Capitulo 103

1432 Words
—Hamlet —dijo él a regañadientes. —Creo que el abuelo estaría orgulloso de nosotros. Tú fuiste a Harvard. Yo fui a Vassar. — Sonrió—. Y tu esposa, _______, ¿es religiosa? Gabriel se guardó la foto que Kelly le había dado en el bolsillo interior de la chaqueta. —Sí, es católica y la fe es importante para ella. Ciertamente trata de vivir según su fe. —¿Y tú? —Me convertí al catolicismo antes de casarnos. Creo en Dios, si es eso lo que me preguntas. —Creo que no tenemos ningún católico en la junta de dirección. Serás el primero. —Kelly le hizo un gesto al camarero para que les llevara la cuenta—. Ya verás cuando los primos se enteren de que tenemos una nueva rama: la rama católica del judaísmo reformista. —Ha sido un error —Tom resopló con la boca pegada al móvil al dejarle a _____ un nuevo mensaje en el contestador—. No debería haber venido sin ti. »_______, ojalá no apagaras el teléfono. Es el mejor modo de localizarte. Pasan de las doce. Acabo de llegar al hotel después de cenar con Kelly. »Siento no haberte podido llamar antes. La conversación se ha alargado más de lo previsto. Ella es muy agradable. Tenías razón, como de costumbre. Es curioso, casi siempre acabas teniendo razón. (Soltó el aire lentamente.) »El retrato que Kelly pinta de mi padre es muy distinto al de mis recuerdos. No me he atrevido a contarle que el hombre al que adora pegó a mi madre. (Suspiro.) »Ojalá estuvieras aquí. Al final de la cena empezaba a dudar de mis recuerdos. Dudaba de mí. »Necesito que me hagas un favor. ¿Puedes coger la locomotora de juguete del despacho y mirar si hay algo grabado en la parte de abajo? Es importante. »Voy a tener que alargar la visita. Kelly quiere presentarme a una tía este viernes. Es decir, que no podré volver hasta el sábado. Siento el retraso, pero creo que es mejor dejar atados todos los cabos sueltos antes de volver a casa. »Llámame cuando recibas este mensaje, no importa la hora que sea. (Otra pausa.) »Apparuit iam beatitudo vestra. Te quiero. Arrojó el móvil sobre la gran cama vacía. Aún le daba vueltas a la conversación que había tenido con su hermana. Mucho de lo que había oído lo había sorprendido. Era evidente que Kelly tenía una buena relación con su padre. En eso, como en bastantes otras cosas, parecía que hubieran tenido padres distintos.Había sido un alivio obtener respuestas a algunas preguntas, aunque algunas de esas respuestas lo llevaban a formularse nuevas preguntas. Ciertamente, las noticias sobre su abuelo habían sido buenas. Al pensar en él, una sensación de calidez se le extendió por el pecho. «Al menos tengo un pariente del que sentirme orgulloso, aparte de mi hermana.» Deseó poder meterse en su cama junto a _______, despertarla y contarle todo lo que había pasado.Deseaba refugiarse entre sus brazos y olvidarse de todo. Había cometido un error colosal al querer hacerlo solo. Ahora, como siempre, tenía que pagar las consecuencias. Maldiciendo entre dientes, se dirigió a la ducha esperando que el agua caliente lo ayudara a aclararse las ideas. Luego acabaría de leer el diario de su madre, a ver si de una vez por todas descubría la verdad sobre la relación de sus padres. CAP 58.- 5 de diciembre de 2011 Washington D. C . Natalie Lundy se quedó mirando la foto del periódico en estado de shock. Notó un extraño zumbido en los oídos mientras el mundo se detenía en seco. Observó todos los detalles de la foto en blanco y n***o del hombre y la jovencita que se abrazaban y sonreían ante la cámara. Se fijó en el enorme diamante que brillaba en el solitario que ella llevaba en el dedo. Y en el texto que anunciaba el compromiso de dos poderosas familias políticas. El estómago de Natalie se rebeló. Inclinándose sobre la papelera, vomitó el desayuno. Temblorosa, se secó la boca y se tambaleó hasta el baño. Mientras bebía un vaso de agua, reflexionó. Acababa de perderlo todo. Había oído los rumores, por supuesto. Pero sabía que Simon sólo salía con la hija del senador Hudson por motivos políticos. O eso le había dicho la última vez que estuvo en su cama, a finales de agosto. Había hecho lo que él le había pedido. Había seguido trabajando para su padre y había mantenido la boca cerrada. De vez en cuando, lo llamaba o le escribía un email, pero Simon cada vez tardaba más en responder a sus mensajes hasta que, en algún momento de noviembre, dejó de comunicarse con ella por completo. La había estado manejando a su antojo. Llevaba años haciéndolo. Siempre había estado persiguiendo a otras mujeres. A ella sólo la usaba para desahogarse sexualmente. Así le pagaba todo lo que había hecho por él. Y había hecho muchas cosas. Cosas que le desagradaban. Que no había querido hacer. Como varios encuentros sexuales, o como fingir que no le importaba que se acostara con otras mujeres. Mientras se miraba en el espejo, se le ocurrió una idea terrible. No tenía nada que perder y mucho que ganar. Simon, en cambio, tenía mucho que perder. ¡Joder! Se encargaría de que lo perdiera todo. Dejando el vaso, se secó la boca y se dirigió al dormitorio con pasos más seguros. Se agachó y retiró una de las tablas del suelo, debajo de la cama. Sacó de allí un lápiz de memoria y se lo guardó en el bolsillo de la chaqueta. Luego volvió a colocar la tabla en su sitio. Cogió el abrigo y el bolso y se dirigió a la puerta. Mientras paraba un taxi, no se dio cuenta de que había un coche oscuro aparcado en la otra acera. Por eso tampoco se percató de que el coche arrancaba y empezaba a seguir al taxi a una prudente distancia. CAP 58.- 5 de diciembre de 2011 Washington D. C . Natalie Lundy se quedó mirando la foto del periódico en estado de shock. Notó un extraño zumbido en los oídos mientras el mundo se detenía en seco. Observó todos los detalles de la foto en blanco y n***o del hombre y la jovencita que se abrazaban y sonreían ante la cámara. Se fijó en el enorme diamante que brillaba en el solitario que ella llevaba en el dedo. Y en el texto que anunciaba el compromiso de dos poderosas familias políticas. El estómago de Natalie se rebeló. Inclinándose sobre la papelera, vomitó el desayuno. Temblorosa, se secó la boca y se tambaleó hasta el baño. Mientras bebía un vaso de agua, reflexionó. Acababa de perderlo todo. Había oído los rumores, por supuesto. Pero sabía que Simon sólo salía con la hija del senador Hudson por motivos políticos. O eso le había dicho la última vez que estuvo en su cama, a finales de agosto. Había hecho lo que él le había pedido. Había seguido trabajando para su padre y había mantenido la boca cerrada. De vez en cuando, lo llamaba o le escribía un email, pero Simon cada vez tardaba más en responder a sus mensajes hasta que, en algún momento de noviembre, dejó de comunicarse con ella por completo. La había estado manejando a su antojo. Llevaba años haciéndolo. Siempre había estado persiguiendo a otras mujeres. A ella sólo la usaba para desahogarse sexualmente. Así le pagaba todo lo que había hecho por él. Y había hecho muchas cosas. Cosas que le desagradaban. Que no había querido hacer. Como varios encuentros sexuales, o como fingir que no le importaba que se acostara con otras mujeres. Mientras se miraba en el espejo, se le ocurrió una idea terrible. No tenía nada que perder y mucho que ganar. Simon, en cambio, tenía mucho que perder. ¡Joder! Se encargaría de que lo perdiera todo. Dejando el vaso, se secó la boca y se dirigió al dormitorio con pasos más seguros. Se agachó y retiró una de las tablas del suelo, debajo de la cama. Sacó de allí un lápiz de memoria y se lo guardó en el bolsillo de la chaqueta. Luego volvió a colocar la tabla en su sitio. Cogió el abrigo y el bolso y se dirigió a la puerta. Mientras paraba un taxi, no se dio cuenta de que había un coche oscuro aparcado en la otra acera. Por eso tampoco se percató de que el coche arrancaba y empezaba a seguir al taxi a una prudente distancia.
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