Unos días más tarde, Paul recibió un correo electrónico de ______ anunciándole su compromiso. Fue como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago. Leerlo una y otra vez no mejoró la situación, pero de todos modos lo hizo. No era que quisiera torturarse, pero necesitaba que su nuevo estatus le quedara indeleblemente grabado en la mente.
Querido Paul:
Espero que estés bien. Siento haber tardado tanto en responder a tu último mensaje. El doctorado es más puñetero de lo que pensaba y siempre pienso que no estoy al nivel de lo que me piden, pero me encanta. (Por cierto, gracias por recomendarme los libros de Ross King. No tengo mucho tiempo para leer estos días, pero lo sacaré de donde sea para leer La cúpula de Brunelleschi.)
Una de las razones por las que tengo poco tiempo para leer o hacer cualquier otra cosa es porque estoy prometida. Tom me pidió que me casara con él y le he dicho que sí. Queríamos casarnos cuanto antes, pero no hemos conseguido que nos hicieran hueco en la basílica de Asís hasta el veintiuno de enero. Tom tiene contactos entre los franciscanos; por eso hemos conseguido que nos dejen la basílica tan pronto.
Soy muy feliz. Me gustaría que fueras feliz por mí.
Enviaré la invitación a tu apartamento de Toronto. También invitaremos a Katherine Picton.
Si no puedes o no te apetece venir, lo entenderé, pero para mí es importante invitar a la gente que quiero. Tom ha alquilado una casa en Umbría para que los invitados puedan alojarse antes y después de la boda. Nos encantaría que vinieras. Sé que a mi padre le gustaría volver a verte.
Has sido el mejor de los amigos. Espero poder pagarte todo lo que has hecho por mí algún día.
Con afecto,
_____
Posdata: Tom no quería que te lo mencionara, pero fue él quien convenció a la profesora Picton para que supervisara tu tesis. Tom no es tan malo como pensabas, ¿no crees?
La gratitud de Paul ante la generosidad de Tom no borró el dolor que sentía al saber que había perdido a ______. Otra vez.
Sí, ya la había perdido anteriormente, pero antes del retorno de Tom había mantenido la esperanza de que ella cambiara de opinión, por muy remota que fuera esa posibilidad. Y saber que iba a casarse con él le dolía mucho más que si le hubiera dicho que se casaba con cualquier otro tipo llamado Tom. Como Tom el fontanero o Tom el instalador de cable.
Pocos días después, _____ recibió un paquete en su casillero de Harvard. Al ver que se lo enviaban desde Essex Junction, Vermont, lo abrió en seguida.
Paul le enviaba una edición especial de El conejo de terciopelo. Además de una dedicatoria en la guarda delantera que le llegó al corazón, había una carta en su interior.
Querida _____:
Tus noticias me han dejado de piedra. Felicidades.
Gracias por invitarme a la boda, pero no podré ir. Mi padre sufrió un ataque al corazón hace unos días y está en el hospital. Yo estoy ayudando en la granja. (Por cierto, mi madre dice que te dé recuerdos. Te está haciendo algo como regalo de bodas. ¿Adónde quieres que lo envíe cuando esté terminado? No seguirás viviendo en el campus después de la boda, ¿no?)
Desde la primera vez que te vi, quise que fueras feliz. Que tuvieras más confianza en ti misma. Que tuvieras una buena vida. Te lo mereces y odiaría verte tirar esas cosas a la basura.
No me consideraría un buen amigo si no te preguntara si Kaulitz es lo que quieres en la vida. No deberías conformarte con nada que no sea lo mejor para ti. Si tienes la más mínima duda, no deberías casarte con él.
Te prometo que estoy tratando de actuar como un amigo y no como un gilipollas resentido.
Tuyo,
Paul
_____ dobló la carta con tristeza y la guardó dentro del libro.
CAP 54.-
A pesar de que John había dado su bendición al enlace (a regañadientes, por supuesto), el conflicto surgió cuando la feliz pareja anunció dónde habían decidido casarse.
Los Clark estaban encantados de pasar una semana de vacaciones en Italia, pero John, que nunca había salido de Norteamérica, no estaba tan entusiasmado. Como padre de la novia, había pensado pagar el enlace de su única hija, aunque tuviera que hipotecar su nueva casa para hacerlo, pero _____ no quería ni oír hablar del tema.
Aunque la ceremonia sería íntima, los costes eran demasiado elevados para la economía de John. Y, para mayor humillación de éste, Tom estaba encantado de pagarlo todo. Para él era más importante que _____ tuviera la boda de sus sueños que tener al suegro contento.
Ella trató de mediar entre ambos hombres, señalando que había cosas que su padre podía pagar, como el vestido de novia o las flores.
A finales de noviembre, ____ vio el vestido perfecto en el escaparate de una elegante boutique de la calle Newbury de Boston. Era un vestido de seda de organza color marfil, con escote de pico y unas mangas minúsculas, que apenas cubrían los hombros. El talle estaba rodeado de encaje, y la falda, con mucho vuelo, formaba capas recordando a una nube.
Sin pensarlo, entró y pidió probárselo. La dependienta le alabó el gusto, diciéndole que los diseños de Monique Lhuillier eran muy populares.
_____ no había oído hablar nunca de la diseñadora. No miró el precio, porque el vestido no tenía etiqueta, pero al verse en el espejo, lo supo. Aquél era su vestido. Era precioso, clásico, y haría destacar su color de piel y su silueta. Sabía que a Tom le encantaría que dejara tanto trozo de espalda al descubierto. Sin caer en el mal gusto, por supuesto.
Se hizo una foto con el iPhone con él puesto y se la envió a su padre preguntándole qué le parecía. Éste respondió inmediatamente diciéndole que nunca había visto a una novia más hermosa.
John le pidió que le pasara el teléfono a la dependienta y, sin que _____ llegara a enterarse en ningún momento del precio del vestido, se puso de acuerdo con la mujer para el modo de pago. Saber que le estaba comprando a su hija el vestido de boda de sus sueños lo ayudó a superar el hecho de no poder pagar el resto.
Tras despedirse de su padre, _____ pasó varias horas más en la tienda, comprando hasta completar el traje. Entre otras cosas, eligió un velo que le llegaba casi hasta los tobillos, unos zapatos de raso, de tacón pero con los que pudiera caminar sin caerse, y una capa de terciopelo blanco para protegerse del frío de Asís en enero. Con todo bien empaquetado, se fue a casa.
Dos semanas antes de la boda, John llamó a _____ para hacerle una pregunta importante.
—Sé que enviasteis las invitaciones hace tiempo, pero ¿habría sitio para una persona más?
—Por supuesto —respondió ella, sorprendida—. ¿Me he olvidado de invitar a algún primo lejano?
—No exactamente.
—Entonces, ¿de quién se trata?
Él respiró hondo y contuvo el aliento.
—Papá, suéltalo de una vez. ¿A quién quieres que invite? —_____ cerró los ojos y rezó a los dioses de las hijas de padres sin pareja para que intercedieran por ella y no permitieran que Deb Lundy asistiera a su boda. O, peor aún, que volviera a salir con su padre.
—A Diane.
Ella abrió mucho los ojos.
—¿Qué Diane?
—Diane Stewart.
—¿La del restaurante Kinfolks?
—Exacto.
La concisa respuesta de su padre le dio a ______ toda la información que necesitaba.
Permaneció unos momentos en silencio, mientras se recuperaba de la impresión.
—_____, ¿sigues ahí?
—Sí, estoy aquí. Claro... sí... por supuesto. La añado a la lista de invitados. ¿Podría decirse que es... esto... tu amiga especial?
John respondió al cabo de unos segundos...
—Sí, podría decirse.
—Ajá.
Su padre cortó la conversación en seguida y ______ se quedó mirando el teléfono, preguntándose qué plato combinado especial sería el responsable de aquel nuevo romance.
«El de pastel de carne seguro que no», pensó.