CAP 55.-
Ese sábado, ______ y Tom tenían previsto pasarlo en la biblioteca, buscando información para los trabajos de ella. Para demostrarle lo agradecida que estaba, le preparó tortitas mientras él leía el Boston Globe sentado a la mesa de la cocina, vestido sólo con los pantalones del pijama. Vertió la masa en la plancha caliente antes de decirle:
—Hay algo que me ronda por la cabeza.
—¿De qué se trata?
—No puedo evitar preguntarme qué decía la nota que me dejaste en el apartamento de Toronto.
Tom bajó el periódico.
—¿Qué nota?
—La que no sobrevivió a mi berrinche.
—Ah, esa nota.
_______ puso los ojos en blanco. Él dobló el periódico y lo dejó a un lado.
—¿De verdad quieres saberlo?
—Por supuesto.
—Pero la rompiste.
Ella hizo una mueca.
—Pensaba que me habías perdonado.
—Te perdoné. —Tom sonrió—. Era una simple nota. Me disculpaba por haber sido un asno.
—Fue un detalle por tu parte. ¿Qué decía exactamente?
—Te llamaba mi Beatriz y te decía que te había esperado toda la vida, aunque estaba convencido de que eras una alucinación. Te decía también que ahora que te había encontrado, lucharía hasta que fueras mía.
______ sonrió mientras le daba la vuelta a las tortitas.
—Y tal vez añadí un poema.
Ella se volvió a mirarlo.
—¿Tal vez?
—El soneto número veintinueve de Shakespeare. ¿Lo conoces?
A veces en desgracia ante el oro y los hombres,
lloro mi soledad y mi triste abandono
y turbo el sordo cielo con mi estéril lamento,
y viéndome a mí mismo, maldigo mi destino.
Envidio al semejante más rico de esperanzas
y sus bellas facciones y sus buenos amigos.
envidio a éste el talento y al otro su poder
y con lo que más gozo no me siento contento.
Ante estos pensamientos yo mismo me desprecio.
Felizmente, te evoco y entonces mi natura,
como la alondra al alba, cantando toma altura
para entonar sus himnos a las puertas del Cielo.
Me da sólo evocarte, dulce amor, tal riqueza,
que entonces ya no cambio mi estado por un Reino.
_____ se llevó la mano al corazón.
—Es precioso, Tom. Gracias.
—Lo que es precioso es no tener que contentarme con recuerdos. Te tengo a mi lado.
______ apagó el fuego y retiró la parrilla bruscamente.
—¿Qué haces? —preguntó él, sorprendido.
______ lanzó la espátula sobre la encimera.
—Vamos a inaugurar el sexo de revelación de contenido de nota rota. Llevo toda la vida queriendo probarlo. —Agarrándolo de la mano, hizo que se levantara de la mesa y tiró de él en dirección al salón—. Vamos.
Él plantó los pies firmemente en el suelo.
—¿Qué clase de sexo es ése?
—Ya lo verás. —Con una descarada mirada, echó a correr hacia la escalera, con Tom pisándole los talones.
Tras un largo día de investigación en la biblioteca, Tom y ______ regresaron a casa. Hacía rato que había anochecido. Mientras ella encargaba una pizza por teléfono, él revisó el correo. Le llamó la atención un sobre color azul con su nombre escrito en una letra angulosa que no le resultaba familiar. El remitente era de Nueva York.
Intrigado, lo abrió y leyó la carta:
Querido Tom: (si puedo llamarte así)
Recientemente se ha puesto en contacto conmigo Michael Wasserstein, el abogado de la familia, diciéndome que has estado haciendo preguntas sobre nuestro padre, Jorg Davies. Me dijo que querías saber más cosas sobre la historia de la familia. Me llamo Kelly Davies Schultz y soy tu hermanastra. Tenemos una hermana menor, Audrey. Siempre quise tener un hermano. Te lo digo porque lamenté mucho la actitud de mi madre y de mi hermana respecto al testamento. Yo no tuve nada que ver en su decisión de impugnarlo. Quise
escribirte entonces para contártelo, pero mi madre estaba pasando un mal momento y pensé que no lo entendería. Me equivoqué al no hacerlo.
Mi madre murió la pasada primavera y desde entonces he pensado a menudo en ti. Quería ponerme en contacto contigo, pero tenía dudas. Ha sido providencial que dieras señales de vida cuando lo has hecho. Michael me ha dicho que vives en Massachusetts, que eres profesor universitario y que te has casado hace poco. Me preguntaba si a tu esposa y a ti os apetecería venir a Nueva York para
conocernos a mi marido Jonathan y a mí. Nos encantaría invitaros a cenar. Eso nos daría la oportunidad de conocernos mejor. Dudo que Audrey se ponga en contacto contigo por razones que prefiero contarte en persona. Pero estoy deseando conocerte y contarte todo lo que sé de la historia de la familia.
En el sobre encontrarás mi tarjeta de visita. Te he anotado el teléfono y el correo electrónico. Aunque en la tarjeta veas que soy psiquiatra, no te alarmes. No suelo practicar con la familia. Además, soy especialista en psiquiatría infantil. Así que, aunque aún eres muy joven, eres demasiado mayor para ser mi paciente. Espero tus noticias y espero que podamos conocernos pronto. No dudes en llamarme o escribirme.
Tu hermana,
Kelly
Tom se sentó en una silla y se quedó inmóvil, mirando fijamente la carta.
CAP 56.-
Después de cenar, ______ releyó la carta de Kelly Davies Schultz.
—¿Qué piensas? —preguntó, doblándola cuidadosamente y volviendo a meterla en el sobre.
—No lo sé. No me fío.
—Parece agradable. Y divertida. ¿Por qué no te fías?
—Trataron de desheredarme. Podrían estar tramando algo.
—Tramando ¿qué? El dinero se repartió hace años.
Tom se cruzó de brazos.
—Tal vez quieran información.
—Cariño, eres tú el que quieres información. Llevas meses buscando la oportunidad de saber más sobre tu familia, especialmente sobre los antecedentes médicos de tus padres. Y ahora se te presenta esta oportunidad. Pensaba que te alegrarías. —Se sentó a su lado—. ¿Cuándo podríamos ir?
Él se tensó un poco.
—Cuanto antes me lo quite de encima, mejor.
—Iremos a Selinsgrove por Navidad. Antes si Diane se pone de parto.
Tom se volvió hacia ella.
—Estás muy ocupada ahora mismo. Te prometí que te ayudaría a ponerte al día y pienso cumplir mi promesa.
_______ le dedicó una sonrisa ladeada.
—Me temo que ahora viene un pero.
—¿Te molestaría que me ocupara de esto antes de Navidad? Creo que podría ir cuando acaben las clases, la segunda semana de diciembre. Podría pedirle a un estudiante de doctorado que se ocupara de los exámenes.
Ella resiguió la superficie de la mesa con la uña.
—Esa semana tengo que entregar la conferencia para que la publiquen y acabar los trabajos del trimestre. Me iría muy mal acompañarte.
—Creo que esto es algo que debería hacer solo.
_______ se estaba examinando las uñas como si fueran fascinantes.
—No sabes lo que vas a encontrarte. ¿Y si me necesitas?
Tom le sonrió dulcemente.
—Siempre te necesito, _______, pero creo que la primera vez que me reúna con Kelly
deberíamos estar a solas. Si me entero de algo desagradable, ya lo asumiré.
—Si es lo que quieres... ¿Seguro que no preferirías ir pasadas las Navidades?
—No. No creo que sea buena idea retrasarlo. Podría cambiar de opinión. Y cuanto antes conozca mis antecedentes familiares, mejor. —Le dirigió una intensa mirada—. No te pediría que hicieras nada que perjudicara tus estudios.
—De acuerdo —dijo ella sin entusiasmo.
—Podemos pedirle a Rebecca que se quede a dormir aquí mientras estoy fuera, para que no te quedes sola. No me ausentaré mucho tiempo. Dos o tres días como máximo. Concertaré una entrevista con el abogado que se ocupó de la herencia de mi padre y aprovecharé para quedar con Kelly ese mismo día o al siguiente.
Tom le cogió la mano y le resiguió la línea de la vida con el pulgar.
—No me sale llamarla mi hermana.
—Sigo pensando que debería ir contigo.
—Acabas de admitir que no tienes tiempo. Tienes mucho trabajo. Y sé que cuando estoy cerca te distraigo —bromeó él, con una sonrisa provocativa.
—Eso es verdad. Me distraes mucho.
—Bien. —Cogiéndola en brazos, se dirigió hacia la escalera—. Prepárate. Voy a distraerte a fondo.
Ella le apoyó las manos en los bíceps.
—Suéltame.
—Te soltaré cuando lleguemos a la cama.
—Tengo algo que decirte y me temo que no te va a gustar.
Tom se tensó.
—Entonces dilo rápido y acabemos de una vez.
________ se removió hasta que él la dejó sobre un escalón.
—Ese viaje a Nueva York te va a reabrir muchas heridas. Te traerá recuerdos. Por supuesto, te ayudaré en todo lo que pueda, pero creo que hay un tema del que deberíamos hablar: el perdón.
—¿Pretendes que perdone a mis padres? ¿Estás de broma?
—El perdón te libera. No lo digo por ellos. Me refiero a ti.
Él se apartó un poco.
—No puedo perdonarlos. No se lo merecen.
—¿Y quién se lo merece, Tom? ¿Tú? ¿Yo?
—Tú, desde luego.
—Aparte de Dios, la única persona que puede perdonarme es aquel a quien le he hecho daño.Tenemos el poder de perdonar. Podemos usar ese poder para bien, o para aferrarnos a viejas injusticias que nunca curarán. —Le cogió la mano—. No digo que se lo merezcan. Y no te pido que olvides ni que finjas que no ocurrió nada. Sólo te pido que lo pienses.
—Ya lo he pensado. La respuesta es no.
—¿Cómo puedes pedirle a Paulina que te perdone si tú no estás dispuesto a perdonar a tus padres?
Tom soltó el aire bruscamente, como si le hubiera dado una bofetada.
—No.
—Sólo piénsalo, mi amor. Piensa en lo que significó para ti reconciliarte con Maia. Imagínate lo que supondría para tu padre saber que lo has perdonado.
Sin responder, Tom tiró de ella para llevarla a la habitación.