CAP 64.-
—¿Cómo está el bebé? —preguntó Rachel inclinándose sobre la mesa del comedor de la antigua casa de sus padres.
Faltaban dos noches para Navidad. ______ acababa de reunirse con la familia de Tom tras hablar con su padre por teléfono.
—Está bien. Supongo que en su caso es normal que tenga que quedarse un mes en el hospital. Le darán el alta en enero.
—Debe de ser duro para Diane y tu padre.
—Lo es, pero al menos están cerca de él. Papá iba a pedir una excedencia de Susquehanna, pero le han dado la baja por paternidad. Pagada. —______ sonrió—. No se puede negar que su jefe lo cuida.
—¿Y la factura del hospital? —inquirió Rachel, bajando la voz.
—Un ángel de la guarda se ocupará de lo que no cubra el seguro. —La mirada de ______ se dirigió un momento hacia su esposo antes de volver a su amiga.
—Algunos ángeles de la guarda son puñeteramente dulces.
—¿Qué andáis cuchicheando por aquí? —Tom se unió a la conversación.
_______ sonrió.
—Hablamos de mi hermanito. Me muero de ganas de comprarle su primera gorra de los Red Sox.
Tom hizo una mueca.
—Tu padre la quemará. Él es hincha de los Phillies.
—No la quemará porque será un regalo mío. Soy la hermana mayor.
—Las hermanas son importantes —le dijo Rachel a Tom solemnemente—. Tenlo en cuenta cuando vayas a comprarme un regalo de Navidad.
—Intentaré estar a la altura —contestó él y, echando la silla hacia atrás, se levantó y alzó el vaso de agua.
Todo el mundo dejó lo que estaba haciendo, incluido Quinn, que se quedó mirando a su tío desde la trona.
—Tenemos muchas cosas por las que dar gracias. —Tom buscó a ______ con la mirada. Luego fue mirando a cada uno de los asistentes: sus hermanos, las parejas de éstos y finalmente su padre, sentado a la cabecera de la mesa—. Durante cenas como ésta, mamá solía obligarnos a decir por qué dábamos gracias. Yendo al grano, diré que doy las gracias por mi preciosa esposa, mi nuevo empleo y por mi nuevo cuñado, Johonny. Los adultos alzaron sus copas de vino y brindaron a la salud del recién nacido.
—Sé que todos oísteis mi discurso en la boda de Rachel y Aaron —añadió, con voz emocionada —, pero me gustaría repetir una parte.
Todo el mundo asintió. Al ver que temblaba ligeramente, _______ le dio la mano y se sintió reconfortada al notar que él se la apretaba.
—Esta noche estaría incompleta si no tuviésemos un recuerdo para nuestra madre, Grace. »Grace era hermosa y estaba llena de gracia. Era una esposa amantísima y una madre devota. Su capacidad para el bien y la compasión no tenían límites. Era generosa, amable y misericordiosa. »Me abrió las puertas de su casa. Cuando me quedé sin madre, ella estuvo allí, aunque sé que fui un joven difícil. Me enseñó lo que es amar a alguien incondicionalmente. Sin ella y sin papá, probablemente estaría muerto. Hizo una pausa, durante la cual miró a ______ y a Richard.
—Recientemente he tenido la oportunidad de averiguar más cosas sobre mis padres biológicos, entre ellas la herencia judía por vía de mi abuelo paterno. Cuando elegí leer un fragmento de la Biblia hebrea en la boda de Rachel y Aaron, no conocía mis orígenes. Ahora, ese texto adquiere aún más significado. Como dije entonces, me parece que refleja a la perfección el amor de Grace por su familia.
Soltando la mano de _______, sacó un trozo de papel del bolsillo y empezó a leer:
Una mujer virtuosa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas.
En ella confía el corazón de su marido, y no será sin provecho.
Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida.
Al ver la sorpresa y el amor en los ojos de Julia, el mundo se detuvo durante un instante.
Se busca lana y lino y lo trabaja con manos diligentes.
Es como nave de mercader que de lejos trae su provisión.
Se levanta cuando aún es de noche, da de comer a sus domésticos yórdenes a su
servidumbre.
Hace cálculos sobre un campo y lo compra; con el fruto de sus manos planta una viña.
Se ciñe con fuerza sus lomos y vigoriza sus brazos.
Siente que va bien su trabajo, no se apaga por la noche su lámpara.
Echa mano a la rueca, sus palmas toman el huso.
Alarga su palma al desvalido, y tiende sus manos al pobre.
No teme por su casa a la nieve, pues todos los suyos tienen vestido doble.
Para sí se hace mantos, y su vestido es de lino y púrpura.
Su marido es considerado en las puertas, cuando se sienta con los ancianos del país.
Hace túnicas de lino y las vende, entrega al comerciante ceñidores.
Se viste de fuerza y dignidad, y se ríe del día de mañana.
Abre su boca con sabiduría, lección de amor hay en su lengua.
Está atenta a la marcha de su casa, y no come pan de ociosidad.
Se levantan sus hijos y la llaman dichosa; su marido, y hace su elogio:
«¡Muchas mujeres hicieron proezas, pero tú las superas a todas!».
—Os pido a todos un brindis en memoria de nuestra madre, Grace.
Cuando acabaron de beber, no había ni un solo ojo seco en la sala.
CAP 65.-
Diciembre de 2011
Cerca de Essex Junction, Vermont
Dos noches antes de Navidad, Paul estaba trabajando en el establo, sumido en sus pensamientos. (Entre paréntesis, debe mencionarse que también estaba sumido en otra cosa. Algo orgánico.)
—Hola.
Su hermana Heather había entrado en el establo en silencio y lo estaba mirando con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Hola tú —la saludó él, mirándola por encima del hombro—. ¿Qué haces?
—Chris tenía que ocuparse de uno de los caballos de los Anderson. Creen que tiene cólico, así que estará fuera toda la noche. Le he pedido que me dejara aquí. ¿Cómo estás?
—Bien.
—Pues no lo parece. —Le clavó la mirada en la espalda hasta que él se la devolvió.
—Es que estoy un poco preocupado por las entrevistas. He concertado citas con representantes de seis facultades distintas en la convención de la Asociación de Idiomas Modernos, en enero. Es mucha presión.
—Ya. —Heather miró a su hermano con escepticismo.
—Una de las entrevistas es para trabajar en la Universidad de St. Mike. Si me contrataran, podría seguir ayudando a papá los fines de semana.
—Eso sería fantástico. Le pediré a san Miguel que interceda por ti para que consigas el trabajo.
Ladeando la cabeza, Heather escuchó la música que sonaba una y otra vez. Era una versión de In the Sun. Cada vez que acababa, volvía a empezar.
—Si tienes buenas perspectivas de trabajo, ¿por qué estás escuchando eso? Me dan ganas de cortarme las venas... y acabo de llegar.
Él la fulminó con la mirada y se alejó. Heather lo siguió.
—Me encontré con Ali el otro día en Hannaford’s.
—Ajá.
—¿Por qué no la invitas a salir?
—Salimos de vez en cuando.
—Me refiero a una cita, no a veros como amigos.
—Rompimos —dijo él con una mueca—. Hace un par de años
—Chris quiere que vayamos a hacer snowboard en Año Nuevo. Alquilará un apartamento para que no tengamos que subir y bajar cada día. Invita a Ali y venid con nosotros.
—No es buena idea.
Alargando el brazo, Heather detuvo a su hermano, que estaba a punto de alejarse una vez más.
—Sí es buena idea. Invítala.
—No podemos dejar a mamá aquí sola.
—Por eso mismo contrataste a alguien, Virgilio —replicó ella con una sonrisa descarada.
—Yo no soy Virgilio. Soy Dante —murmuró.
—¿Qué?
—Nada. —Se volvió.
—Vamos a ver, grandullón. Tienes que relajarte. Te estás obsesionando con tus problemas. De tanto darles vueltas, se están infectando y van a empezar a supurar. —Con una sonrisa traviesa, empezó a hacerle cosquillas, repitiendo—: Supurar, supurar, supurar.
Paul le dio un golpecito en las manos para que parara.
—¿Si digo que sí me dejarás en paz de una vez?
—Por supuesto.
—Bien. Pues lárgate.
—Bien —repitió ella, imitando su tono de voz—. Voy a preparar café. Cuando vengas, espero que la llames.
Cuando Heather desapareció del establo, Paul se quedó quieto un momento, preguntándose qué acababa de aceptar.
CAP 65.-
Diciembre de 2011
Cerca de Essex Junction, Vermont
Dos noches antes de Navidad, Paul estaba trabajando en el establo, sumido en sus pensamientos. (Entre paréntesis, debe mencionarse que también estaba sumido en otra cosa. Algo orgánico.)
—Hola.
Su hermana Heather había entrado en el establo en silencio y lo estaba mirando con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Hola tú —la saludó él, mirándola por encima del hombro—. ¿Qué haces?
—Chris tenía que ocuparse de uno de los caballos de los Anderson. Creen que tiene cólico, así que estará fuera toda la noche. Le he pedido que me dejara aquí. ¿Cómo estás?
—Bien.
—Pues no lo parece. —Le clavó la mirada en la espalda hasta que él se la devolvió.
—Es que estoy un poco preocupado por las entrevistas. He concertado citas con representantes de seis facultades distintas en la convención de la Asociación de Idiomas Modernos, en enero. Es mucha presión.
—Ya. —Heather miró a su hermano con escepticismo.
—Una de las entrevistas es para trabajar en la Universidad de St. Mike. Si me contrataran, podría seguir ayudando a papá los fines de semana.
—Eso sería fantástico. Le pediré a san Miguel que interceda por ti para que consigas el trabajo.
Ladeando la cabeza, Heather escuchó la música que sonaba una y otra vez. Era una versión de In the Sun. Cada vez que acababa, volvía a empezar.
—Si tienes buenas perspectivas de trabajo, ¿por qué estás escuchando eso? Me dan ganas de cortarme las venas... y acabo de llegar.
Él la fulminó con la mirada y se alejó. Heather lo siguió.
—Me encontré con Ali el otro día en Hannaford’s.
—Ajá.
—¿Por qué no la invitas a salir?
—Salimos de vez en cuando.
—Me refiero a una cita, no a veros como amigos.
—Rompimos —dijo él con una mueca—. Hace un par de años
—Chris quiere que vayamos a hacer snowboard en Año Nuevo. Alquilará un apartamento para que no tengamos que subir y bajar cada día. Invita a Ali y venid con nosotros.
—No es buena idea.
Alargando el brazo, Heather detuvo a su hermano, que estaba a punto de alejarse una vez más.
—Sí es buena idea. Invítala.
—No podemos dejar a mamá aquí sola.
—Por eso mismo contrataste a alguien, Virgilio —replicó ella con una sonrisa descarada.
—Yo no soy Virgilio. Soy Dante —murmuró.
—¿Qué?
—Nada. —Se volvió.
—Vamos a ver, grandullón. Tienes que relajarte. Te estás obsesionando con tus problemas. De tanto darles vueltas, se están infectando y van a empezar a supurar. —Con una sonrisa traviesa, empezó a hacerle cosquillas, repitiendo—: Supurar, supurar, supurar.
Paul le dio un golpecito en las manos para que parara.
—¿Si digo que sí me dejarás en paz de una vez?
—Por supuesto.
—Bien. Pues lárgate.
—Bien —repitió ella, imitando su tono de voz—. Voy a preparar café. Cuando vengas, espero que la llames.
Cuando Heather desapareció del establo, Paul se quedó quieto un momento, preguntándose qué acababa de aceptar.
CAP 65.-
Diciembre de 2011
Cerca de Essex Junction, Vermont
Dos noches antes de Navidad, Paul estaba trabajando en el establo, sumido en sus pensamientos. (Entre paréntesis, debe mencionarse que también estaba sumido en otra cosa. Algo orgánico.)
—Hola.
Su hermana Heather había entrado en el establo en silencio y lo estaba mirando con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Hola tú —la saludó él, mirándola por encima del hombro—. ¿Qué haces?
—Chris tenía que ocuparse de uno de los caballos de los Anderson. Creen que tiene cólico, así que estará fuera toda la noche. Le he pedido que me dejara aquí. ¿Cómo estás?
—Bien.
—Pues no lo parece. —Le clavó la mirada en la espalda hasta que él se la devolvió.
—Es que estoy un poco preocupado por las entrevistas. He concertado citas con representantes de seis facultades distintas en la convención de la Asociación de Idiomas Modernos, en enero. Es mucha presión.
—Ya. —Heather miró a su hermano con escepticismo.
—Una de las entrevistas es para trabajar en la Universidad de St. Mike. Si me contrataran, podría seguir ayudando a papá los fines de semana.
—Eso sería fantástico. Le pediré a san Miguel que interceda por ti para que consigas el trabajo.
Ladeando la cabeza, Heather escuchó la música que sonaba una y otra vez. Era una versión de In the Sun. Cada vez que acababa, volvía a empezar.
—Si tienes buenas perspectivas de trabajo, ¿por qué estás escuchando eso? Me dan ganas de cortarme las venas... y acabo de llegar.
Él la fulminó con la mirada y se alejó. Heather lo siguió.
—Me encontré con Ali el otro día en Hannaford’s.
—Ajá.
—¿Por qué no la invitas a salir?
—Salimos de vez en cuando.
—Me refiero a una cita, no a veros como amigos.
—Rompimos —dijo él con una mueca—. Hace un par de años
—Chris quiere que vayamos a hacer snowboard en Año Nuevo. Alquilará un apartamento para que no tengamos que subir y bajar cada día. Invita a Ali y venid con nosotros.
—No es buena idea.
Alargando el brazo, Heather detuvo a su hermano, que estaba a punto de alejarse una vez más.
—Sí es buena idea. Invítala.
—No podemos dejar a mamá aquí sola.
—Por eso mismo contrataste a alguien, Virgilio —replicó ella con una sonrisa descarada.
—Yo no soy Virgilio. Soy Dante —murmuró.
—¿Qué?
—Nada. —Se volvió.
—Vamos a ver, grandullón. Tienes que relajarte. Te estás obsesionando con tus problemas. De tanto darles vueltas, se están infectando y van a empezar a supurar. —Con una sonrisa traviesa, empezó a hacerle cosquillas, repitiendo—: Supurar, supurar, supurar.
Paul le dio un golpecito en las manos para que parara.
—¿Si digo que sí me dejarás en paz de una vez?
—Por supuesto.
—Bien. Pues lárgate.
—Bien —repitió ella, imitando su tono de voz—. Voy a preparar café. Cuando vengas, espero que la llames.
Cuando Heather desapareció del establo, Paul se quedó quieto un momento, preguntándose qué acababa de aceptar.
CAP 65.-
Diciembre de 2011
Cerca de Essex Junction, Vermont
Dos noches antes de Navidad, Paul estaba trabajando en el establo, sumido en sus pensamientos. (Entre paréntesis, debe mencionarse que también estaba sumido en otra cosa. Algo orgánico.)
—Hola.
Su hermana Heather había entrado en el establo en silencio y lo estaba mirando con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Hola tú —la saludó él, mirándola por encima del hombro—. ¿Qué haces?
—Chris tenía que ocuparse de uno de los caballos de los Anderson. Creen que tiene cólico, así que estará fuera toda la noche. Le he pedido que me dejara aquí. ¿Cómo estás?
—Bien.
—Pues no lo parece. —Le clavó la mirada en la espalda hasta que él se la devolvió.
—Es que estoy un poco preocupado por las entrevistas. He concertado citas con representantes de seis facultades distintas en la convención de la Asociación de Idiomas Modernos, en enero. Es mucha presión.
—Ya. —Heather miró a su hermano con escepticismo.
—Una de las entrevistas es para trabajar en la Universidad de St. Mike. Si me contrataran, podría seguir ayudando a papá los fines de semana.
—Eso sería fantástico. Le pediré a san Miguel que interceda por ti para que consigas el trabajo.
Ladeando la cabeza, Heather escuchó la música que sonaba una y otra vez. Era una versión de In the Sun. Cada vez que acababa, volvía a empezar.
—Si tienes buenas perspectivas de trabajo, ¿por qué estás escuchando eso? Me dan ganas de cortarme las venas... y acabo de llegar.
Él la fulminó con la mirada y se alejó. Heather lo siguió.
—Me encontré con Ali el otro día en Hannaford’s.
—Ajá.
—¿Por qué no la invitas a salir?
—Salimos de vez en cuando.
—Me refiero a una cita, no a veros como amigos.
—Rompimos —dijo él con una mueca—. Hace un par de años
—Chris quiere que vayamos a hacer snowboard en Año Nuevo. Alquilará un apartamento para que no tengamos que subir y bajar cada día. Invita a Ali y venid con nosotros.
—No es buena idea.
Alargando el brazo, Heather detuvo a su hermano, que estaba a punto de alejarse una vez más.
—Sí es buena idea. Invítala.
—No podemos dejar a mamá aquí sola.
—Por eso mismo contrataste a alguien, Virgilio —replicó ella con una sonrisa descarada.
—Yo no soy Virgilio. Soy Dante —murmuró.
—¿Qué?
—Nada. —Se volvió.
—Vamos a ver, grandullón. Tienes que relajarte. Te estás obsesionando con tus problemas. De tanto darles vueltas, se están infectando y van a empezar a supurar. —Con una sonrisa traviesa, empezó a hacerle cosquillas, repitiendo—: Supurar, supurar, supurar.
Paul le dio un golpecito en las manos para que parara.
—¿Si digo que sí me dejarás en paz de una vez?
—Por supuesto.
—Bien. Pues lárgate.
—Bien —repitió ella, imitando su tono de voz—. Voy a preparar café. Cuando vengas, espero que la llames.
Cuando Heather desapareció del establo, Paul se quedó quieto un momento, preguntándose qué acababa de aceptar.
CAP 65.-
Diciembre de 2011
Cerca de Essex Junction, Vermont
Dos noches antes de Navidad, Paul estaba trabajando en el establo, sumido en sus pensamientos. (Entre paréntesis, debe mencionarse que también estaba sumido en otra cosa. Algo orgánico.)
—Hola.
Su hermana Heather había entrado en el establo en silencio y lo estaba mirando con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Hola tú —la saludó él, mirándola por encima del hombro—. ¿Qué haces?
—Chris tenía que ocuparse de uno de los caballos de los Anderson. Creen que tiene cólico, así que estará fuera toda la noche. Le he pedido que me dejara aquí. ¿Cómo estás?
—Bien.
—Pues no lo parece. —Le clavó la mirada en la espalda hasta que él se la devolvió.
—Es que estoy un poco preocupado por las entrevistas. He concertado citas con representantes de seis facultades distintas en la convención de la Asociación de Idiomas Modernos, en enero. Es mucha presión.
—Ya. —Heather miró a su hermano con escepticismo.
—Una de las entrevistas es para trabajar en la Universidad de St. Mike. Si me contrataran, podría seguir ayudando a papá los fines de semana.
—Eso sería fantástico. Le pediré a san Miguel que interceda por ti para que consigas el trabajo.
Ladeando la cabeza, Heather escuchó la música que sonaba una y otra vez. Era una versión de In the Sun. Cada vez que acababa, volvía a empezar.
—Si tienes buenas perspectivas de trabajo, ¿por qué estás escuchando eso? Me dan ganas de cortarme las venas... y acabo de llegar.
Él la fulminó con la mirada y se alejó. Heather lo siguió.
—Me encontré con Ali el otro día en Hannaford’s.
—Ajá.
—¿Por qué no la invitas a salir?
—Salimos de vez en cuando.
—Me refiero a una cita, no a veros como amigos.
—Rompimos —dijo él con una mueca—. Hace un par de años
—Chris quiere que vayamos a hacer snowboard en Año Nuevo. Alquilará un apartamento para que no tengamos que subir y bajar cada día. Invita a Ali y venid con nosotros.
—No es buena idea.
Alargando el brazo, Heather detuvo a su hermano, que estaba a punto de alejarse una vez más.
—Sí es buena idea. Invítala.
—No podemos dejar a mamá aquí sola.
—Por eso mismo contrataste a alguien, Virgilio —replicó ella con una sonrisa descarada.
—Yo no soy Virgilio. Soy Dante —murmuró.
—¿Qué?
—Nada. —Se volvió.
—Vamos a ver, grandullón. Tienes que relajarte. Te estás obsesionando con tus problemas. De tanto darles vueltas, se están infectando y van a empezar a supurar. —Con una sonrisa traviesa, empezó a hacerle cosquillas, repitiendo—: Supurar, supurar, supurar.
Paul le dio un golpecito en las manos para que parara.
—¿Si digo que sí me dejarás en paz de una vez?
—Por supuesto.
—Bien. Pues lárgate.
—Bien —repitió ella, imitando su tono de voz—. Voy a preparar café. Cuando vengas, espero que la llames.
Cuando Heather desapareció del establo, Paul se quedó quieto un momento, preguntándose qué acababa de aceptar.
CAP 65.-
Diciembre de 2011
Cerca de Essex Junction, Vermont
Dos noches antes de Navidad, Paul estaba trabajando en el establo, sumido en sus pensamientos. (Entre paréntesis, debe mencionarse que también estaba sumido en otra cosa. Algo orgánico.)
—Hola.
Su hermana Heather había entrado en el establo en silencio y lo estaba mirando con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Hola tú —la saludó él, mirándola por encima del hombro—. ¿Qué haces?
—Chris tenía que ocuparse de uno de los caballos de los Anderson. Creen que tiene cólico, así que estará fuera toda la noche. Le he pedido que me dejara aquí. ¿Cómo estás?
—Bien.
—Pues no lo parece. —Le clavó la mirada en la espalda hasta que él se la devolvió.
—Es que estoy un poco preocupado por las entrevistas. He concertado citas con representantes de seis facultades distintas en la convención de la Asociación de Idiomas Modernos, en enero. Es mucha presión.
—Ya. —Heather miró a su hermano con escepticismo.
—Una de las entrevistas es para trabajar en la Universidad de St. Mike. Si me contrataran, podría seguir ayudando a papá los fines de semana.
—Eso sería fantástico. Le pediré a san Miguel que interceda por ti para que consigas el trabajo.
Ladeando la cabeza, Heather escuchó la música que sonaba una y otra vez. Era una versión de In the Sun. Cada vez que acababa, volvía a empezar.
—Si tienes buenas perspectivas de trabajo, ¿por qué estás escuchando eso? Me dan ganas de cortarme las venas... y acabo de llegar.
Él la fulminó con la mirada y se alejó. Heather lo siguió.
—Me encontré con Ali el otro día en Hannaford’s.
—Ajá.
—¿Por qué no la invitas a salir?
—Salimos de vez en cuando.
—Me refiero a una cita, no a veros como amigos.
—Rompimos —dijo él con una mueca—. Hace un par de años
—Chris quiere que vayamos a hacer snowboard en Año Nuevo. Alquilará un apartamento para que no tengamos que subir y bajar cada día. Invita a Ali y venid con nosotros.
—No es buena idea.
Alargando el brazo, Heather detuvo a su hermano, que estaba a punto de alejarse una vez más.
—Sí es buena idea. Invítala.
—No podemos dejar a mamá aquí sola.
—Por eso mismo contrataste a alguien, Virgilio —replicó ella con una sonrisa descarada.
—Yo no soy Virgilio. Soy Dante —murmuró.
—¿Qué?
—Nada. —Se volvió.
—Vamos a ver, grandullón. Tienes que relajarte. Te estás obsesionando con tus problemas. De tanto darles vueltas, se están infectando y van a empezar a supurar. —Con una sonrisa traviesa, empezó a hacerle cosquillas, repitiendo—: Supurar, supurar, supurar.
Paul le dio un golpecito en las manos para que parara.
—¿Si digo que sí me dejarás en paz de una vez?
—Por supuesto.
—Bien. Pues lárgate.
—Bien —repitió ella, imitando su tono de voz—. Voy a preparar café. Cuando vengas, espero que la llames.
Cuando Heather desapareció del establo, Paul se quedó quieto un momento, preguntándose qué acababa de aceptar.