Capitulo 100

2511 Words
CAP 56.- Después de cenar, ______ releyó la carta de Kelly Davies Schultz. —¿Qué piensas? —preguntó, doblándola cuidadosamente y volviendo a meterla en el sobre. —No lo sé. No me fío. —Parece agradable. Y divertida. ¿Por qué no te fías? —Trataron de desheredarme. Podrían estar tramando algo. —Tramando ¿qué? El dinero se repartió hace años. Tom se cruzó de brazos. —Tal vez quieran información. —Cariño, eres tú el que quieres información. Llevas meses buscando la oportunidad de saber más sobre tu familia, especialmente sobre los antecedentes médicos de tus padres. Y ahora se te presenta esta oportunidad. Pensaba que te alegrarías. —Se sentó a su lado—. ¿Cuándo podríamos ir? Él se tensó un poco. —Cuanto antes me lo quite de encima, mejor. —Iremos a Selinsgrove por Navidad. Antes si Diane se pone de parto. Tom se volvió hacia ella. —Estás muy ocupada ahora mismo. Te prometí que te ayudaría a ponerte al día y pienso cumplir mi promesa. _______ le dedicó una sonrisa ladeada. —Me temo que ahora viene un pero. —¿Te molestaría que me ocupara de esto antes de Navidad? Creo que podría ir cuando acaben las clases, la segunda semana de diciembre. Podría pedirle a un estudiante de doctorado que se ocupara de los exámenes. Ella resiguió la superficie de la mesa con la uña. —Esa semana tengo que entregar la conferencia para que la publiquen y acabar los trabajos del trimestre. Me iría muy mal acompañarte. —Creo que esto es algo que debería hacer solo. _______ se estaba examinando las uñas como si fueran fascinantes. —No sabes lo que vas a encontrarte. ¿Y si me necesitas? Tom le sonrió dulcemente. —Siempre te necesito, _______, pero creo que la primera vez que me reúna con Kelly deberíamos estar a solas. Si me entero de algo desagradable, ya lo asumiré. —Si es lo que quieres... ¿Seguro que no preferirías ir pasadas las Navidades? —No. No creo que sea buena idea retrasarlo. Podría cambiar de opinión. Y cuanto antes conozca mis antecedentes familiares, mejor. —Le dirigió una intensa mirada—. No te pediría que hicieras nada que perjudicara tus estudios. —De acuerdo —dijo ella sin entusiasmo. —Podemos pedirle a Rebecca que se quede a dormir aquí mientras estoy fuera, para que no te quedes sola. No me ausentaré mucho tiempo. Dos o tres días como máximo. Concertaré una entrevista con el abogado que se ocupó de la herencia de mi padre y aprovecharé para quedar con Kelly ese mismo día o al siguiente. Tom le cogió la mano y le resiguió la línea de la vida con el pulgar. —No me sale llamarla mi hermana. —Sigo pensando que debería ir contigo. —Acabas de admitir que no tienes tiempo. Tienes mucho trabajo. Y sé que cuando estoy cerca te distraigo —bromeó él, con una sonrisa provocativa. —Eso es verdad. Me distraes mucho. —Bien. —Cogiéndola en brazos, se dirigió hacia la escalera—. Prepárate. Voy a distraerte a fondo. Ella le apoyó las manos en los bíceps. —Suéltame. —Te soltaré cuando lleguemos a la cama. —Tengo algo que decirte y me temo que no te va a gustar. Tom se tensó. —Entonces dilo rápido y acabemos de una vez. ________ se removió hasta que él la dejó sobre un escalón. —Ese viaje a Nueva York te va a reabrir muchas heridas. Te traerá recuerdos. Por supuesto, te ayudaré en todo lo que pueda, pero creo que hay un tema del que deberíamos hablar: el perdón. —¿Pretendes que perdone a mis padres? ¿Estás de broma? —El perdón te libera. No lo digo por ellos. Me refiero a ti. Él se apartó un poco. —No puedo perdonarlos. No se lo merecen. —¿Y quién se lo merece, Tom? ¿Tú? ¿Yo? —Tú, desde luego. —Aparte de Dios, la única persona que puede perdonarme es aquel a quien le he hecho daño.Tenemos el poder de perdonar. Podemos usar ese poder para bien, o para aferrarnos a viejas injusticias que nunca curarán. —Le cogió la mano—. No digo que se lo merezcan. Y no te pido que olvides ni que finjas que no ocurrió nada. Sólo te pido que lo pienses. —Ya lo he pensado. La respuesta es no. —¿Cómo puedes pedirle a Paulina que te perdone si tú no estás dispuesto a perdonar a tus padres? Tom soltó el aire bruscamente, como si le hubiera dado una bofetada. —No. —Sólo piénsalo, mi amor. Piensa en lo que significó para ti reconciliarte con Maia. Imagínate lo que supondría para tu padre saber que lo has perdonado. Sin responder, Tom tiró de ella para llevarla a la habitación. CAP 57.- Mientras ______ se ocupaba en sus trabajos y revisaba la conferencia antes de que la publicaran, Tom fue al urólogo para una revisión antes de volar a Nueva York el cinco de diciembre. En cuanto entró en su habitación del RitzCarlton, se dio cuenta de su error. Tenía que haber dejado que ______ lo acompañara. La grande y preciosa cama sería un lugar muy frío sin ella. Odiaba dormir solo. Le recordaba los meses que habían pasado separados, un recuerdo que aborrecía. Hizo unas cuantas llamadas. Telefoneó a Lucia Barini, de Columbia; al abogado de su padre y finalmente a _______, pero para su decepción, le saltó el buzón de voz. —________, estoy en Nueva York, en el RitzCarlton, habitación cuatrocientos once. Cenaré con Kelly y después volveré a la habitación. Hablamos luego. Te quiero. Colgó el teléfono con un resoplido de frustración y se preparó para la reunión con su hermanastra. Al llegar al restaurante Tribeca Grill, donde habían quedado, lo acompañaron hasta una mesa para dos en la que lo esperaba una mujer rubia, mayor que él. Cuando alzó la cabeza, Tom se encontró con unos ojos color whiskie del mismo color que los suyos. Ella se tapó la boca con la mano antes de presentarse: —Soy Kelly. —Tom Kaulitz —replicó él, estrechándole la mano, nervioso. Los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas. —Eres igual que él. —¿Igual que quién? —Que papá. Tom apartó la mano bruscamente. Ella sonrió. —Disculpa. Siéntate. Kelly también se sentó y se secó los ojos con la servilleta. —Ha sido la impresión de verte. Eres clavado a papá cuando era más joven. ¿Cuántos años tienes, si me permites la indiscreción? —Treinta y cinco. —Ah, recuerdo mis treinta y cinco. No voy a coquetear con mi edad ni a jugar a las adivinanzas. Tengo cuarenta y nueve. Tom asintió y trató de relajar la mandíbula. Quería decir algo, pero por mucho que pensaba no se le ocurría nada. Por suerte, la llegada del camarero los interrumpió. Pidieron las bebidas e intercambiaron frases de cortesía hasta que el hombre volvió. Luego encargaron la cena de prisa, impacientes por volver a quedarse a solas. Kelly se echó hacia adelante en la silla. —Estoy encantada de conocerte. Gracias por aceptar mi invitación. —Al contrario. —Tom se obligó a sonreír. —Te debo una disculpa. A él la sonrisa se le borró de la cara. —¿Por qué? —Como te dije en la carta, debí ponerme en contacto contigo en cuanto me enteré de tu existencia. Debí hacer lo correcto en vez de preocuparme de no molestar a mi madre. Tom jugueteó con los cubiertos. —Eso fue hace mucho tiempo. No es preciso que hablemos de ello. —Gracias. Mi madre sabía que existías, pero no permitía que nadie hablara de ti en su presencia. Ni siquiera tras la muerte de papá. Nunca le perdonó que hubiera tenido una amante. Tom se tensó ostensiblemente. —Entonces, ¿hasta ese momento no supiste nada de mí? —No, pero conocí a tu madre. Lo sentí cuando me enteré de que había muerto —respondió Kelly en tono sincero. —Gracias. —Tom enderezó la espalda—. Murió cuando yo tenía nueve años. Pero la familia que me adoptó son muy buenas personas. —Michael lo mencionó. Me contó que había mantenido a nuestro padre al corriente de tu vida durante muchos años. Tom alzó mucho las cejas. —¿Qué? —¿No lo sabías? —No. Nos fuimos de Nueva York poco antes de que mi madre muriera. No volví a tener contacto con tu padre nunca más. —Tom apretó los dientes—. Ni una llamada de teléfono, ni una carta. Nada. —Lo siento mucho. Por lo que Michael dijo, pensaba que habríais mantenido algún tipo de contacto, pero esa parte de la historia no la tenía clara. —Kelly bebió un poco de vino, pensativa—.Me contó que papá conocía a la familia que te había adoptado, y que estudiaste en Princeton y Harvard. Al parecer, cada vez que se reunían hablaban de ti. —Si mi vida le resultaba tan interesante como para hablar de ella con su abogado, ¿por qué nunca se molestó en llamarme por teléfono o escribirme una carta? Kelly clavó la vista en el mantel. —Creo que puedo arrojar algo de luz al respecto. Papá era de ese tipo de personas que cuando toman una decisión la llevan hasta las últimas consecuencias. —Alzó la mirada y observó el lenguaje corporal de Tom con preocupación—. Me temo que esta conversación te está disgustando. —He venido en busca de respuestas.Sabía que no iba a ser agradable. —Sí, claro. ¿Conociste a papá? —Sí, lo conocí. —Pero después de dejar Nueva York, creciste en Pensilvania —apuntó ella, animándolo a hablar. —Sí. Tuve suerte. Cuando mi madre murió, una familia relacionada con el hospital se ofreció a quedarse conmigo. —¿Y la familia de tu madre? Tom hizo una mueca, pero no respondió. —No quiero meterme donde no me llaman —se excusó Kelly—, pero es algo que me he preguntado a menudo. Vi a tu madre varias veces y me pareció que tenía una buena relación con sus padres. Por eso me extraña que no fueras a vivir con ellos. —Mi abuelo murió antes de que yo naciera. Mi abuela nunca le perdonó a mi madre las circunstancias que rodearon mi concepción. Cuando mi madre murió, los servicios sociales hablaron con mi abuela, pero ella no quiso saber nada de mí. Luego, mi madre adoptiva se puso en contacto con mi padre, pero él no me reconoció como hijo suyo. De no ser por los Clark, habría acabado en un orfanato. —La expresión de Tom era inescrutable. —Lo siento mucho —dijo Kelly, echándose hacia adelante para acercarse a él—. No has tenido una vida fácil. —¿Cómo es que conociste a mi madre? —preguntó él para cambiar de tema. —Trabajaba como secretaria en una de las oficinas de mi padre. Era joven y bonita. Cuando iba a visitarlo, siempre era muy cariñosa conmigo. Me caía muy bien. »Por la época de tu nacimiento, mis padres pasaron una época muy mala. Discutían constantemente. Y luego todo se calmó de golpe. Pero unos años después, mi madre abandonó a mi padre y se fue a vivir a casa de mis abuelos, en Long Island. Seis meses después, se reconciliaron y ella volvió a Manhattan. »Aunque no puedo asegurarlo, sospecho que su separación tuvo que ver contigo. Una vez oí a mi madre gritar algo sobre «esa criatura». Por supuesto, Audrey y yo no sabíamos a qué criatura se refería. Nos imaginamos que estarían discutiendo sobre alguna de nosotras. Tom apretó mucho los labios antes de preguntar: —¿Cuántos años tenías cuando se separaron? —Hum, déjame pensar. —Kelly miró hacia el techo—. Diría que unos veintitrés. Más o menos. —Entonces, yo tendría unos nueve. Sí, coincide con la época en que nos fuimos de Nueva York. —Supongo que mi madre le dio un ultimátum a mi padre y que por eso tu madre decidió marcharse. —¿Alguna vez hablaste de esto con tu madre? Kelly abrió mucho los ojos, horrorizada. —No, nunca. Mis padres discutían, pero no nos contaban sobre qué discutían. Nunca me atreví a preguntárselo, ni siquiera de adulta. —¿Puedes contarme algo más sobre mi madre? Kelly bajó la mirada hacia la mesa, pensativa. —Era preciosa y muy dulce. Una mujer joven y llena de vida. Mi madre, en cambio, era bastante esnob. La convivencia con ella no era fácil. »No sé si te das cuenta, pero la diferencia de edad entre tus padres tuvo que ser considerable. Papá nació en el treinta y seis. Tu madre debía de ser unos veinte años más joven que él. —Sí, me di cuenta. Y de él, ¿qué puedes contarme? —Yo lo quería mucho, pero siempre estaba trabajando. Tengo buenos recuerdos. De ir de paseo con él por la ciudad o tomar tortitas los sábados por la mañana. Aunque no era muy buen marido, era bastante buen padre. —Pero tu madre lo amaba. —Por supuesto —replicó ella al instante—. Papá era guapo y encantador. Tenía sentido del humor y era un hombre brillante. Pero resultó ser un mujeriego. »Y, por sorprendente que parezca, adoraba a mi madre. Los ojos de Kelly se llenaron de lágrimas y guardó silencio unos instantes luchando por controlar sus emociones. —Lo siento —dijo Tom con suavidad—. Veo que para ti también es difícil. Kelly agitó un pañuelo de papel en el aire antes de secarse los ojos. —Cuando nos enteramos de que papá había tenido una amante y de que teníamos un hermano, nos llevamos una sorpresa muy grande. Audrey todavía no lo ha superado. —¿Y tú? Kelly hizo una mueca de determinación. —Yo trato de poner en práctica los consejos que doy a mis pacientes. Como suelo decirles, no puedes controlar las circunstancias de la vida, pero puedes controlar tus reacciones ante esas circunstancias. »Podría guardarle rencor a mi padre por serle infiel a mi madre. Y podría guardarle rencor a mi madre por haber sido tan inflexible y apartarme con su intolerancia de mi único hermano. O también puedo perdonarlos a ambos, perdonarme a mí y tratar de mejorar las cosas. Bajó la vista hacia sus manos, que tenía en el regazo, y al cabo de un momento, añadió: —Siempre quise tener un hermano. Lo que no esperaba es que fuera a ser tan joven. —Si te sirve de algo, lo siento. Siento que mi madre y tu padre... tuvieran una relación. —La expresión de él se había suavizado mucho oyendo hablar a su hermana.
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