—Son las ventajas de una educación católica —murmuró ella—. Bueno, también es mérito de Lillian Hellman.
—¿A qué te refieres?
—Lillian Hellman escribió una obra llamada The Little Foxes. En ella, una niña le dice a su madre que algunas personas lo devoran todo a su paso, como las langostas, mientras que otras no hacen nada para impedirlo. La niña le promete no quedarse sin hacer nada. En vez de observar la maldad de Christa, nosotros la tenemos que atacar con algo más fuerte, como la caridad.
—La gente no te valora lo suficiente, ____. Y no puedo evitar que me duela cuando veo que alguien no te trata con el respeto que te mereces.
Ella se encogió de hombros.
—Siempre habrá Christas en el mundo. Y algunas veces nosotros mismos nos convertimos en Christas.
Tom le apoyó la barbilla en el hombro.
—He cambiado de opinión sobre ti.
—¿Ah, sí?
—No eres una seguidora de Dante, eres una franciscana.
____ se echó a reír.
—Dudo que los franciscanos dieran su bendición a una mujer soltera practicando sexo en una bañera al aire libre.
—Hum, me gusta como suena eso.
Ella negó con la cabeza y le acarició las cejas con un dedo, una tras otra.
—Me gusta imaginarte como un niño pequeño, dulce y curioso.
Él resopló.
—No sé si era dulce, pero curioso, te aseguro que sí. Las niñas, sobre todo, me despertaban mucha curiosidad.
Se inclinó hacia ella para darle un beso en los labios. Al apartarse, ____ sonrió.
—¿Lo ves? Un chico capaz de besar así, no puede ser mala persona. San Francisco daría su aprobación.
—Siento decirte que tu querido san Francisco no siempre tenía razón. Hay un pasaje en el Infierno en el que discute con un demonio por el alma de Guido da Montefeltro. ¿Lo conoces?
Cuando ella negó con la cabeza, Tom se lo recitó en italiano:
Francesco venne poi com’io fu’ morto, (Francisco vino a buscarme, cuando estaba muerto,) per me; ma un d’i neri cherubini (pero uno de los querubines negros) li disse: “Non portar: non mi far torto. (le dijo: «No te lo lleves; no te equivoques».)
Venir se ne dee giù tra ‘ miei meschini (Él debe quedarse aquí, entre mis servidores) perché diede ‘l consiglio frodolente, (porque dio un consejo fraudulento,) dal quale in qua stato li sono a’ crini; (desde ese momento, no lo he perdido de vista;) ch’assolver non si può chi non si pente, (porque no se puede absolver al que no se arrepiente,) né pentere e volere insieme puossi (y tampoco puede uno arrepentirse y seguir queriendo hacer lo mismo) per la contradizion che nol consente. (porque es una contradicción que no puede consentirse.)
—Así que ya ves, ____. Hasta san Francisco se equivocó alguna vez al juzgar el carácter de las personas. Pensó que el alma de Guido debía estar en el Paraíso.
—Sí, pero era muy propio de san Francisco pensar lo mejor de alguien. No me extraña que creyese que el arrepentimiento de Guido había sido sincero —protestó ella— ni que luchara por su alma, aunque se equivocara.
—Se rindió demasiado pronto.
—¿Tú crees?
Tom la miró fijamente.
—Si yo bajara en busca de tu alma, ni todos los querubines negros juntos
podrían apartarme de ti.
Un escalofrío recorrió la espalda de ____.
—Haría lo que fuera necesario por salvarte —añadió él y, en ese momento, su expresión y el tono de su voz no admitían discusión—. Incluso aunque tuviera que pasar la eternidad en el infierno con tal de lograrlo.
Pasaron su último día de vacaciones bañándose en el mar, tomando el sol y luego relajándose a la sombra, mientras Tom bebía una cerveza y ____, un refresco con sombrillita. Pasado un rato, ella se adormiló en la tumbona, con la pamela tirada sobre la arena.
A Tom le encantaba observarla mientras dormía. Le gustaba ver cómo su pecho subía y bajaba al ritmo de su respiración. Y cómo sus labios se movían con algún suspiro ocasional. Se la veía tan relajada... Estaba seguro de que a Grace le habría encantado saber que eran pareja. Sin duda, a aquellas alturas ya lo estaría presionando para que le regalara un anillo y empezaran a elegir la vajilla.
Durante el fin de semana, había habido varios momentos en los que había estado a punto de ponerse de rodillas para pedirle que se casara con él. Pero no era muy amigo de los clichés y, además, estaba preocupado por el futuro. Lo más probable era que estuvieran a punto de verse metidos en un escándalo que podía poner en peligro su propia carrera y el acceso de ___ a Harvard.
Incluso si la demanda era desestimada, ella tenía que completar los cursos y el proyecto de tesis sin más distracciones. Se merecía disfrutar de la experiencia universitaria en Harvard sin la presión de tener que preparar una boda.
Por otra parte, su propio futuro también estaba por definir. No estaba claro que le concedieran el año sabático. eso, siempre y cuando superara el obstáculo de la demanda de Christa, claro.
A pesar de que las palabras «Cásate conmigo» acudieron a sus labios en varias ocasiones, las reprimió. Ya habría un momento y un lugar más adecuados. El mejor sería sin duda el huerto de manzanos, un sitio sagrado para ambos. Además, Tom suponía que sería un gesto de buena educación informar a John de sus intenciones antes de hablar con ____.
Lo único que tenía claro era que quería que fuera su esposa. Y no importaba lo que trajeran los próximos meses: lo conseguiría.
Esa misma noche, se sentía pletórico gracias a la contemplación de ____ y al efecto que su compañía tenía sobre él. Acababan de regresar del restaurante del complejo y ella se dirigía al cuarto de baño para desmaquillarse, pero Tom la agarró de la muñeca y la llevó hacia la cama.
Empezó a desvestirla y a besarla suavemente, con los ojos brillantes de devoción y deseo. Mientras sus manos se tomaban su tiempo, acariciando sus hombros y sus brazos, empezó a hacerle promesas, mientras ella se arqueaba contra su cuerpo.
Tumbándose en la cama, tiró de ella hasta que quedó sentada a horcajadas sobre él y entonces la miró con una mezcla de deseo y admiración. ____ movió las caderas para provocarlo un poco, cerrando los ojos para que las sensaciones pasaran a primer plano.
Al cabo de unos minutos, Tom la tumbó de espaldas y se arrodilló entre sus piernas. ___ gritó cuando la penetró.
—¿Estás bien?
—Hum —respondió—. Me has sorprendido. —Lo sujetó de las caderas, animándolo a penetrarla más profundamente.
____ sabía que a Tom le gustaba tenerla encima. Disfrutaba mirándola,
acariciándola, provocándola. Nunca se olvidaba de decirle lo sexy que era, porque sabía que, a pesar de que habían pasado unos meses desde su primera vez, seguía sintiéndose insegura cuando estaba desnuda. Por eso la sorprendió que esa vez él cambiara de postura, cubriéndola con su cuerpo y besándole el cuello.
Poco después, él le sujetó la cara con una mano, mirándola con desesperación.
—¿Tom?
Él cerró los ojos y negó con la cabeza antes de volver a abrirlos.
____ ahogó una exclamación ante todo lo que se reflejaba en su mirada: inseguridad, pasión, esperanza, deseo y necesidad. Echó la cabeza hacia atrás y gruñó de placer.
—Te necesito —susurró Tom, intensificando sus movimientos—. No puedo perderte.
La respuesta de ella, cada vez más cercana al éxtasis, se perdió entre sus gemidos.
—¡Ah... ah... maldita sea! —exclamó él, al ver que no podía aguantar más y consciente de que ____ no había llegado todavía al orgasmo.
Siguió moviéndose, con la esperanza de que ella lo siguiera, pero no fue así.
—Maldita sea —repitió—. Lo siento —se excusó luego, ocultando la cara en su hombro.
—No pasa nada. Me ha gustado. —____ enredó los dedos en su pelo y jugueteó con él antes de besarlo en la mejilla—. Y me alegro de que tú hayas llegado.
Tom refunfuñó, malhumorado Y poniéndose de lado, empezó a acariciarla entre las piernas, pero ella juntó las rodillas.
—No hace falta...
Él la miró con determinación.
—Sí.
____ le cubrió la mano con la suya para detenerlo.
—No vas a perderme por no hacerme llegar al orgasmo cada vez.
Tom hizo una mueca.
—Es muy violento para mí.
—La vida es dura —dijo ella bromeando y le besó la nariz—. No espero que seas perfecto, ni en la cama ni fuera.
—Dios te bendiga por eso. —La besó mientras ____ se acurrucaba entre sus brazos—. Pero eso no quiere decir que no pueda intentarlo.
—Bueno, si insistes, hay algo que sí podrías hacer por mí...
Tom se movió con tanta rapidez que ella se sintió dividida entre la sorpresa y las ganas de echarse a reír. Pero en cuanto sus dedos empezaron a acariciarla una vez más, se le pasaron las ganas de reír de golpe.
Esa noche, Tom estaba tumbado en la cama, con ____ apoyada en su pecho, él le rodeaba la cintura con un brazo.
—¿Eres feliz? —le preguntó en la oscuridad, atenuada sólo por la luz de las velas, mientras le acariciaba el pelo.
—Sí, ¿y tú?
—Más de lo que pensaba que pudiera ser posible.
____ le besó el pecho y sonrió.
—Las cosas parecen... distintas desde que volvimos de Italia —continuó él, acariciándole el cuello y los hombros.
—Somos muy afortunados. Nos tenemos el uno al otro. Me espera Harvard y, por otra parte, la doctora Nicole me ha ayudado mucho. Siento que finalmente las piezas
empiezan a encajar.
—Me alegro —susurró Tom—. ¿Y estás satisfecha, en general, de cómo hacemos el amor?
_____ levantó la cabeza y lo miró. Él no podía disimular la preocupación.
—Por supuesto —respondió con una sonrisa irónica—. ¿No se nota?
—Se nota que tu cuerpo está satisfecho. Pero tu cuerpo no es tu mente, ni tu corazón.
Parecía avergonzado y ella se arrepintió de haberlo mirado con ironía.
—Lo de esta noche ha sido un caso excepcional. Una anomalía. Pero aunque no lo fuera, estoy segura de que lo solucionaríamos. ¿Y tú? ¿Estás satisfecho de cómo hacemos el amor? —preguntó ella a su vez, con timidez.
—Mucho. Siento que algo está cambiando. La conexión es más profunda. —Se encogió de hombros—. Me preguntaba si tú también lo habías notado.
—A veces me parece que esto es un sueño. Créeme, soy muy feliz. —Se inclinó para besarlo antes de volver a apoyar la cabeza en su pecho—. ¿Por qué me preguntas esas cosas?
—¿Dónde te ves en el futuro?
—Quiero ser profesora. Y quiero estar contigo —respondió, en voz baja pero decidida.
Tom retorció la sábana entre los dedos.
—¿No preferirías encontrar a un buen hombre que pudiera darte hijos?
—No puedes preguntarme si soy feliz y al momento siguiente intentar apartarme de ti.
Al ver que él no decía nada, lo sujetó por la barbilla y lo obligó a mirarla a los ojos.
—No. No quiero encontrar a un buen hombre que pueda darme hijos. Quiero tener un hijo contigo.
Tom la miró, incrédulo.
—Sinceramente, no sé si alguna vez estaremos lo bastante sanos mentalmente como para abrirle nuestro hogar a un niño —explicó ella—. Pero si lo hacemos, estoy segura de que encontraremos a un niño o a una niña perfecto para nosotros. Grace y Richard te adoptaron. Podríamos hacer lo mismo. —Entonces ____ hizo una mueca y añadió—: A menos que no quieras adoptar. O que no quieras hacerlo conmigo.
—Por supuesto que quiero. —La intensidad de su voz era similar a la de su mirada—. Me gustaría hacerte promesas, pero creo que es mejor que esperemos un poco antes de tener esa conversación. ¿Te preocupa? —Alargó la mano y le rozó uno de los pendientes de brillantes.
____ no necesitó que nadie le tradujera el gesto.
—No.
—No quisiera que pensaras que tengo dudas sobre mis sentimientos —insistió él.
—Soy tuya. Del todo. Y me alegro de que no tengamos que separarnos el curso que viene. La idea de perderte me suponía una tortura.
Tom asintió como si lo entendiera.
—Ven aquí, ____. Deja que te adore.