Visto en perspectiva, que Tom se olvidara de mencionar que no iba a terapia no tenía importancia. O eso pensó ____. Discutieron un poco al respecto, pero estaban demasiado preocupados por los problemas con la universidad como para prestarle más atención.
Un día de la semana siguiente, Tom recibió una fría nota de Jeremy comunicándole que se había entrevistado con la señora Jenkins y con Paul. Aparte de esa nota, no tuvieron ninguna otra comunicación de la universidad.
David Aras pasó la noche del viernes solo en el despacho de su casa, con una botella de whisky Jameson. No era algo tan excepcional. Como responsable de Estudios de Posgrado, a menudo se llevaba trabajo a casa. Pero esa noche se encontraba metido en una situación tan compleja como delicada.
La demanda por acoso s****l de la señorita Peterson había sido puesta en duda por más de un testigo. Sin embargo, la demanda por fraude académico contra la señorita Mitchell lo había alertado sobre un posible caso de confraternización entre ____ y el profesor Kaulitz. El problema era que las pruebas eran contradictorias.
Según la información que le había proporcionado el profesor Martin, Paul Norris había pintado un retrato inmaculado de la señorita Mitchell. Mientras el whisky le quemaba la garganta, David se preguntaba si el señor Norris vería alas en la espalda de todas las mujeres con las que se relacionaba o si sólo tenía debilidad por las jóvenes de Selinsgrove, Pensilvania.
(Dondequiera que estuviera eso.)
Según el señor Norris y la señora Jenkins, la señorita Mitchell era una joven tímida, a la que el profesor Kaulitz tenía manía. Paul Norris afirmó que el profesor había discutido públicamente con ella en uno de sus seminarios.
Después de la discusión, Kaulitz le había pedido a la profesora Picton que supervisara el proyecto de la señorita Mitchell, dado que la joven era una amiga de la familia y podía haber conflicto.
Eso había sido una sorpresa.
El profesor Kaulitz no se había opuesto a la admisión de la señorita Mitchell al programa y eso que sabía que él era el único especialista en Dante. Si el conflicto de intereses era tan evidente, ¿por qué no se había manifestado antes en contra? ¿O por qué no se lo había comentado al profesor Martin al inicio del semestre?
Los expedientes del profesor Kaulitz y de la señorita Mitchell no tenían sentido. Y a David no le gustaban las cosas que no tenían sentido. (En su universo, las cosas eran siempre lógicas y sensatas.)
Mientras le daba vueltas a las pruebas, insertó un dispositivo USB en el ordenador. Abrió la única carpeta que contenía y empezó a revisar el listado de correos electrónicos del profesor Kaulitz, que el Departamento de Información y Tecnología le había facilitado. Ajustó los parámetros para que se mostraran solamente los mensajes enviados o recibidos a o por la señorita Mitchell, la señorita Peterson, el señor Norris y la profesora Picton.
La búsqueda pronto dio frutos. El primer correo enviado por el profesor Kaulitz a la señorita Mitchell tenía fecha de octubre de 2009.
*Querida señorita Mitchell:
Necesito hablar con usted sobre un tema bastante urgente.
Por favor, contácteme lo antes posible. Puede llamarme al siguiente número de móvil: 416-555-0739.
Saludos,
Prof. Tom J. Kaulitz
Profesor
Departamento de Estudios Italianos / Centro de Estudios Medievales
Universidad de Toronto
El segundo mail era la respuesta de la señorita Mitchell a ese mensaje:
*Dr. Kaulitz:
Deje de acosarme.
Ya no quiero nada con usted. No quiero conocerlo. Si no me deja en paz, me veré obligada a presentar una demanda por acoso. Y eso es lo que haré si se pone en contacto con mi padre. Inmediatamente.
Si cree que voy a permitir que algo tan insignificante me aparte de mis estudios, está muy equivocado. Necesito otro director de proyecto, no un billete de vuelta.
Saludos,
Señorita ___ H. Mitchell
Humilde estudiante de máster,
que pasa de rodillas más tiempo que cualquier puta.
Posdata: Devolveré la beca M. P. Kaulitz la semana que viene. Felicidades, profesor Abelardo. Nadie me ha humillado tanto como usted el domingo pasado.
El doctor Aras enderezó la espalda y releyó los dos correos, examinando cada palabra.
Aunque tenía una vaga idea de quién era Pedro Abelardo, lo buscó en Google para refrescarse la memoria. Eligió una biografía que le pareció fiable y empezó a leer.
«Quod erat demonstrandum», pensó.
CAP 23 (PARTE 1)
En su casa del centro de la ciudad, Jeremy Martin estaba tumbado en su sofá de piel, escuchando a Beethoven con los ojos cerrados, mientras su esposa se preparaba para acostarse. Como catedrático de Estudios Italianos, era responsable de mucha gente, incluido el personal docente y los alumnos. Saber que Tom había salido con una antigua alumna le preocupaba mucho.
Sabía que la demanda de Christa Peterson era maliciosa, pero debía ser tomada en consideración, como todas las demandas. El hecho de que tuviera razón en que Tom y ____ estaban saliendo daba credibilidad al resto de sus acusaciones. Tom era su amigo y colega, pero al mantener su relación en secreto lo había puesto en una situación muy incómoda ante David.
A lo largo de su carrera, tanto en Estados Unidos como en Toronto, había visto a muchas jóvenes y prometedoras alumnas convertirse en juguetes sexuales de sus profesores. Su esposa, sin ir más lejos, había visto arruinados sus estudios de lingüística por un profesor/amante cuando se había hartado de soportar su alcoholismo. Las heridas de Danielle habían tardado años en cicatrizar. Aún en esos momentos se negaba a tener nada que ver con la universidad.
A Jeremy le dolería que la carrera de ___ tuviera el mismo final.
Pero por otro lado no podía permitir que el profesor estrella de su facultad fuera acusado y vilipendiado por una infracción que no había cometido. Si David Aras llevaba adelante la investigación, Jeremy haría todo lo que estuviera en sus manos para asegurarse de que se hiciera justicia. Y si no lo lograba, al menos se aseguraría de proteger su departamento.
Por esa razón se horrorizó tanto al encontrar copias de cartas dirigidas al profesor Kaulitz y a la señorita Mitchell entre su correo, el primer jueves de marzo.
Maldiciendo entre dientes, leyó el contenido de las cartas antes de hacer una discreta llamada a uno de sus contactos en la oficina de David Aras. Media hora más tarde, llamaba al profesor Kaulitz.
—¿Has mirado el buzón de tu casa esta mañana?
Tom frunció el cejo.
—No. ¿Por qué?
—Porque he recibido copia de la carta en la que te anuncian que la señorita Mitchell y tú estáis siendo investigados por mantener una relación inadecuada mientras ella era tu alumna.
—Joder.
—Exacto. ¿Estás sentado?
—No.
—Pues siéntate. Acabo de hablar con un contacto en la oficina de David Aras. _____ ha presentado una demanda contra Christa Peterson y ésta ha respondido amenazando con demandar a la universidad por permitir que ____ haya recibido trato de favor por acostarse contigo. La acusación de Christa forma parte del proceso que se ha abierto sobre tu relación con ____.
—¡Es ridículo!
—¿Lo es?
—Por supuesto que lo es. Es totalmente absurdo.
—Me alegra oírlo, Tom, porque la universidad se toma estos asuntos muy en
serio. La oficina del rector le ha encargado a David y a otras dos personas que formen un comité que investigue las acusaciones. Os citarán a ____ y a ti para que os presentéis ante ellos, juntos.
Tom soltó una maldición.
—¿Quiénes están en el comité?
—Mi contacto no me lo ha dicho. Lo bueno es que se trata sólo de una vista de investigación. Según lo que recomienden los miembros del comité, la oficina del rector decidirá si se presentan cargos o no. En caso afirmativo, ____ y tú deberéis comparecer frente a un tribunal disciplinario. No hace falta que te explique las consecuencias, si las cosas llegan hasta ese punto.
—¿Por qué no me ha llamado David? Todo esto podría resolverse en diez minutos.
—Lo dudo. No paran de llegar quejas y acusaciones y tú estás en el centro de todas.
Tom sintió que el corazón le dejaba de latir.
—¿Crees que seguirán llegando?
—Tengo mis sospechas, pero no hay nada confirmado.
—¡Maldición! —Tom se frotó los ojos bruscamente—. ¿Crees que estamos en apuros?
—Te recomendaría que dejaras de hablar en plural y te centraras en tus problemas. Ese plural es lo que te ha metido en esto.
—Responde a mi pregunta, por favor.
Jeremy echó un vistazo a las cartas que tenía delante.
—David tiene dudas sobre la legitimidad de las calificaciones de ____, por lo que ha dejado su nota temporalmente en el aire. Eso implica que su expediente estará incompleto hasta que se resuelva el asunto.
—No podrá graduarse —susurró Tom.
—Las normas de la universidad obligan a suspender la nota definitiva hasta que las infracciones estén resueltas.
—Así que, dependiendo de lo que se tarde en llegar a una conclusión, no podrá ir a Harvard.
—Si el asunto se resuelve a su favor, se le mantendrá la nota con efectos retroactivos, aunque mucho me temo que para entonces ya habrá perdido la plaza en Harvard. A menos que pueda convencerlos de que esperen a la resolución del caso.
—Su admisión está condicionada a que acabe los cursos aquí de manera satisfactoria. Puede intentarlo, pero no creo que esté en situación de pedir nada. Si Harvard se entera de esto, retirarán su oferta.
—En ese caso, lo mejor será que empiece a rezar para que el asunto se resuelva cuanto antes. Y, francamente, yo que tú haría lo mismo. Si te declaran culpable de fraude académico, lo más probable es que pierdas la plaza.
—Joder. —Tom dio un golpe en la mesa—. ¿Cuándo hemos de presentarnos frente al comité?
—El veinticinco de marzo, jueves.
—Eso nos deja menos de un mes para resolverlo todo antes de que ____ tenga que graduarse.
—Ya sabes que los procedimientos universitarios van a paso de tortuga. —Jeremy carraspeó—. ¿No estás preocupado por ti? ¿Ni un poquito?
—No especialmente —contestó Tom.
—Pues deberías estarlo. Te confieso que tú eres mi principal preocupación, aunque lamentaría ver el futuro académico de ____ amenazado.
—No permitiré que eso pase.
—Y yo no permitiré que sacrifiquen a uno de mis mejores profesores. —Jeremy respiró hondo—. Según la normativa que se os acusa de violar, tu responsabilidad es mayor que la de ella. Se dice que la has evaluado siguiendo criterios que no son los de sus méritos académicos.
—Eso es ridículo y tienes la documentación que lo demuestra.
—No, no la tengo —replicó Jeremy, dando unos golpecitos a los papeles que tenía delante—. Tengo documentación, pero es incompleta. No me notificaste vuestra relación hasta hace muy poco y ahora mi jefe no para de hacerme preguntas. ¿Te haces una idea de la posición en la que me has puesto? Cada vez que el rector me pregunta algo, parece que acabe de caerme del guindo y que no tenga ni idea de lo que pasa en mi propio departamento.
Tom hizo una profunda inspiración antes de preguntar:
—¿Qué tratas de decirme?
—Que la has jodido bien jodida, Tom, no hay otra manera de decirlo. No pienso poner en peligro mi trabajo de tantos años sólo para cubrirte las espaldas.
Él no supo qué decir.
—¿Por qué no me dijiste que estabas saliendo con ella? —continuó Jeremy—. Fui yo quien te contrató, por el amor de Dios.
—No pensé que fuera asunto tuyo ni de nadie con quién me acostaba.
—No puedes estar hablando en serio. —Jeremy maldijo entre dientes—. Conoces las normas que regulan las relaciones con los estudiantes. Mantener tu relación con ____ en secreto te hace parecer culpable.
—Jeremy, ¿puedo contar con tu apoyo o no? —preguntó Tom, apretando los dientes.
—Haré lo que pueda, pero es posible que no pueda hacer mucho. En tu lugar, yo iría a hablar con la Asociación de Profesores y haría que un representante del sindicato me acompañara a la reunión.
—Todo esto no es más que una caza de brujas iniciada por una alumna contrariada. Lo único que quiere Christa Peterson es que me despidan.
—Es muy posible, pero no te pierdas en las anécdotas de este culebrón, porque lo que es innegable es que has violado la normativa universitaria. Y eso hace que la administración esté mucho más receptiva a aceptar que también eres culpable de los demás cargos. Por cierto, he recibido un correo del decano. Me pregunta por la beca M. P. Kaulitz. Por tu bien, espero que no tengas nada que ver con esa beca.
Tom soltó una retahíla de improperios, pero Jeremy lo interrumpió.
—Si no tienes abogado, amigo mío, éste sería un buen momento para contratar uno.
Mascullando entre dientes, Tom colgó el teléfono, se dirigió al comedor y se sirvió una copa.
Aunque Tom notificó su situación a la Asociación de Profesores, rechazó que lo acompañaran a la vista. Pablo opinaba que su propia presencia resultaría más intimidadora que la de un representante sindical, aunque dejó claro que si la reunión acababa en cargos, sería recomendable incluirlos en las negociaciones.
Le aconsejó también usar la táctica del bloqueo y lo animó a instruir a ____ en lo que no debía decir. En caso de que ella no colaborara, Pablo pretendía argumentar que la joven era una estudiante impresionable y psíquicamente inestable que se había obsesionado con Tom siendo aún una adolescente y que no había parado hasta seducirlo.
Confiando en que su cliente le seguiría la corriente, Pablo no se molestó en hablarlo con él.
Los consejos de Soraya tenían mucho en común con los de Pablo. Le dijo a ___ que no dijera nada y, en caso de que la presionaran, que culpara a Tom de todo. Soraya estaba encantada con la idea de echarle la culpa a él. Lo pintaría como un profesor mucho mayor que ella, con un pasado de desenfreno, que había seducido a una alumna inocente con promesas de un futuro en común duradero y feliz. Cuando ____ replicó que quería decir la verdad, ella le dijo que era muy mala idea.
Planeaba sacar a relucir la reputación de hombre promiscuo de Tom, así como sus roces con las fuerzas del orden.
Al igual que Pablo, confiaba en la colaboración de su cliente y, por lo tanto, no se molestó en especificarle a ____ los detalles de su estrategia.