemos hablar un momento, cielo? —Claro. —______ cambió de postura en el taburete para mirar de frente a Diane. —No sé cómo decir esto, así que voy a soltarlo sin más. Últimamente paso mucho tiempo con tu padre. Ella sonrió para tranquilizarla. —Me parece estupendo. —Ya conoce a mi madre y al resto de mi familia. Incluso ha empezado a venir conmigo a la iglesia los domingos para oírme cantar en el coro. _____ trató de ocultar la sorpresa que le causaba imaginarse a su padre en una iglesia. —Cuando mi padre me preguntó si podía invitarte a mi boda, supuse que la cosa iba en serio. —Lo quiero. ______ abrió mucho los ojos. —Guau, ¿lo sabe él? —Por supuesto. Él también me quiere. —Diane sonrió con timidez—. Hemos estado hablando sobre el futuro... Haciendo planes... —Es fantástico. —¿De verdad lo piensas? —Diane la estaba mirando fijamente. —Me alegro mucho de que esté con alguien que lo quiere. No me apetece mucho sacar el tema de Deb, pero estoy segura de que ya sabes que estuvieron un tiempo juntos. La verdad es que no acababa de verlos como pareja. Aquello acabó en nada. Diane guardó silencio. Parecía absorta en sus pensamientos. —Tu padre y yo hemos hablado sobre dar el paso para hacer más permanente nuestra relación. Quería que supieras que, cuando lo hagamos, no trataré de ocupar el lugar de tu madre. —Sharon no era mi madre. Diane le apoyó una mano en el brazo. —Lo siento. —No sé qué te habrá contado papá sobre ella, pero me imagino que no gran cosa. —No lo he forzado a contarme nada. En el momento que quiera explicármelo, lo escucharé. _____ bebió el café en silencio. No le gustaba hablar de su madre; ni siquiera pensar en ella. Había muerto cuando ella estaba en el último curso del instituto. Sharon era alcohólica. Durante casi todo el tiempo se mostraba indiferente a los problemas de ______. Y en las ocasiones que no era así, la trataba de un modo abusivo, y se burlaba de ella. —Grace se portó como una madre conmigo. Me sentía mucho más cercana a Grace que a Sharon. —Grace era una buena mujer. Al mirar a Diane a los ojos, _____ vio en ellos esperanza, pero también una cierta ansiedad. —No me preocupa en absoluto que te conviertas en mi madrastra. Si papá y tú decidís casaros, yo estaré allí, apoyándoos. —Harás mucho más que eso, cielo. Serás una de mis damas de honor. —Diane la abrazó con fuerza. Cuando al final se apartó, se enjugó las lágrimas—. Siempre quise tener una familia. Quería un marido y una casa propia. Y parece que, a los cuarenta años, mis sueños se van a hacer realidad. »Tenía miedo de lo que pudieras pensar. Deseaba que supieras que quiero a tu padre, que no estoy con él por su dinero. ______ la miró sin comprender, hasta que vio la chispa traviesa en los ojos de Diane y ambas mujeres se echaron a reír. —Vale, me tomas el pelo. Papá no tiene dinero. —Es un buen hombre, tiene trabajo y me hace feliz. Si una mujer encuentra a alguien así, que encima está requetebién, sería una idiota si no lo agarrara. El dinero es secundario. Antes de que ______ pudiera decir nada más, John apareció en la puerta. Al ver que Diane tenía los ojos llorosos, se acercó a ella. —¿Qué te pasa? —preguntó, al tiempo que le secaba las lágrimas con los dedos. —Diane me estaba contando lo mucho que te quiere —respondió _____, con una sonrisa de aprobación. —¿Ah, sí? —La voz de John sonó más ronca. —Ya sé que no me la has pedido, pero cuentas con mi bendición. Los ojos oscuros de su padre buscaron los suyos. —¿Ah, sí? —repitió, emocionado. John las abrazó, a cada una con un brazo, y les dio un beso en la coronilla. —Mis chicas —susurró. Poco después, ______ se despidió de su padre y de Diane. Pensaba que estaban viviendo juntos, al menos parte del tiempo, pero ésta la sorprendió al decirle que seguía con su madre y que, por respeto a ella, no se quedaba a dormir en casa de John. ______ entendió entonces por qué tenía tanta prisa por casarse y tener su propia casa. Después de que le sirvieran el postre, Richard Clark se sentó en el porche a beberse un whisky y a fumarse un puro. El aire era fresco y todo estaba en calma. Si cerraba los ojos, podía imaginarse a su esposa, Grace, saliendo de la cocina y sentándose en la silla Adirondack que tenía al lado. La melancolía se apoderó de su corazón. Grace nunca volvería a sentarse con él. —¿Cómo estás? Al abrir los ojos, vio a su nuera, _____, sentada a su lado. Se estaba abrazando las rodillas, arrebujada en una de las viejas chaquetas de cachemira de Tom. Richard se cambió el puro de mano y movió el cenicero para no molestarla. —Estoy bien, ¿y tú? —Muy bien. —La cena estaba muy buena. Francamente excepcional. —He intentado copiar algunos de los platos que tomamos en Italia. Me alegro de que te hayan gustado. —Apoyó la cabeza en el respaldo de la silla y levantó la vista hacia el cielo oscuro. Richard bebió un trago en silencio. Notaba que algo la preocupaba, pero no quería presionarla. —¿Richard? Él se echó a reír. —Pensaba que habíamos quedado en que me llamarías papá. —Sí, claro, papá, lo siento. —Ella pasó una uña por el reposabrazos, marcando la madera. —No lo sientas. Somos familia, ______. Siempre que me necesites, aquí estaré. —Gracias. —Ella recorrió con el dedo la marca que había dejado en la madera—. ¿Te molesta que hayamos cambiado cosas... de la casa? Richard dudó unos momentos antes de responder. —Al baño le hacía falta una reforma. Y me parece muy práctico que hayáis puesto un baño en la planta baja y otro en el dormitorio principal. Y a Grace le habría encantado lo que habéis hecho con la cocina. Llevaba años queriendo poner encimeras de granito. A _____ se le encogió el corazón. —Hemos dejado muchas cosas como estaban. —No te preocupes, de verdad. A Grace le habría encantado redecorar la casa contigo si hubiera estado aquí —la tranquilizó Richard. —¿Estás a gusto en la habitación de invitados? ¿No has cambiado de idea? —Eres muy amable por preocuparte, pero te aseguro que estas cosas no me importan lo más mínimo. Lo único que me importa es que Grace se ha marchado y no volverá. Y me temo que eso no tiene remedio. Richard bajó la vista hacia su anillo de boda, un sencillo aro de oro. —En esta casa —dijo él—, a veces me parece oír su voz, oler su perfume. En Filadelfia no me pasa. Mi apartamento no tiene recuerdos de ella. —Le dirigió una sonrisa melancólica—. La separación no duele tanto cuando estoy aquí. —¿Es muy duro? —Mucho. ______ permaneció en silencio unos instantes, como si se estuviera planteando cómo sería la vida sin Tom. Se quedaría destrozada, sin duda. La duración de una vida humana era incierta. Cualquiera podía contraer una enfermedad grave o tener un accidente y de repente una familia quedaba rota. Desde alguna parte de su interior, una vocecita le susurró: «Si tuvieras un hijo con Tom, siempre tendrías una parte de él». —Más que el pensamiento en sí, fue la voz lo que hizo que se estremeciera. Al notar su reacción, Richard se levantó y le rodeó los hombros con una manta. —Gracias —murmuró ella—. ¿Te gusta vivir en Filadelfia? —Mi puesto de investigador no es lo que esperaba. La verdad es que me he planteado retirarme. —Echó la ceniza en el cenicero—. Me trasladé allí para estar más cerca de Rachel y de Scott, pero los veo poco. Están muy ocupados. Todos mis amigos, incluido tu padre, están aquí. —Pues vuelve. —¿Cómo? —Richard se volvió hacia ella. —Vuelve a Selinsgrove. Instálate aquí. —Pero ahora ésta es vuestra casa. —Sólo durante las vacaciones. Podrías ocupar la habitación principal inmediatamente y luego mandar a buscar tus cosas. Richard se llevó el puro a los labios. —Es un ofrecimiento muy generoso, pero ya tomé la decisión. Hace más de un año que le vendí la casa a Tom. —Él se sentiría más feliz sabiendo que estás en el lugar que te corresponde. Richard negó con la cabeza. —No, no volveré atrás. _____ se estrujó el cerebro pensando en una táctica más convincente. —Para nosotros sería como una buena obra, un mitzvah. Necesitamos que Dios nos bendiga. Richard se echó a reír. —Eso era lo que yo le decía a Tom cuando se ponía tozudo. ¿Por qué necesitáis que Dios os bendiga? La expresión de _____ se ensombreció. —Le he pedido algo y no me ha respondido. Al ver que no decía nada más, Richard aspiró y soltó el humo del puro. —Creo que todas las oraciones reciben respuesta tarde o temprano, aunque a veces la respuesta es un «no». Rezaré para que recibas la tuya lo antes posible. »No te digo que la idea no me resulte tentadora. Pero habéis gastado tiempo y energías en hacer de esta casa vuestro hogar. Habéis cambiado los muebles de la planta baja, habéis pintado las paredes... —Hipotecaste esta casa para pagar las deudas que Tom había contraído por culpa de las drogas. Richard la miró sorprendido. —¿Te lo contó? —Sí. —Fue hace mucho tiempo. Ya nos devolvió el dinero. —¿No te parece normal que quiera devolverte también tu casa después de todo lo que hiciste por él? —Un padre hace lo que haga falta por su hijo —replicó Richard con expresión solemne—. El dinero me importaba tan poco entonces como ahora. Sólo quería salvarle la vida. —Lo hiciste. Grace y tú lo hicisteis. —______ miró a su alrededor—. Mientras la casa permanezca en la familia y podamos reunirnos en Acción de Gracias y Navidad, no importa quién sea el dueño ni quién viva en ella. ______ se cubrió con la manta cuando una brisa recorrió el porche y le acarició la cara. —Sin embargo —continuó—, Tom nunca se desprendería del huerto. Ha contratado unos jardineros para que recuperen los árboles. Y ha mandado plantar algunos nuevos. —Esos manzanos hace años que no dan una buena cosecha. Me temo que es demasiado optimista. ______ miró hacia el huerto entre las sombras. —El optimismo es bueno. A él le hacía falta. —Y volviéndose hacia Richard, añadió—: Si vivieras aquí, podrías cuidar del huerto. Creo que Tom se sentiría más tranquilo si supiera que está en buenas manos. Nos estarías haciendo un favor. Richard permaneció en silencio lo que pareció una eternidad. —Gracias —dijo finalmente, con la voz ronca. _____ le apretó la mano antes de dejarlo a solas con su puro y sus pensamientos. Al cerrar los ojos, un sentimiento de esperanza descendió sobre él. Cuando los invitados se fueron a dormir, ______ se sentó en el borde de la nueva bañera con hidromasaje para comprobar la temperatura del agua. Necesitaba relajarse un poco. Sabía que debería estar trabajando en la conferencia, pero las emociones del día la habían agotado. Se preguntó si debería llamar a su terapeuta de Boston. Seguro que la doctora Walters le daría buenos consejos para afrontar la ansiedad, los conflictos matrimoniales y el nuevo interés de Tom por ampliar la familia. Querer tener un bebé no era nada malo. ______ comparó el entusiasmo y la ternura de su marido con la fría indiferencia que Eric le había mostrado a Tammy. Por supuesto, no había duda de cuál de las dos actitudes prefería. Pero tenía que mantenerse firme para que la pasión de Tom no anulara su personalidad ni sus sueños. Su pelea del día anterior demostraba que todavía tenían mucho que hacer para funcionar como pareja. Tenían que aprender esas lecciones antes de traer un niño al mundo. Mientras esperaba a que el nivel del agua ascendiera, sintió que se le erizaban los pelillos de la nuca. Al volver la cabeza, vio a Tom junto al tocador. Se había desabrochado los tres botones superiores de la camisa. Por encima de la camiseta blanca le asomaba un poco de vello. —Nunca me canso de mirarte —dijo él, y le dio un beso en la nuca antes de quitarle la toalla en la que se había envuelto—. Debería pintarte —añadió, acariciándole la espalda con los dedos. —Ya me pintaste la otra noche, Caravaggio. Manchamos de pintura todo el suelo. —Ah, sí. Qué lástima tener que limpiarlo. Había pensado que podíamos añadir más pintura otro día. —Tendrás que esperar a otra ocasión, cuando no haya invitados. —Lo miró con picardía—. ¿Quieres acompañarme? —Prefiero mirarte. —En ese caso, me aseguraré de darte un buen espectáculo. Se levantó la melena con las dos manos y arqueó la espalda adoptando la pose de una pin-up de los años cincuenta. Tom gruñó y se acercó más a ella. _____ lo detuvo alzando una mano. —Me dejé el gel de burbujas en el otro baño anoche. ¿Podrías ir a buscarlo? —Por supuesto, diosa. —Le dio un beso en los labios antes de irse. Tom tardó unos minutos en localizar el jabón, porque a alguien se le había caído al suelo y la botella había ido rodando hasta la papelera. Se agachó para recogerlo, y vio algo que había quedado entre la papelera y la pared. Era una caja pequeña, rectangular. Leyó la etiqueta: Test de embarazo. Pero la caja estaba vacía. Cuando se hubo recuperado de la sorpresa, y tras volver a leer la etiqueta para asegurarse de que la había leído correctamente, dejó la caja donde la había encontrado y regresó a la habitación. Sin una palabra, le dio la botella a ______, que echó el gel con aroma de sándalo y mandarina satsuma antes de entrar en la bañera. Se colocó en lo que le pareció que sería una pose provocativa, pero Tom estaba perdido en sus pensamientos. —¿Qué pasa? —le preguntó, cambiando de postura para verle mejor la cara. Él se pasó una mano por la barbilla y la boca. —¿Está embarazada Rachel? —Que yo sepa no, aunque me dijo que lo estaban intentando. ¿Por qué? —He encontrado un test de embarazo en el baño de invitados. Bueno, sólo la caja vacía. Parecía que habían tratado de esconderla. —Probablemente sea suyo. —Ojalá fuera tuyo. —Tom la estaba observando con tanta intensidad que ______ sintió el calor de su mirada en la piel. —¿Incluso después de lo de ayer? —Por supuesto. Las parejas discuten. Los maridos siempre tenemos la culpa, porque somos unos idiotas. Un poco de sexo salvaje y sudoroso para reconciliarnos y todo está olvidado. _______ bajó la vista hacia el agua. —Preferiría disfrutar del sexo salvaje y sudoroso sin discutir antes. —Pero entonces la reconciliación perdería todo el sentido, ¿no crees? —susurró él, con voz ronca. Respirando hondo, ______ levantó la cara y lo miró fijamente. —No estoy preparada para formar una familia. —Ya llegará el momento. —Tom le tomó la mano y le besó los dedos llenos de espuma—. Créeme, no quiero volver a discutir contigo esta noche. No quiero crearte más estrés. Ella sonrió débilmente. —Supongo que también podría ser de Tammy. —Tammy ya tiene un hijo. —Quinn cumplirá dos años en septiembre. Y sé que quiere tener más hijos con Scott. Tom ajustó la intensidad de la luz, dejándola más tenue, antes de desaparecer en el dormitorio. Cuando volvió, la voz de Astrud Gilberto sonaba por el altavoz que había hecho instalar en el techo del cuarto de baño. ______ miró a su marido con admiración. —Sea de quien sea, tal vez haya descubierto que no está embarazada. Pero si lo está, serás tío. Otra vez. El tío Tom. Sin hacer caso de sus palabras, él se desabrochó la camisa. Se la quitó, seguida de la camiseta, dejando a la vista el tatuaje y el vello que cubría su pecho musculoso. ______ lo observó mientras colgaba la camisa en un gancho y sus manos se acercaban al cinturón. Una vez allí, Tom se quedó quieto, provocándola. Ella puso los ojos en blanco. —Cuando acabes, el agua ya estará fría. —Lo dudo. Y te aseguro que cuando acabe, no estaré aquí fuera. —¿Por qué no? —Porque pienso acabar dentro de ti. Con una media sonrisa, colgó los pantalones antes de quitarse los bóxers. ______ conocía bien el cuerpo de su marido, pero igualmente, verlo la dejaba siempre sin aliento. Tenía los hombros anchos y su torso se iba estrechando hasta llegar a la cintura, estrecha, al igual que las caderas, donde empezaban unos muslos musculosos. Los brazos estaban bien definidos, igual que los abdominales superiores y los inferiores, que acababan formando una uve que descendía vertiginosamente hasta su prominente sexo. —Me matas cuando me observas así —confesó él. —¿Por qué? —______ le devolvió la mirada con descaro, moviéndose en la bañera para dejarle sitio. —Porque parece que quieras lamerme... todo el cuerpo. —Así es. Tom se metió en la bañera rápidamente. Se sentó tras ella y la rodeó con sus largas piernas. —Este aroma me resulta familiar. —Compré el gel porque me recordó al aceite de masaje que usaste en Florencia. Me hiciste un masaje en la espalda con él, ¿te acuerdas? —En mi recuerdo, te froté algo más que la espalda. —Tom le acarició la oreja con la nariz—. Ni te imaginas el efecto que este aroma tiene sobre mí. —Oh, sí. Me hago una idea —replicó ______, moviéndose y notando su m*****o rígido. —Antes de que nos dediquemos a... otras actividades, me gustaría que habláramos un poco. —¿Sobre qué? —______ se tensó. Tom le puso las manos sobre los hombros y empezó a masajearle el cuello. —Relájate, no soy tu enemigo. Sólo estoy tratando de persuadirte para que confíes en mí. Sé que sueles tomar baños de espuma cuando estás estresada. Y últimamente te das un baño todos los días. —No es nada. Es que tengo muchas cosas en la cabeza. —Cuéntamelas. Ella movió la mano adelante y atrás, empujando la espuma. —Tengo miedo de no poder acabar los estudios. Y me preocupa mucho la conferencia. Él pasó a masajearle los hombros. —Ya hemos hablado de la conferencia y te he dado mi opinión sincera. Es buena. Y no vas a dejar los estudios a medias. Sólo tienes que ocuparte de ir superando los semestres uno a uno. »Tampoco hace falta que estés pendiente de la familia toda la semana. Mañana les diremos que pasarás el día trabajando. Durante el día se entretendrán solos y por la noche yo prepararé filetes en la barbacoa. Seguro que Rachel y Tammy estarán encantadas de echarme una mano. Los músculos de ______ empezaron a destensarse un poco. —Eso me ayudaría, gracias. —Haría cualquier cosa por ti —susurró Tom, con los labios pegados a su cuello—. Lo sabes, ¿no? —Lo sé. Cuando se separaron, ella sonrió. —Tu cumpleaños nos pillará en Italia. ¿Cómo querrás celebrarlo? —Contigo. En la cama. Durante dos días. —Tom le rodeó la cintura con los brazos y le acarició la piel de alrededor del ombligo. —¿Quieres que invitemos a alguien a Umbría? Podrían venir a visitar la exposición de Florencia con nosotros. —No, te quiero para mí solo esos días. Podemos invitarlos a celebrar tu cumpleaños en Cambridge. Julia apoyó la mano sobre la de él para que dejara de acariciarla. —No me gusta hacer nada especial por mi cumpleaños. Tom se echó hacia atrás, reclinándose en la bañera. —Pensaba que ya lo habías superado. —Es en septiembre. Estaremos muy ocupados. —No se cumplen veinticinco años todos los días. Es un hito importante y hay que festejarlo. —Lo mismo digo. Los treinta y cinco son igual de importantes. —Mis años sólo son importantes porque tú estás en mi vida. Sin ti, mis días estarían vacíos. _______ apoyó la cabeza en su pecho. —¿Por qué tienes que ser tan dulce? —Porque ya he tenido bastantes amarguras en mi vida —respondió él, resiguiéndole la línea del cuello y el hombro con los labios. —En ese caso, supongo que daremos una fiesta en septiembre. Podríamos hacerla coincidir con el Día del Trabajo para alargar el fin de semana. —_______ le besó los pectorales antes de volver a tumbarse de espaldas sobre su pecho—. Antes estabas hablando con Richard. ¿Qué te ha dicho? —Que le gustaría volver a vivir aquí, pero que no quiere recomprar la casa. Supongo que contaba con el dinero de la venta para su jubilación. —Puede vivir aquí sin comprar la casa. No te importaría, ¿no? —No, claro que no. Al contrario, me gustaría que lo hiciera. Pero no quiere abusar, sobre todo después de las reformas que hemos hecho. —Pues mejor, así las disfruta. El único problema que veo son los muebles. No nos caben en Cambridge. —Podríamos dárselos a tu padre. Los de John ya están muy viejos. —El estirado Profesor había vuelto a aparecer en escena. —¿Lo dices en serio? —No quiero mentirte, _______. Tu padre no es mi persona favorita de este mundo, pero como tú sí lo eres... —Dejó la frase en el aire para besarla. —Richard no quiere desprenderse de ciertos muebles que compartió con Grace. Unos cuantos se los llevó, pero otros están en el guardamuebles. Tendremos que quitar los nuevos para hacer espacio para los viejos. Si lo prefieres, podemos ofrecérselos a Rachel. —Muy buena idea. Diane y él están pensando en casarse. Tom la abrazó con más fuerza. —¿Y a ti qué te parece? —Ella siempre se ha portado muy bien con él y conmigo. Me gusta la idea de que tenga a alguien a su lado para cuando se haga viejo. —Siento ser yo quien te diga esto, querida, pero tu padre ya se está haciendo viejo. Todos nos hacemos viejos. —Ya sabes a lo que me refiero. Tom la hizo volverse hasta quedar de cara a él, con las piernas alrededor de su cintura. —Por suerte para ti, yo aún no soy demasiado viejo para mantenerte despierta toda la noche. Creo que esta habitación no la hemos bautizado... todavía.
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