Capitulo 26

2294 Words
El responsable de Estudios de Posgrado era un gran amante de la formalidad y el refinamiento, por esa razón, siempre convocaba las reuniones en la gran sala de conferencias, con paredes forradas de madera, en sus oficinas de la calle Saint George. El profesor Jeremy Martin, catedrático de Estudios Italianos, estaba sentado a su derecha, en una silla de respaldo muy alto, con reminiscencias medievales, tras una mesa de madera oscura casi tan ancha como la sala. Delante de la mesa habían colocado dos sillas plegables y en ellas se habían sentado Soraya Harandi y su clienta para la reunión. No tardaron en comprobar que eran tan incómodas como parecían. La voz de barítono de David Aras resonó en la sala: —Ha llegado el momento de las presentaciones. ¿Señorita _____ Mitchell? ____ asintió, pero no dijo nada. —¿Y quién es su representante? Aunque sus fríos ojos de color azul muy claro no revelaban nada, era evidente que reconocía a la mujer sentada a la izquierda de ella. —Soraya Harandi, doctor Aras. Representaré a la señorita Mitchell. —¿Hay alguna razón por la cual la señorita Mitchell haya elegido venir a esta reunión informal en compañía de una abogada? —preguntó él, claramente irritado. —No, doctor Aras. Mi clienta se limita a seguir sus instrucciones. En la carta que recibió, se le sugería que viniera acompañada de un letrado. —La voz de Soraya era engañosamente dulce. David reprimió el impulso de gruñir. No le gustaba que lo ridiculizaran y menos en público. Señaló al hombre sentado a su lado. —El profesor Martin. ____ lo miró discretamente. Sabía que el catedrático se reuniría con Tom cuando acabara aquella reunión, para hablar de la demanda por acoso de Christa. Trató de averiguar si estaba a su favor, pero su actitud era totalmente neutral, al menos en apariencia. El doctor Aras se aclaró la garganta. —Hemos recibido una queja muy grave contra usted, señorita Mitchell. El objetivo de esta reunión previa a la investigación es solamente informativo. Le haremos unas cuantas preguntas y luego usted podrá hacernos a su vez las preguntas que quiera. La sesión durará unos treinta minutos. Respirando hondo, ____ le devolvió la mirada sin decir nada. —¿Mantiene una relación romántica con un profesor de esta universidad? Ella abrió los ojos como platos y se quedó muda de la sorpresa. Antes de que pudiera decir nada, Soraya habló en su lugar. —Mi clienta no responderá a ninguna pregunta hasta que no se revele la naturaleza de la demanda. La carta era muy vaga, algo comprensible, teniendo en cuenta la política de la universidad, pero esta pregunta es muy concreta. Si quiere una respuesta, deberá explicar exactamente cuál es la naturaleza de la demanda, quién la ha interpuesto y qué pruebas tiene. El doctor Aras dio unos golpecitos con el dedo en la jarra de agua que tenía delante, haciendo bailar las rodajas de limón. —No es así como funcionan estas reuniones. Como responsable de los estudiantes de posgrado, yo soy quien hace las preguntas. —Doctor Aras —la voz de Soraya había adquirido un tono casi condescendiente—, ambos sabemos que la política y los procedimientos legales de la universidad se basan en los principios del derecho natural. Mi clienta tiene derecho a saber de qué se la acusa, a conocer la naturaleza y el alcance de las pruebas que se aportan contra ella, si es que existen, y la identidad del demandante, antes de empezar a responder nada. En caso contrario, este procedimiento no será válido y no tendré más remedio que interponer una demanda al respecto. Inmediatamente. —Estoy de acuerdo con la señorita Harandi —convino el profesor Martin en voz baja. David le dirigió una mirada irritada con el rabillo del ojo. —Muy bien. Su clienta ha sido demandada por comportamiento inadecuado. Se la acusa de haber mantenido una relación s****l con uno de sus profesores a cambio de favores académicos. ____ abrió mucho los ojos, mientras Soraya se echaba a reír a carcajadas. —Esto es una farsa. Mi clienta es una alumna brillante que acaba de ser admitida en Harvard, como bien sabe —dijo, mirando al profesor Martin—. No tiene ninguna necesidad de prostituirse. —No es la primera vez que nos llega una demanda de este tipo, señorita Harandi. Y nos las tomamos muy en serio, como corresponde. —Y entonces, ¿por qué no lo están tratando como un caso de acoso s****l? Sin duda, si una estudiante se ve envuelta en un asunto de intercambio de favores sexuales, estamos ante un caso de acoso s****l. —Esta línea de investigación ya está abierta —la cortó David Aras. —Bien, bien. ¿De qué tipo de favores académicos estamos hablando? —Una nota elevada en el seminario del profesor, pago económico en forma de beca y la colaboración de una académica retirada para que la asesore en su proyecto de tesis. Soraya hizo un gesto despectivo con la mano. —Reitero el hecho de que los méritos académicos de mi clienta hablan por sí solos. ¿Y de qué desafortunado profesor estamos hablando? —Tom Kaulitz —respondió el doctor Aras, mirando a ____ fijamente. Soraya sonrió relajada. —El demandante tiene una imaginación muy viva. Él o ella debería especializarse en literatura de ficción. ¿Fue el profesor Kaulitz quien interpuso la demanda? ____ contuvo el aliento, horrorizada. David Aras golpeó los papeles que tenía delante con la punta del bolígrafo. —No, no fue él. —Bien, ¿y qué dijo al respecto cuando le preguntó? —Nuestra intención es hablar con el profesor cuando hayamos reunido más información. Nuestros protocolos señalan que, cuando un m*****o del profesorado se ve envuelto en una demanda de este tipo, se lo interroga al final, no al principio —explicó el profesor Martin en tono firme pero tranquilo. Soraya le dirigió una severa mirada. —¿Está diciendo que, según las normas de la universidad, se acusa primero a las estudiantes? ¿Y que sólo después se interroga al profesor cuyo testimonio podría exonerarla? Me sorprende que hayan arrastrado a mi clienta hasta aquí sin haber tenido la mínima cortesía de hablar antes con la otra persona implicada. Este asunto podría haberse resuelto con un par de llamadas telefónicas. Es una vergüenza. David empezó a protestar, pero la abogada lo interrumpió una vez más. —Antes de dar por finalizada esta reunión, ¿quién es el demandante? —La demandante es una persona que la señorita Mitchell conoce. Su nombre es Christa Peterson. Soraya recibió la información sin inmutarse, pero ____ buscó al profesor Martin con la mirada. Fue sólo un instante, pero él se dio cuenta y la miró a su vez con el cejo fruncido. Ruborizándose, ella bajó la vista. David Aras mostró dos documentos. —Según la información que hemos reunido hasta la fecha, parece ser que el profesor Kaulitz le puso una nota muy alta a la señorita Mitchell en su seminario. Además, se le concedió la beca M. P. Kaulitz, donada por una misteriosa fundación. Y en el expediente que el profesor Martin me ha facilitado, hay constancia de que el profesor Kulitz le pidió a la profesora Picton que supervisara el proyecto de tesis de la señorita Mitchell. Le alargó el expediente a Soraya. —Como puede ver, señorita Harandi, el expediente incluye pruebas adicionales aportadas por la señorita Peterson, entre las cuales hay fotografías y recortes de un periódico florentino en el que la señorita Mitchell y el profesor Kaulitz aparecen juntos en público. En el artículo se dice que él la presentó como su prometida. »También contamos con la declaración jurada del empleado de una discoteca, que asegura estar en posesión de unas cintas de seguridad en las que el profesor y la señorita Mitchell aparecen en actitud muy íntima durante el período en que ella aún era su alumna. Ciertamente, su comportamiento escapa a los límites de lo que sería una relación profesional. El hombre hizo una dramática pausa. —Sería posible que las pruebas aportadas por la demandante sirvieran para demostrar más de una infracción. Por eso estamos ansiosos por oír la versión de la señorita Mitchell. Le repetiré la pregunta: ¿recibió favores académicos de su profesor a cambio de tener relaciones con él? —Doctor Aras —intervino Soraya—, me sorprende mucho que un hombre de su categoría dé credibilidad a demandas basadas en pruebas tan inconsistentes. ¿Recortes de periódico de un diario sensacionalista italiano? ¿Cintas de vídeo cuya autenticidad no puede demostrarse? Prima facie, no hay caso. —No ponga en duda mi competencia, señorita Harandi. —El doctor Aras empezaba a perder la paciencia—. Llevo trabajando en estos asuntos desde que usted aún estaba en la guardería. Soraya alzó las cejas, cerró el expediente ceremoniosamente y lo tiró sobre la mesa. —¿Qué interés tiene la demandante en todo esto? David la fulminó con la mirada. Ella miró al catedrático Martin antes de devolverle la mirada. —Tal vez su auténtico objetivo sea el profesor Kaulitz—continuó Soraya—. ¿Por qué de pronto tengo la sensación de que mi clienta es una víctima colateral en todo este asunto? —Eso queda fuera de la demanda y, por tanto, de su alcance profesional, señorita Harandi. —La barbilla le había empezado a temblar—. Aunque esta oficina preferiría ignorar la información adicional aportada, no podemos hacerlo. El artículo del periódico demuestra que la señorita Mitchell y el profesor Kaulitz tenían una relación sólo días después de acabar el semestre, lo que parece indicar la existencia de una relación previa. —Me cuesta creer que haya hecho venir a mi clienta sólo por estas estrafalarias acusaciones. Es evidente que la demandante es una persona inestable, que vive en un mundo de fantasía. Si tiene algún problema con el profesor Kaulitz, sería a él a quien debería demandar, no a la señorita Mitchell. En vista de lo que he presenciado aquí esta mañana, le aconsejaré a mi clienta que interponga una demanda contra la señorita Peterson por acusaciones fraudulentas y difamación. El doctor Aras carraspeó ruidosamente. —Si lo que pretende es afirmar que la relación de la señorita Mitchell y el profesor Kaulitz era totalmente consentida, deje que tome nota de esa declaración y acabemos con esta pantomima. ¿Cuándo se inició la relación? —La única pantomima aquí es la llevada a cabo por su oficina. Bajo la apariencia de una infracción académica y de una investigación seria, lo que se está llevando a cabo aquí es una especie de lascivo McCarthysmo s****l. La reunión ha terminado. Soraya cerró la carpeta con contundencia y se levantó. —Un momentito, señorita Harandi. Si se hubiera molestado en echar un vistazo al expediente de la señorita Mitchell, habría encontrado un documento firmado por la profesora Picton, con fecha de octubre, en la que declara que acepta supervisar el proyecto de tesis de la señorita Mitchell por un conflicto de intereses del profesor Kaulitz. ¿Por qué iba a pedirle éste algo así a la profesora Picton si no fuera para darle a la señorita Mitchell lo que ella le exigía? ¿Qué otro tipo de conflicto de intereses iba a existir, aparte de una relación inadecuada? ____ abrió la boca para responder y decir que conocía a Tom desde que era una adolescente, pero la abogada se lo impidió agarrándola del antebrazo con fuerza. —Parece que usted ya ha tomado partido en esta demanda, doctor Aras. Habría sido más honesto por su parte especificar en la carta que el objetivo de esta reunión era enturbiar las aguas para así poder castigar a mi clienta. El hombre trató de disimular su creciente enfado. —La demanda —dijo, señalando el expediente— afirma que la señorita Mitchell recibió favores académicos al margen de sus resultados. La demandante dice además que el profesor Kaulitz y la señorita Mitchell tuvieron una pelea de enamorados en medio de un seminario, en una sala llena de testigos. Poco después de ese vergonzoso episodio, la profesora Picton firmó el documento por el que se comprometía a supervisar el proyecto de la señorita Mitchell. Quid pro quo. Quod erat demonstrandum. —Nemo me impune lacessit, doctor Aras. —Soraya sonrió en dirección a Martin, antes de volver a mirar hacia David con una gélida mirada—. Empecé a estudiar latín cuando aún iba a la guardería. »La demanda es maliciosa y falsa. Si el rector decide presentar cargos basándose en ella, tomaremos medidas contra la demandante y contra esta oficina. ____ se fijó en que el doctor Aras agarraba el bolígrafo con fuerza. —¿Está segura de que ésta es la postura que desea asumir, señorita Mitchell? Si coopera, se la tratará con mayor indulgencia. —Básicamente, usted acaba de llamar a mi clienta puta y la ha acusado de acostarse con un profesor para conseguir sus objetivos académicos. No creo que haga falta que le recuerde las leyes que tratan sobre la difamación. Me parece recordar que el año pasado ya nos enfrentamos a una situación parecida. No nos rendiremos ante sus amenazas. —Nosotros no amenazamos, juzgamos. Entrevistaremos a testigos relevantes para el caso y nos volveremos a reunir. Jeremy, ¿tienes alguna pregunta? ¿Algún comentario? El profesor Martin miró a _____ y luego negó con la cabeza. David Aras cerró entonces el expediente. —Dado que se niega a responder a mis preguntas, señorita Mitchell, puede retirarse. Tras despedirse de los dos hombres con una inclinación de cabeza, Soraya y ella salieron de la sala.
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