Capitulo 35

919 Words
Tom caminaba entre los árboles del bosque oscuro y brumoso que se extendía detrás de la que había sido la casa de los Clark. Llevaba una linterna, pero no la necesitaba. Conocía tan bien aquel bosque, que aunque hubiera estado borracho o colocado, no se habría perdido. Se le daba bien caminar en la oscuridad. Se detuvo un momento, dejando que la lluvia helada lo empapara. Si entornaba los ojos, casi podía ver la silueta de una adolescente reposando recostada en el pecho de un hombre, ambos cubiertos por una vieja manta de lana. Tenía el pelo suelto, que le llegaba hasta los hombros, y lo abrazaba a él por la cintura. Aunque no se distinguía la cara del hombre, no era difícil darse cuenta de que estaba enamorado del ángel de ojos castaños que descansaba entre sus brazos. Inmóvil en la oscuridad, Tom oía el eco de lo que eran mitad recuerdos, mitad ensoñaciones. «—¿Tienes que irte? »—Sí, pero no esta noche. »—¿Volverás? »—Mañana seré expulsado del Paraíso, Beatriz. Nuestra única esperanza es que tú me encuentres luego. Búscame en el Infierno.» Tom no había previsto volver al huerto de manzanos sin ella. Tampoco había planeado dejarla. Sabía que le había roto el corazón. Pero aunque estaba atormentado por la culpabilidad y el arrepentimiento, sabía que en las mismas circunstancias, volvería a hacer lo mismo. _____ había renunciado a demasiadas cosas para estar con él. No pensaba consentir que renunciara también a su futuro. Más tarde, Tom se estaba secando el pelo con una toalla en su antiguo dormitorio, mientras manejaba los mandos del equipo de música. Quería escuchar música para sufrir, por lo que se había puesto Blood of Eden, de Peter Gabriel. A mitad del estribillo, sonó el teléfono. Se había olvidado de pedirle a Richard que lo diera de baja cuando éste se mudó a Filadelfia, después de que él le comprara la casa. Sin responder, se puso a recorrer la habitación de un lado a otro. Cuando el teléfono dejó de sonar, se tumbó en la cama, mirando al techo. Sabía que era su imaginación gastándole malas pasadas, pero habría jurado que podía oler el aroma de _____ en la almohada y que oía su respiración acompasada. Jugueteando con el anillo de platino que llevaba en el dedo, recordó los versos de La Vita Nuova, en los que Dante describe el rechazo de Beatriz. Por culpa de estos rumores falsos y maliciosos que me acusaban de todo tipo de vicios, Ella, la reina de la bondad, la que alejaba el mal con su sola presencia, al ver que me acercaba me negó su dulce saludo, que era mi única bendición. Tom sabía que no tenía derecho a comparar su situación con la de Dante, ya que su desdicha era el resultado de sus propias decisiones. Sin embargo, mientras la oscuridadse cerraba sobre él, lo asaltó el miedo a haber perdido su bendición. Para siempre. CAP 31 —¡Será hijo de puta! —gritó John Mitchell al auricular. ____ tuvo que colocarse el iPhone a distancia para no quedarse sorda—. ¿Desde cuándo? —Bueno, desde marzo. —Sorbió por la nariz—. Me lo confirmó por correo electrónico. —¡Menudo cabrón! ¿Qué motivos te dio? —No me dio ningún motivo. —____ no se sentía con fuerzas para contarle a su padre la cadena de acontecimientos que habían llevado a su ruptura con Tom. Además, sabía que cualquier sospecha de fraude académico haría que el hombre se enfureciera. —Le pegaré un tiro. —Papá, por favor. La conversación ya era bastante dura, sin tener que preocuparse además por si su padre cumplía sus amenazas y perseguía a Tom por los bosques de Selinsgrove para dispararle en el culo. John respiró hondo. —¿Dónde está ahora? —No lo sé. —Odio decirte esto, ____, porque sé que lo querías, pero Tom es un cocainómano. Y ese tipo de adicciones son difíciles de superar. Puede que haya vuelto a consumir. O que se haya metido en líos con su camello. Las drogas son un asunto muy sucio. Me alegro de que se haya ido. Cuanto más lejos estés de él, mejor. Al oír a su padre, ____ no se echó a llorar, pero el corazón se le encogió. —Por favor, papá, no digas eso. Prefiero pensar que está en Italia, trabajando en su nuevo libro. —En una granja de desintoxicación, más bien. —Por favor. —Lo siento. De verdad. Sólo quiero que mi niña encuentre a un buen hombre y que sea feliz. —Yo quiero lo mismo para ti. —Vaya par estamos hechos. —John carraspeó y decidió que era un buen momento para cambiar de tema—. ¿Qué tal la universidad? He conseguido algo de dinero por la venta de la casa y me gustaría ir a verte. También me gustaría que habláramos del verano que viene. Tienes que venir a conocer tu nueva habitación. Puedes pintarla del color que quieras. ¡Píntala de rosa si eso te gusta! ____ sonrió. —Ya hace años que no me apetece dormir en una habitación rosa, pero gracias, papá. Aunque Selinsgrove era el lugar del mundo al que menos le apetecía ir en ese momento, al menos tenía un padre y una casa nueva que la esperaban. Una casa sin recuerdos de su madre ni de Simon. Ni de Tom.
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