Capitulo 82

3024 Words
CAP 35.- Florencia, Italia Tom fumaba un solitario cigarrillo mientras contemplaba los trozos del vaso de agua roto. _______ se había enfadado por su culpa. No era la primera vez que rompía cosas delante de ella. Había destrozado su antiguo teléfono móvil cuando el hijo de puta de Simon la había llamado. Inspiró hondo, haciendo entrar el aire hasta el fondo de los pulmones antes de soltarlo por la nariz. No definiría su relación con ______ como tormentosa, aunque la verdad era que últimamente estaban discutiendo mucho. Habían discutido sobre el tema de la conferencia en Selinsgrove. Y también en Umbría, cuando él le había preguntado por su madre. Y esa noche habían alcanzado un nuevo récord negativo cuando ella lo había acusado de pensar que era una zorra. No podía estar más equivocada. Ni siquiera podía pronunciar esa palabra en la misma frase que su nombre. Pero había perdido los nervios antes de poder explicárselo. Sus secretos a ______ le estaban haciendo daño, lo sabía. Pero no quería hablar de las cosas que lo martirizaban hasta haber encontrado una solución. No quería parecer débil ni indeciso. O, aún peor, no quería que la compasión de ella se transformara en lástima. Prefería que se enfadara. Lo que no podía soportar era que le perdiera el respeto. No había encontrado una solución. Todavía no. Se debatía entre dos salidas extremas, pero ambas eran inadmisibles. En esos momentos, le faltaba valor o sabiduría para dar con una alternativa válida para los dos. ________ tenía razón. Si adoptaban un niño, tendría que dejar de fumar. Pero lo había dejado ya una vez, mientras se rehabilitaba. Podía volver a hacerlo. Pensó en John y Diane. Habían pasado de la euforia de saber que iban a ser padres a la desolación de enterarse de que su hijo tenía un defecto que ponía en riesgo su vida. No se podía ni imaginar la impotencia que debían de estar sintiendo. Había conocido una sombra de esa impotencia cuando Paulina... Se obligó a centrarse en el cigarrillo que tenía en las manos. Esa noche no podía permitirse vagar por esa senda oscura. Levantó la vista hacia la silueta de Florencia. Contempló la torre del Palazzo Vecchio y los demás edificios iluminados mientras esperaba a que ______ se durmiera. Fue al baño a lavarse los dientes y se desnudó, dejando la ropa tirada en el suelo. Se dio una ducha rápida para quitarse el olor a tabaco de la piel. Desnudo y con el pelo húmedo, se deslizó entre las sábanas, con cuidado de no tocarla. Un rápido vistazo le había revelado que se había puesto un camisón y que se había tumbado de lado, dándole la espalda. «Mensaje recibido, cariño.» Mientras se acostaba, le pareció que ella murmuraba algo, inquieta. —Lo siento —musitó Tom. Al ver que no respondía, apagó la luz y se puso asimismo de espaldas a ella. Inmediatamente, _______ se volvió hacia él y lo abrazó desde atrás. —Yo también lo siento. —Prometimos que no volveríamos a irnos a la cama enfadados. —No estoy enfadada, Tom. Estoy dolida. Él hizo una mueca de dolor y se aferró al brazo que le rodeaba la cintura. —Tienes razón sobre Maria. Es que quería hacer algo por ella. Y nunca he pensado que seas una zorra. No creo que seas fría ni despiadada. Eres mi amada. —Entonces necesito que seas más amable conmigo. La verdad, Tom, estos últimos días a tu lado han sido muy duros. No quiero que nuestro matrimonio sea así. Él se tensó. —Encontraré la manera de compensarte. Te lo prometo. —No quiero que me compenses. Sólo quiero que me cuentes qué te pasa. —Lo haré. Te lo prometo. —Cuéntamelo ahora —ordenó ella con firmeza. —Por favor, ______ —susurró Tom—. Te pido que me des un poco más de tiempo. —¿Para que puedas tomar tu importante decisión sin mí? —No haré nada sin hablarlo antes contigo. ¿Nunca has estado preocupada por algo y has tratado de hallar la mejor solución por tu cuenta? No puedes tomar esta decisión por mí. —Negó con la cabeza—. Sólo te pido que tengas un poco de compasión. _______ lo miró a los ojos y no vio ni rastro de falsedad en ellos. —Te daré un poco más de tiempo. Pero quiero que llames al doctor Townsend. Tom abrió la boca para protestar, pero ella lo interrumpió: —No aceptaré una negativa. O me cuentas qué te preocupa o hablaré yo con él. Si no quieres hacerlo por ti, hazlo por nosotros, pero habla con alguien, por favor. Respirando hondo, él asintió. Tom se despertó cuando estaba a punto de amanecer y salió de la habitación antes de que _______ se despertara. Aunque le dolió dejar la calidez de sus brazos, tenía una misión que cumplir. Y cuanto antes obtuviera la información que necesitaba, más cerca estaría de encontrar una solución. (O eso esperaba.) Esa tarde tenía una importante reunión con su viejo amigo, el dottore Vitali, director de la Galería de los Uffizi. Tom estaba más decidido que nunca a demostrarle a su esposa lo mucho que la amaba. Y a hacerlo en público. Al salir del hotel, pensó que las calles de Florencia le gustaban especialmente por la mañana temprano, antes de que la ciudad se desperezara. Se detuvo en la cafetería del Museo Gucci en la Piazza della Signoria a tomar un espresso y un bollo. Los disfrutó sentado en la terraza mientras leía La Nazione, haciendo tiempo hasta que Elena empezara su jornada laboral en el orfanato. A las diez en punto llamó a la puerta. La mujer se mostró muy sorprendida al verlo y más sorprendida aún al enterarse del motivo de su visita. Le dio las gracias por su interés por Maria y le sugirió que, si quería ayudar a la niña, podía pagar el coste del terapeuta que la visitaba para hacer que recuperase el habla. Cuando Tom sacó el tema de la adopción, Elena le dijo que adoptar un niño en Italia no era fácil. Sólo se permitía hacerlo a parejas que llevaran más de tres años casadas. Aunque ______ y él decidieran quedarse con Maria, el gobierno italiano se opondría. Tom se marchó con la lección aprendida, tras haber hecho una generosa donación para cubrir los gastos de la pequeña. Además, insistió en que Elena se pusiera en contacto con él si surgían nuevas necesidades. Perdido en sus pensamientos, se sentó en una cafetería cerca de la iglesia de la Santa Croce. En vez de quedarse mirando a las guapas mujeres que pasaban, hizo unas cuantas llamadas, tratando de convencer a las mejores familias de Florencia de que ayudaran al orfanato mediante adopciones o acogidas. Obtuvo reacciones variadas. Todo el mundo parecía dispuesto a desprenderse de parte de su dinero para ayudar económicamente a la institución, pero ninguna de las parejas estaba interesada en la acogida. La adopción quedaba absolutamente descartada. Una vez más, Tom fue consciente del derroche de generosidad de que había sido objeto en su infancia, al darse cuenta de todas las razones a las que Richard y Grace podían haberse aferrado para no adoptarlo. Por suerte para él, no lo hicieron. ______ se despertó en la cama vacía de una silenciosa habitación de hotel. Pero Tom le había dejado un vaso de agua en la mesilla, junto a una nota: He ido a hacer unos recados. Volveré a tiempo para arreglarme para la inauguración de esta noche. Te quiero. Y me gusta mi cuerpo cuando está con tu cuerpo T. En el dorso, Tom le había escrito el poema de e.e. cummings que empezaba con la última frase de su nota. _______ leyó y releyó el poema, preguntándose qué tipo de recados habría ido a hacer. Tenía que admitir que se sentía un poco culpable. Tom tenía razón. Maria necesitaba una familia que la quisiera y se preocupara por ella. No le extrañaba que él se sintiera tan atraído por la niña. Aunque seguía igual de agobiada y angustiada por el peso de las obligaciones académicas, no podía quitarse de encima la sensación de que estaba siendo egoísta al poner su educación por delante del bienestar de una niña. De todos modos, no le parecía adecuado llevarla lejos de su país, a una casa desconocida, llena de extraños. Especialmente sin saber qué era lo que tanto preocupaba a Tom. «Tal vez quiere que tengamos hijos en seguida y se está preparando para plantearme el tema.» Le dio unas cuantas vueltas al tema, pero luego lo dejó de lado. Tom le había asegurado que entendía su ansiedad respecto al doctorado. No iba a cargarla con más preocupaciones. Había trabajado tanto para llegar hasta allí... Sus comentarios de la noche anterior sobre «la _______ que conocía» le habían hecho mucho daño. Ella se había pasado la vida tratando de ser compasiva con los demás. Y no creía que ser buena persona obligara a abandonar todos los sueños personales. Por mucho que quisiera ayudar a Maria, no podía asumir una adopción en ese momento. Tal vez al cabo de un par de años, cuando se conocieran mejor y ______ estuviera ya más avanzada en su tesis. Una vez acabados los cursos de doctorado, podría dedicarse exclusivamente a la preparación del proyecto y a la redacción del texto. Era más fácil combinar la maternidad con la investigación desde casa. (O eso suponía.) Seguía preocupada por su marido. No sabía qué demonios secretos lo atormentaban, ni por qué se mostraba tan reservado sobre las soluciones que buscaba. Cogió su iPhone de la mesilla de noche y le envió un mensaje: T: He echado de menos despertarme a tu lado esta mañana. Gracias por la nota y el poema. Con ganas de que llegue ya la inauguración. Yo también te quiero. ______. xx Luego, haciendo un esfuerzo para ejercer la caridad, se vistió y pasó el día buscando al mendigo al que le había dado dinero durante su primera visita a Florencia con Tom. Buscó y preguntó por todo el centro, pero nadie parecía recordar a ningún hombre que respondiera a esa descripción. Mientras _______ ahogaba sus penas en una limonada helada en el bar Perseo, Tom estaba acabando su reunión con el dottore Massimo Vitali en los Uffizi. Cuando volvió a la habitación, la encontró vacía, pero el aroma de azahar de la colonia de ______ permanecía en el aire.Tenía muy buenos recuerdos de su anterior visita a Florencia. En la suite del hotel había una pared que le gustaría poder enmarcar o convertir en una capilla. Recordó los primeros tiempos de su relación. Había tenido que esforzarse mucho para ganarse la confianza de ______. De pronto, le vino una imagen de cómo sería su vida sin ella: vacía, desnuda, fría. Tenía que resolver sus problemas en seguida, o la brecha entre ellos crecería y crecería hasta que acabara perdiéndola. Cogió el teléfono y marcó el número de la consulta del terapeuta. Al no encontrar a nadie, dejó un mensaje largo. Después abrió el portátil y, tras conectarse a Google, escribió dos palabras: «Jorg Davis». Varias horas después, _______ estaba en el cuarto de baño, maquillándose, mientras Tom se afeitaba a su lado. Cuando ella se rozó con los dedos una zona del cuello, se encogió sin querer. Aunque la señal que le había dejado el mordisco de Simon ya no era visible, cada vez que se tocaba allí notaba sus dientes. Una mano cariñosa le acarició la nuca. —No volverá a hacerte daño nunca más. ______ buscó los ojos de Tom en el espejo. —Ojalá pudiera creerlo, pero no puedo quitarme de encima la sensación de que Natalie y él no han acabado conmigo. —No se atreverían —insistió Tom dándole un beso en la frente. —¿Cómo puedes estar tan seguro? Una sombra le cruzó el rostro, pero en seguida la eclipsó con una sonrisa. —Confía en mí. —Mi padre me ha llamado antes —dijo _______, resiguiendo el borde de la encimera de mármol con un dedo. —¿Qué te ha dicho? —Tienen previsto casarse el Día del Trabajador. Será una boda íntima. No quieren esperar más. Papá está más a gusto en su casa y Diane no quiere mudarse a vivir con él hasta que estén casados. —¿Y el bebé? —No hay novedades. Diane está bastante bien y el niño todo lo bien que cabe esperar. Lo controlan a menudo. —_______ negó con la cabeza—. Pero papá se siente muy impotente. —Es normal. Quiere protegerlos y no puede hacer nada. ______ asintió, observando el mármol como si fuera lo más interesante del mundo. —Siento lo de Maria. —Yo también. —Se apoyó en el mármol y se miró los pies—, pero al menos he intentado ayudarla. —Tal vez alguna de las familias con las que has hablado cambien de idea. Si la conocieran, seguro que se enamorarían de ella. Él asintió, moviendo los dedos de los pies. —No diré que te comprendo, Tom, porque no sería verdad. Yo no soy adoptada y, por lo tanto, no comparto esa afinidad especial que tienes con los niños del orfanato. Si pudieras esperar a que terminase los cursos de doctorado... —Tenemos mucho tiempo para hablar de estas cosas. No hay prisa. Él sonrió. _______ sintió alivio y alarma al mismo tiempo. Tom se siguió afeitando, mientras ella lo observaba fascinada. —Esto me recuerda nuestro primer viaje a Florencia. ¿Te acuerdas de cuando nos estábamos arreglando para ir a los Uffizi? Entonces sólo era tu novia. Él se detuvo. —Tú nunca has sido sólo mi novia, _______. Eras mi amante. Y seguimos siendo amantes. —¿Cómo olvidarlo? —Ella señaló hacia el dormitorio, recordando su primera vez juntos—. He sido tan feliz aquí. Y esta noche te acompañaré a los Uffizi como tu esposa y podremos inaugurar la exposición de tus dibujos juntos. —Son nuestros dibujos. Y te quiero más ahora que entonces. Aunque no hubiera creído que fuese posible. —Yo también te quiero más ahora. —________ bajó la vista y se quedó mirando sus uñas pintadas de rojo—. Tu amor me ha curado de muchas maneras. Tom dejó la maquinilla de afeitar sobre el mármol. —No sé por qué te empeñas en ponerte cariñosa mientras me afeito. —Trató de no mancharle la bata de seda de espuma de afeitar, pero fracasó—. Ahora vamos a tener que acostarnos. Ella se echó a reír. —No podemos. Tenemos que estar en los Uffizi a las siete. Los invitados de honor no pueden llegar tarde. —Pero no estaría bien que uno de los invitados de honor estuviera de mal humor toda la noche porque está excitado y frustrado. Hemos discutido y lo hemos solucionado. Me debes el sexo de reconciliación. _______ alargó la mano para comprobar su grado de excitación. —No quiero que estés incómodo, Profesor, pero es que aún tengo que arreglarme. Mira qué pelos llevo. Él se echó hacia atrás para mirarle la oscura melena, manchada en varios puntos de crema de afeitar. — Muy bien —refunfuñó—. Pues luego no te quejes si te llevo a un rincón oscuro para hacer contigo lo que quiera. —Cuento con ello, Superman. —________ le mordisqueó la oreja antes de liberarse de su abrazo—. Y para que conste, a mí también me gusta mi cuerpo cuando está con el tuyo. Poco después, _______ salió del baño y se dirigió hacia la zona de estar, donde la aguardaba Tom. —¿Qué te parece? Dejando el libro que había estado leyendo, él se levantó y se quitó las gafas. Le dio la mano y la hizo dar una vuelta. Su vestido de Valentino era muy femenino. Tenía cuello barco, mangas abombadas, talle ajustado y falda acampanada. La tela era un tafetán rojo intenso. _______ se tiró del dobladillo, que le quedaba por encima de las rodillas. —Creo que debí comprarme algo n***o. —No. —La vista de Tom se paseó por sus hombros expuestos, sobre el busto y más abajo, hasta llegar a sus piernas largas y bien formadas—. El rojo es perfecto. Siguió bajando la vista hasta llegar a sus zapatos de tacón negros. Eran unos peep toes Prada. —Me oculta información, señora Kaulitz. No recuerdo haber visto estos zapatos antes. Ella alzó una ceja. —No eres el único que tiene secretos, Profesor. La sonrisa de Tom se desvaneció de golpe. Ella se miró los pies. —Pero puedo organizarte un pase privado, si quieres. —¿En un rincón oscuro de los Uffizi? Cuando sus miradas se cruzaron, ________ asintió. Tom la besó en la mejilla. —Estás preciosa. Los invitados no harán caso de Boticelli. Sólo te mirarán a ti. —Oh, no digas eso, Tom. Ya estoy bastante nerviosa. —Sacudió una imaginaria mota de polvo del hombro de Tom y le enderezó la pajarita negra—. Estás muy guapo. No tengo oportunidad de verte con esmoquin muy a menudo. —Puedo organizarte un pase privado —repitió él, besándole el interior de la muñeca. Cerró los ojos para inhalar su perfume. —Rosas. —Abrió los ojos bruscamente—. Has cambiado de perfume. —Sí. Se llama Noble Rose of Afghanistan. Es delicioso, ¿no crees? Y es un producto de comercio justo, que permite el desarrollo económico de Afganistán. —Sólo tú elegirías el perfume pensando en el comercio justo —susurró Tom, con una penetrante mirada—. ¿Qué he hecho para merecerte? —Tienes derecho a ser feliz. ¿Por qué no te das permiso para creerlo? Él la miró en silencio antes de tomarla de la mano y llevarla hacia la puerta. ________ sintió que el corazón se le resquebrajaba al darse cuenta de que su amor no lo había curado a él.
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