Capitulo 24

1619 Words
—Señorita Mitchell. —Una mujer alta y morena, vestida con un traje de chaqueta, entró en el despacho, le estrechó la mano y se sentó tras su gran escritorio. La señorita Soraya Harandi era de origen iraní. Tenía una piel clara y luminosa y una larga mata de pelo n***o azulado. Su boca era grande, de labios carnosos, y sus ojos oscuros brillaban animados. No es que fuera especialmente hermosa, pero era muy espectacular y ____ se quedó observándola sin poder evitarlo. Soraya se echó a reír. Ella inmediatamente bajó la vista hacia su cartera y empezó a juguetear con los cierres. —No haga eso delante del comité, por favor. Da igual lo que le digan o lo que hagan, no aparte la vista. La hace parecer débil y culpable. —Soraya sonrió para dulcificar sus palabras—. En el derecho, la psicología es tan importante como la jurisprudencia. ¿Por qué no me cuenta las circunstancias que desembocaron en la demanda? ____ respiró hondo y le contó su historia, empezando por el episodio de cuando tenía diecisiete años y acabando con la carta de la universidad. Sólo omitió algunos detalles. La mujer escuchó con atención, tomando notas en su ordenador portátil y asintiendo de vez en cuando. Cuando ella acabó, guardó silencio unos instantes. —Menuda historia. Dado que no le han dicho de qué se trata la demanda, no podemos dar por hecho que tenga relación con su novio, aunque debemos prepararnos también para esa eventualidad. ¿Su relación con el profesor Kaulitz ha sido totalmente consentida? —Por supuesto. —¿Había mantenido alguna relación con otro profesor anteriormente? —No. —¿Es posible que la sedujera por diversión? —Por supuesto que no. Tom me ama. Soraya pareció aliviada. —Me alegro. Bueno, me alegro por usted personalmente, aunque tal vez no sea algo tan positivo. Dependerá de la demanda. —¿Qué quieres decir? —Si la relación es consentida, la universidad puede tomar medidas contra los dos. Si usted fuera una víctima en todo esto, las medidas disciplinarias sólo lo afectarían a él. —No soy una víctima. Estamos manteniendo una relación y esperamos a que acabara el semestre anterior para iniciarla. —Eso no es exactamente así. —¿Cómo dice? —preguntó _____, incrédula. —Por lo que me ha contado, la relación empezó a finales de octubre. Esperaron a que acabara el semestre para acostarse, pero igualmente han violado la ley de no confraternización. ¿Quién conoce esta relación? —Su familia y mi padre. Nadie más. —¿Qué me dice de la alumna que ha denunciado a su novio por acoso s****l? —No sé lo que sabe —respondió ____, apretando los dientes—. Pero me odia. Soraya se golpeó la barbilla con el bolígrafo. —Si los acusan de violar la normativa de no confraternización, ¿podrían ustedes ofrecer alguna prueba, aparte de su testimonio, de que no mantuvieron relaciones sexuales mientras usted era su alumna? —¿Qué la lleva a pensar que la demanda tendrá que ver con Tom? El código de conducta académica también regula aspectos como el plagio. —Conozco al doctor Aras. No pierde su precioso tiempo con ese tipo de asuntos. ____ se echó hacia atrás en la silla. —Oh, Dios mío. —Esperemos que alguien la haya demandado por alguna infracción académica leve y que el doctor Aras se esté tomando simplemente un interés personal. Pero por si acaso, ¿tiene alguna prueba de que no estaba intercambiando sexo por buenas calificaciones? _____ se ruborizó intensamente. —Bueno, hay una cosa que tal vez... —¿De qué se trata? —Era virgen antes del viaje a Italia. Soraya se la quedó mirando como si fuera una criatura mítica, como, por ejemplo, un hombre heterosexual que supiera distinguir entre unos Manolo Blahnik y unos Christian Louboutin. —¿Tiene alguna prueba escrita de eso? ¿Un informe médico? Ella se removió en la silla. —No. —En ese caso, no tiene sentido sacar el tema. ¿Alguien los vio juntos durante el pasado semestre? —No que yo sepa. Aunque en septiembre fuimos a una discoteca con su hermana. Soraya frunció los labios. —Sacar a relucir que es amiga de su familia no es buena idea. Pone el foco de atención en un posible conflicto de intereses. Además, dejarse ver con él en público no fue una idea muy brillante, señorita Mitchell. Aunque, la verdad es que la culpa es más del profesor Kaulitz que suya. Fue él quien debió prever las consecuencias. »Dado que no estamos seguras de la naturaleza de la demanda, nuestra estrategia será recabar toda la información que podamos durante la reunión, sin manifestarnos. Eso nos permitirá ganar tiempo para preparar un eventual procedimiento disciplinario, cosa que esperamos que no llegue a producirse. »Durante la reunión con el comité, yo hablaré en su nombre. Que no hayan desvelado la naturaleza de la demanda me hace pensar que ésta sea engañosa y que ellos lo sepan. No añadiremos combustible a su pira funeraria. Soraya miró a ____, que parecía muy desanimada. —Tiene que tener confianza. Debe estar convencida de que la demanda no tiene base y no prosperará. No ha hecho nada malo. He tratado casos similares con la universidad y los he ganado. También ganaré éste. La confianza de la abogada resultaba tranquilizadora. —Mientras tanto, me gustaría que preparara una lista de todas las personas que puedan haber presentado la demanda y sus posibles razones, además de un informe detallado de todas sus conversaciones con la señorita Peterson. Uno de mis ayudantes investigará un poco a esa joven. Y hablaré con uno de mis contactos en la universidad a ver qué puedo descubrir. »Hasta que no se haya resuelto todo, el profesor y usted tendrán que guardar las distancias. No se dejen ver juntos en público. No le comente nada de lo que hablemos. Si la demanda es sobre confraternización, él tendrá que seguir los consejos de su abogado, que defenderá sus intereses. No quiero que mi defensa se vea comprometida por alguna indiscreción en el dormitorio. ____ la miró con determinación. —Tom es mucho más que una aventura s****l. Si estoy en peligro, él también lo está. Nuestra relación es totalmente consentida y no tengo ningún interés en que me defiendan a su costa. Cualquier responsabilidad debe ser repartida entre los dos a partes iguales. La abogada la miró con curiosidad. —¿Está segura de que ésa es la postura que quiere mantener? Le dijo a mi secretaria que el abogado de Tom Kaulitz es Pablo Green. ¿Por qué no la representa él también a usted si lo que quieren es presentar un frente unido? Ella abrió la boca, pero no supo qué responder. Soraya sonrió, comprensiva. —No es la primera estudiante que se encuentra en una situación como ésta. Sé que está asustada y confusa. Pero debe pensar que si la situación empeora, es posible que su novio decida romper su relación para proteger su carrera y su puesto de trabajo. Tiene que estar preparada por si la deja sola ante el peligro. —Tom nunca haría algo así. Me ama. Hemos hablado de irnos a vivir juntos. Y... de otras cosas. La abogada la miró con condescendencia. —El amor es fácil de matar. Quedarse sin trabajo es una de las maneras más eficaces. Pero no anticipemos acontecimientos. »Tom Kaulitz me ha enviado un anticipo, pero se lo devolveré. Creo que lo mejor será que la defienda por bono. ____ asintió, incómoda. Se había olvidado de los honorarios. —Le pagaré, pero puede que tarde un poco. —Si acepto su caso por bono, no hará falta que me pague. Lo consideraré una buena obra y si me paga, eso dejaría de tener sentido. Guárdese el dinero. Lo necesitará para comprar libros o para mudarse a Massachusetts. —Hizo una mueca—. No me gustan las demandas universitarias por temas sexuales. Me parecen inquisitoriales. Cualquier cosa que pueda hacer para humillar o poner en evidencia a David Aras, será un auténtico placer. Créame, representarla será una de las pocas alegrías de estos últimos meses. Soy yo la que debería pagarle. Esa misma noche, ____ estaba hecha un ovillo en la cama de Tom, intentando dormir. Él estaba en su despacho, revisando desesperadamente las normas universitarias relativas a los estudiantes y tratando de averiguar qué podía haber llamado tanto la atención del comité. Pensar que su carrera podía llegar a su fin a causa de su relación con ____ y que ella misma podía perder la oportunidad de ir a Harvard era más de lo que se veía capaz de soportar y no pudo contener las lágrimas. Lo peor de todo era la incertidumbre de no saber a qué se enfrentaban. Se secó las lágrimas. Tenía que ser fuerte. Tom entró en ese momento en la habitación para ver cómo estaba y, al verle la cara, se acostó a su lado. —No llores, cariño. Por favor, no llores. No habría tardado tanto en venir si hubiera sabido que estabas tan disgustada. Tenemos a los mejores abogados y vamos a luchar. Es posible que todo sea un malentendido y que el viernes que viene todo se haya solucionado. —¿Y si no es un malentendido? Tom apretó los dientes. —Entonces, nos enfrentaremos a lo que venga juntos. —¿Y tu demanda? —Tú no te preocupes por eso. Céntrate en los cursos y en el proyecto y deja que yo me ocupe de lo demás. No permitiré que nadie te haga daño, te lo juro.
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