Sin parar de besarla en ningún momento, Tom la cogió en brazos y la llevó al dormitorio, en el piso de arriba. Una vez allí, la dejó en el suelo y le hizo dar varias vueltas, admirando el vuelo de la falda del vestido lila, que giraba a su alrededor.
—Creo que te debo algo.
—¿Ah, sí? —preguntó ______ entre risas—. ¿De qué se trata?
Él la abrazó desde atrás.
—Sexo de reconciliación —le musitó al oído.
El sugerente susurro la hizo estremecer.
Tom le acarició los brazos.
—¿Tienes frío?
—No, no es frío. Es excitación.
—Excelente. —Le echó el pelo a un lado y empezó a cubrirle el cuello de besos—. Para tu información, tengo que hacerme perdonar un montón de cosas. Me temo que me va a llevar toda la noche.
—¿Toda la noche? —repitió ella, con voz ronca.
—Eso me temo. Y a lo mejor me ocupa también parte de la mañana.
_______ empezó a derretirse entre sus brazos. Tom siguió besándole el cuello y descendiendo hasta el hombro antes de apartarse.
—Mientras te preparas para acostarte, quiero que pienses en todas las maneras en las que voy a darte placer esta noche. —Le guiñó un ojo, acariciándole el cuello de arriba abajo con un dedo antes de soltarla.
______ sacó sus cosas de la maleta y desapareció en el cuarto de baño. Cuando había ido a comprar lo que se iba a poner en su noche de bodas, se había sentido insegura. ¿Qué podía comprar que él no hubiera visto ya?
En una diminuta tienda de la calle Newbury, encontró exactamente lo que buscaba. Un camisón largo de seda, muy escotado y de color rojo intenso, como el Merlot. Lo que la acabó de decidir fue la espalda, adornada con cintas que se entrecruzaban, dejándosela al descubierto hasta niveles casi indecentes. Lo eligió sabiendo que a Tom le encantaría deshacer las cintas. Le gustaba desarmarla, en todos los sentidos.
Se dejó el pelo recogido y se puso una pizca de brillo en los labios antes de calzarse los zapatos de tacón negros que había comprado para la luna de miel.
Al abrir la puerta del baño, se encontró a Tom esperándola.
El dormitorio estaba iluminado por la suave luz de las velas, olía a sándalo y no faltaba la música. La canción que sonaba no formaba parte de la lista de reproducción que habían escuchado durante su anterior visita, pero también le gustaba.
Él se acercó. Seguía llevando los pantalones y la camisa blanca, pero se la había desabrochado casi hasta la cintura y se había quitado los zapatos y los calcetines. Le ofreció la mano y ella la aceptó, uniéndose a él en un abrazo.
—Eres exquisita —susurró, acariciándole la espalda con las manos temblorosas de deseo—. Casi me había olvidado de lo preciosa que eres a la luz de las velas. Casi, pero no del todo.
Ella sonrió, con la cara pegada a su pecho.
—¿Puedo? —preguntó Tom, señalando su pelo recogido y ella asintió.
Un hombre corriente le habría quitado todas las horquillas a la vez,
apresuradamente, siempre y cuando hubiera sido capaz de encontrarlas, pero él no era un hombre corriente.
Muy lentamente, le pasó sus largos dedos por el pelo hasta que encontró una horquilla. Se la quitó con delicadeza, liberando un mechón. Y luego repitió el proceso hasta que toda su cabellera cayó como olas del mar sobre sus hombros pálidos. A esas alturas, el cuerpo de ______ vibraba de deseo.
Sujetándole la cara entre las manos, Tom la miró fijamente a los ojos.
—Dime lo que deseas. La noche es tuya. Puedes ordenarme lo que quieras.
—No quiero ordenarte nada —respondió ella, besándolo en los labios—. Sólo quiero que me demuestres que me amas.
—______, te quiero con los cuatro tipos de amor. Pero esta noche es una celebración del eros.
Le cubrió los hombros de ardientes besos antes de ponerse a su espalda y acariciarle la piel entre las cintas.
—Gracias por tu regalo.
—¿Mi regalo?
—Tu cuerpo, seductoramente envuelto, sólo para mis ojos. —La miró de arriba abajo hasta llegar a sus pies—. Y gracias por los zapatos. Después de un día tan largo, deben de dolerte los pies.
—No me había dado cuenta.
—¿Cómo es posible?
—Porque en lo único que puedo pensar es en hacerte el amor.
—Llevo días sin pensar en nada más. Meses. —Inspirando hondo, le acarició los brazos arriba y abajo—. Soy el único hombre que te ha visto desnuda en toda tu gloria y que conoce los sonidos que haces cuando el placer se apodera de ti. Tu cuerpo me reconoce, _______. Conoce mi tacto.
Deshizo el primer lazo, empezando por la parte de abajo. Las cintas de raso se deslizaban por sus dedos temblorosos.
—¿Estás nerviosa? —La sujetó por la barbilla y le hizo volver la cara de perfil.
—Ha pasado mucho tiempo.
—Nos lo tomaremos con calma. Las actividades más... vigorosas ya vendrán luego, cuando nuestros cuerpos hayan tenido tiempo para reconocerse.
Tom señaló una pared desnuda con la nariz y _____ sintió que le aumentaba la temperatura.
Lentamente, él acabó de desatar todas las cintas, dejándole la espalda al descubierto. Apoyándole las manos en los hombros, se la acarició de arriba abajo varias veces con las manos abiertas.
—Ardo de deseo por ti. Llevo meses esperando para llevarte a la cama.
Agarrándola por los hombros, la volvió y, sin previo aviso, le quitó el camisón, dejando caer los tirantes a lado y lado. Con la vista, Tom siguió la caída de la prenda, hasta que quedó convertida en un charco de seda color vino a sus pies.
______ estaba desnuda ante él, con los brazos a los costados.
—Magnífica —murmuró, devorando con los ojos cada centímetro de su piel.
Demasiada lentitud para ella, que harta de ser el centro de atención, acabó de desabrocharle los botones de la camisa y se la quitó. Tras besarle el tatuaje, le mordisqueó los pectorales antes de despojarlo de los pantalones.
Pronto Tom estuvo tan desnudo como ella, sin ninguna prenda de ropa tras la que ocultar su erección. Se inclinó hacia _______ para besarla, pero ella lo detuvo.
Con manos ávidas, le acarició el pelo antes de descender por la cara y explorarle el cuerpo con dedos y los labios. Nada se libró de su exploración: la cara, la boca, la
mandíbula, los hombros, el pecho, los abdominales, los brazos, las piernas y...
Tom le sujetó la muñeca un instante antes de que ______ pudiera rodearle el m*****o con la mano. Tiró de ella, pegándola a su cuerpo y empezó a susurrar palabras dulces contra sus labios. Eran palabras de devoción en italiano, que _______ pronto reconoció, ya que habían salido de la pluma de Dante.
Cogiéndola en brazos, la depositó sentada sobre la cama, grande, con dosel. Una vez _____ estuvo en el borde de la misma, Tom se arrodilló ante ella.
—¿Por dónde empiezo? —preguntó, con los ojos turbios de pasión, mientras le acariciaba el vientre y los muslos—. Dímelo.
_______ inspiró hondo y negó con la cabeza.
—¿Empiezo por aquí?
Tom se inclinó y le rozó los labios suavemente con la lengua.
—¿O por aquí?
Le acarició los pechos antes de llevárselos a la boca, lamiéndolos y torturándolos con sus caricias.
Cerrando los ojos, ______ contuvo la respiración.
—¿Preferirías que empezara por aquí? —Le resiguió el ombligo con un dedo antes de cubrirle el vientre de besos.
Ella gimió y lo agarró con fuerza del pelo.
—Sólo te quiero a ti.
—Entonces, tómame.
______ lo besó y Tom respondió disfrutando de su boca lánguidamente. Cuando notó que el pulso de ella se aceleraba, le cogió un pie y le quitó el zapato.
—¿No quieres que me los deje puestos? Los compré especialmente para esta noche.
—Dejémoslos para luego, para cuando estrenemos la pared —respondió él, con voz ronca.
Tras quitarle los zapatos, dedicó unos instantes a masajearle cada pie, dedicando especial atención a los arcos. Luego la empujó hacia el centro de la cama y se tumbó a su lado.
—¿Confías en mí?
—Sí.
La besó dulcemente en los labios.
—Llevo mucho tiempo esperando oírte decir eso, sabiendo que es cierto.
—Claro que es cierto. El pasado, pasado está.
—En ese caso, recuperemos el tiempo perdido.
Con infinita ternura, Tom usó las manos para acariciarla y excitarla con caricias expertas y apasionadas. Su boca se unió al sensual asalto, mordisqueando y succionando al ritmo de sus suspiros. Se sentía el corazón henchido de satisfacción al oír sus exclamaciones de placer y ver cómo se sacudía de un lado a otro por efecto de sus caricias.
Cuando ella le acarició la espalda y le apretó las nalgas con las manos, Tom la cubrió con su cuerpo.
Mirándola a los ojos, le susurró versos del Cantar de los Cantares:
—¡Amada mía, qué hermosa eres! Palomas son tus ojos... tus labios, un hilo escarlata, tu boca es tan bella...
______ lo interrumpió con un beso.
—No me hagas esperar.
—¿Me estás invitando a entrar en tu cuerpo?
Sintiendo que la recorría una oleada de calor, ella asintió.
—Mi esposo.
—Mi ángel de ojos castaños.
La lengua de Tom se entrelazó con la de ella mientras sus cuerpos se convertían en uno, fundiéndose, ahogando sus suspiros y gemidos en la boca del otro.
Tom fue despacio al principio, como olas rompiendo contra la orilla en un día tranquilo. No tenía prisa. Quería que aquella experiencia durara para siempre, ya que, mientras miraba los ojos llenos de amor de su esposa, se dio cuenta de que sus anteriores experiencias, por muy excitantes que hubieran sido, palidecían comparadas con la sublime conexión que estaban viviendo.
______ era carne de su carne. Era su esposa y su alma gemela y lo único que Tom deseaba en la vida era hacerla feliz. La adoración que sentía por ella lo consumía.
Con un dedo, ______ le acarició las cejas, que se le habían fruncido de concentración.
—Me encanta esa expresión —comentó ella.
—¿Qué expresión?
—Los ojos cerrados, el cejo fruncido, los labios apretados... Sólo la tienes cuando estás a punto de... llegar.
Él abrió los ojos y ella vio que le brillaban, traviesos.
—¿Ah, sí, señora Kaulitz?
—La echaba de menos. Es una expresión muy sexy.
—Me halagas. —Tom sonaba tímido.
—Me gustaría tener un cuadro o una fotografía de tu cara en esos momentos.
Él frunció el cejo, juguetón.
—Una fotografía como ésa sería un escándalo.
______ se echó a reír.
—Dice el hombre que tenía su dormitorio decorado con fotografías de sí mismo, desnudo.
—Los únicos desnudos que me interesan a partir de ahora son los de mi exquisita esposa.
Incrementó el ritmo de las embestidas, tomándola por sorpresa.
______ gimió de placer y él enterró la cara en su cuello.
—Eres tan tentadora... Tu pelo, tu piel... son irresistibles.
—Tu amor me hace hermosa.
—Pues déjame que te ame siempre.
Ella arqueó la espalda.
—Sí, ámame siempre. Por favor.
Tom aceleró el ritmo, besándole el cuello y succionándoselo con delicadeza.
_______ respondió agarrándolo con fuerza por las caderas, apretándolo contra su cuerpo.
—Abre los ojos —jadeó él, moviéndose aún más de prisa.
Al hacerlo, _____ vio que los de su esposo la miraban con pasión, pero también con amor sincero.
—Te quiero —dijo ella, antes de cerrar los ojos de nuevo, cuando las sensaciones fueron demasiado intensas.
Tom volvió a fruncir las cejas, pero esta vez logró mantener los ojos abiertos.
—Te quiero —susurró, repitiendo las palabras con cada movimiento, con cada roce de la piel sobre la piel, hasta que ambos estuvieron quietos y saciados.
Justo antes del amanecer, ______ se despertó sobresaltada.
Su guapo esposo estaba a su lado, con expresión relajada mientras dormía. Parecía más joven. Le recordó al Tom que había conocido en el porche de Grace. Le resiguió con el dedo las cejas y la barba de un día, sintiendo un gran amor y una gran satisfacción en su interior.
Se levantó, ya que no quería molestarlo. Encontró la camisa de él en el suelo y se la puso antes de salir a la terraza.
Se adivinaba un atisbo de luz en el horizonte, sobre las colinas ondulantes del paisaje de Umbría. El aire era frío, demasiado frío para estar en la terraza, a no ser que se estuviera dentro del jacuzzi, pero la vista era espectacular y ______ no podía apartarse. Necesitaba beber de su belleza. Igual que necesitaba un momento de intimidad. A solas.
Mientras crecía, _____ se había sentido siempre indigna. Consideraba que no merecía ver sus deseos satisfechos ni tampoco ser amada. Pero ya no se sentía así. Una oración de gratitud brotó de su alma, elevándose hacia el cielo.
Tom alargó la mano hacia _____, pero encontró la cama vacía. Exhausto por la agotadora actividad de las últimas horas, tardó unos instantes en despertarse del todo. Habían hecho el amor varias veces y se habían turnado adorándose mutuamente con la boca y las manos.
Sonrió. Todos los miedos y ansiedades de ______ parecían haberse desvanecido. ¿Sería porque ahora estaban casados? ¿O porque habían pasado juntos el tiempo suficiente y se había convencido de que no volvería a hacerle daño?
No lo sabía. Pero estaba satisfecho porque ella estaba satisfecha. Se había entregado a él con una seguridad y una confianza que antes habrían sido impensables y él valoraba su entrega como lo que era: un regalo nacido del amor y la confianza absoluta.
Sin embargo, despertarse y encontrar la cama vacía lo ponía nervioso. Así que, en vez de quedarse allí tumbado, dándole vueltas al asunto, se levantó en busca de su amada. No le costó mucho encontrarla.
—¿Estás bien? —le preguntó, saliendo a la terraza.
—Maravillosamente. Soy feliz.
—Pillarás una pulmonía —la reprendió Tom, quitándose el albornoz y cubriéndola con él.
Cuando se volvió para darle las gracias, vio que estaba desnudo.
—Tú también.
Él se echó a reír y, abriendo el albornoz, la abrazó para que los abrigara a los dos. _____ suspiró. Sentir sus cuerpos pegados y desnudos era algo muy agradable.
—¿Fue todo de tu agrado anoche? —preguntó Tom, frotándole la espalda por encima de la tela.
—¿No lo notaste?
—No hablamos demasiado, como recordarás. Tal vez querrías haber podido irte a dormir antes. Ya sé que teníamos que ponernos al día, pero...
—Me falta un poco de práctica, y estoy agotada, pero me encanta —lo interrumpió ella, ruborizándose—. Anoche fue aún mejor que nuestra primera noche juntos. Y, ciertamente, tal como dijiste, todo fue más vigoroso.
Él se echó a reír.
—Estoy de acuerdo.
—Hemos vivido muchas cosas. Siento que nuestra conexión es más profunda —dijo ella, acariciándole el hombro con la nariz—. Y ya no tengo miedo de que desaparezcas.
—Soy tuyo —susurró Tom—. Y yo también siento la conexión. La necesitaba. Y te la mereces. Cuando te toco, cuando te miro a los ojos, veo nuestro pasado y nuestro futuro. —Hizo una pausa y le alzó la barbilla para verla mejor—. Es impresionante.
______ le dio un beso en los labios antes de acurrucarse contra su pecho.
—Pasé demasiado tiempo en las sombras. —La voz de él temblaba de emoción—. Tengo tantas ganas de vivir en la luz. A tu lado.
Ella le sujetó la cara entre ambas manos, obligándolo a mirarla.
—Ya estamos en la luz. Y te quiero.
—Y yo te quiero a ti, _______. Soy tuyo en esta vida y en la siguiente.
Besándola en los labios una vez más, Tom la llevó de vuelta al dormitorio.