CAP 52.-
Octubre de 2011
Durham, Carolina del Norte
—¿Qué estás haciendo? —April entró en la cocina descalza y cubierta sólo por la camisa de su novio.
Él estaba cocinando huevos con beicon en una sartén.
—Preparo el desayuno. —Con una sonrisa, Simon se volvió hacia ella y le dio un rápido beso en los labios—. ¿Cómo has dormido?
—Bien. —April estiró los brazos por encima de la cabeza y se echó a reír—. Duermo mejor contigo que sola.
—Yo también —admitió él, más para sí mismo que para que lo oyera.
April sacó el zumo de naranja de la nevera y sirvió un vaso para cada uno.
—Duermo mejor contigo, pero me siento culpable.
—¿Culpable? —Simon se volvió hacia ella, espátula en mano—. ¿Por qué?
April bajó la cabeza, mirando fijamente el zumo de naranja.
—Porque dormimos juntos pero no estamos casados.
Simon se quedó pasmado. El concepto de la castidad le resultaba tan remoto como la Luna. Lo había conocido anteriormente con _______, pero le había parecido algo estúpido y molesto, algo que debía destruir mediante la seducción o la manipulación.
Sin embargo, lo que sentía con April era muy distinto. No estaba seguro, pero podría tratarse de remordimiento. Era una experiencia nueva para él.
—El sexo no es malo.
—Es curioso que digas eso. —Ella tamborileó en el vaso—. Tú me has enseñado que el sexo es algo muy, muy bueno. Me encanta. Y me encanta estar contigo.
—Entonces, ¿qué problema hay?
—Me enseñaron que tenía que esperar hasta el matrimonio y no lo he hecho.
Simon se volvió hacia el fogón sin saber qué decir. Siguió cocinando unos segundos, pero luego apagó el fuego y retiró la sartén.
Se limpió las manos en la parte trasera de los bóxers mientras se acercaba a ella.
—Te dijeron que tenías que esperar, porque tus padres no querían que algún c*****o se aprovechara de ti.
—Simon —lo reprendió ella—. No digas palabrotas.
—Lo siento. Tus padres querían protegerte.
—No son sólo mis padres. En la Iglesia dicen lo mismo.
—Bueno, estoy seguro de que también tratan de protegerte y me parece bien, pero nuestra situación es distinta.
April levantó la cabeza.
—¿Lo es?
—Sí. —Simon la abrazó.
—¿Por qué? —sonaba cautelosa—. No lo entiendo.
—No estoy contigo para pasar el rato. Disfruto mucho del sexo contigo, pero también disfruto de tu compañía. Cuando estamos juntos puedo bajar la guardia. No tengo que ser el hijo del senador Talbot. Puedo ser yo mismo porque tú me aceptas como soy.
—Yo siento lo mismo. —April se acurrucó contra su pecho—. Pero cuando te marchas me siento mal.
—Es porque nos queremos.
—Ojalá pudiéramos quedarnos así para siempre —susurró ella, abrazándolo con fuerza por la cintura.
—Ojalá. —Simon se sorprendió al darse cuenta de que lo deseaba de verdad.
En el poco tiempo que hacía que se conocían, había llegado a quererla mucho. Su relación era muy cómoda y satisfactoria. No se imaginaba que pudiera acabar.
—Te quiero, Simon.
A él se le hizo un nudo en la garganta. No era idiota. Sabía lo que era April: una joven hermosa, amable e increíble. No una persona hastiada y cínica como él, ni una trepadora social como Natalie. Pero tampoco era como _______, esa mojigata que siempre estaba asustada. ________ lo había hecho sentir como si fuera un animal, indigno de tocarla. April probablemente se había despertado esa mañana, había decidido que lo amaba y se lo había dicho. Sin darle más vueltas, sin jueguecitos, sin aspiraciones políticas detrás. Casi sin darse cuenta, Simon respondió:
—Yo también te quiero.
April lo abrazó con todas sus fuerzas y empezó a dar saltitos.
—¡Es genial! —gritó—. ¡Soy tan feliz!
—Yo también. —Sonrió al ver su cara tan alegre y su exuberancia juvenil y la besó.
CAP 53.-
Cambridge, Massachusetts
A finales de octubre llegó por fin la fecha que Tom había estado esperando. Llevaba semanas fantaseando con lo que iba a hacer con ______ en cuanto terminara su período de celibato forzoso. Lo había planificado todo meticulosamente.
La tarde antes de la fecha, ella lo llamó. El teléfono sonó dos veces antes de que Tom respondiera.
—Hola, preciosa.
______ se ruborizó. Nunca dejaba de maravillarla el poder que tenía de acelerarle el corazón con un par de palabras.
—Hola, guapo. ¿Dónde estás?
—Comprando un par de cosas. ¿Y tú?
—En casa.
Él hizo una pausa y ______ oyó la puerta del coche cerrándose.
—Has llegado pronto. No te esperaba hasta las seis.
—La profesora Marinelli ha cancelado la clase porque tiene laringitis. Creo que me voy a dar un baño. Luego me echaré un rato hasta que llegues. Me he levantado muy temprano esta mañana.
El sonido del Range Rover al ponerse en marcha llegó hasta los oídos de _______.
—Muy bien. No tardaré. Nos vemos en casa.
—Te quiero.
—Yo también te quiero.
A ______ le pareció que Tom disimulaba la risa antes de colgar. No sabía qué le habría hecho gracia. Dio una vuelta por la cocina, preguntándose por qué Rebecca no habría preparado nada para cenar. Sorprendida, subió la escalera. Si molestarse en colgar la ropa, la dejó tirada en el suelo del dormitorio antes de meterse en la ducha. El agua caliente la animaría. Había sido un día agotador.Cuando estaba acabando de ducharse, oyó que se abría la puerta.
—¡Eh, hola!
Tom estaba ante ella, desnudo y sonriente. La saludó con un beso.
—¿Tú también necesitabas una ducha? —preguntó, tratando de no devorarlo con la vista y fallando estrepitosamente en el intento.
—No. Sólo quería estar donde tú estás.
Ella le devolvió el beso.
—Gracias.
Con una mano, ______ le recorrió el pecho y fue bajando hasta llegar a la uve que quedaba enmarcada por sus caderas. Luego cerró el grifo y se escurrió el agua del pelo. Tom cogió una toalla y se la ofreció. En ese momento, ella se dio cuenta de que él tenía los ojos brillantes de excitación y una sonrisa cada vez más amplia.
—¿Qué?
—¿Has olvidado qué día es hoy? —Tom le deslizó un dedo por el brazo.
—No, pero nuestro día especial es mañana.
—Vamos a empezar a celebrarlo antes.
—¿Crees que es prudente?
—Me importa un bledo. Ya he esperado bastante. No se le puede pedir tanta paciencia a un hombre.
—¿Ah, no? —_______ ladeó la cabeza.
—Así que prepárate para una sesión de placer, cariño.
Ella se secó tan rápidamente como pudo antes de enrollarse la toalla en la cabeza.
Tom le mostró un bote de vidrio para que leyera la etiqueta.
—Pintura corporal de chocolate. —_______ levantó la vista—. ¿Ahora?
—Ahora. —Le hizo cosquillas con una pequeña brocha en la nariz—. Dijiste que te gustó nuestro experimento de pintura corporal en Selinsgrove. He pensado que podíamos repetir.
—Pero pensaba que querrías hacer otras cosas. Te has estado ocupando de mí durante estas semanas. Yo casi no he podido hacer nada por ti.
—Yo disfruto con los preliminares tanto como t ú —susurró Tom, entornando los ojos—.Además, tengo planes para los dos.
—¡Guau! —______ soltó el aire de golpe.
—Había pensado probarlo en el dormitorio, pero puede ser un poco... complicado.
Se acuclilló delante de ella hasta que los ojos le quedaron a la altura del ombligo y abrió el bote. Hundió la brocha en el chocolate, empapándola generosamente.
—¿Empezamos? —preguntó, guiñándole un ojo.
Ella asintió, con los párpados entornados. Lentamente, Tom le dibujó un corazón alrededor del ombligo. La sensación del chocolate y la suave brocha sobre la piel le hicieron cosquillas. A pesar de que se movió, inquieta, él siguió a su ritmo, sin apresurarse.
—Así. Perfecto. —Dejó el bote a un lado y se lamió los labios.—Ahora viene la parte divertida. ¿Lista?
—Sí —contestó ella con voz aguda.
Cuando la lengua de Tom entró en contacto con su piel, tuvo que sujetarse al toallero con manos temblorosas. Con decisión, él formó remolinos con la lengua, atravesando el chocolate e introduciéndose en su ombligo. Al darse cuenta de que le fallaban las piernas, la sujetó por las nalgas.
—Sabe mejor de lo que esperaba —comentó él entre mordisquitos—. Supongo que es porque me gusta tu sabor.
La lengua de Tom se abrió camino hasta su cadera, que besó con la boca abierta.
—Creo que necesitamos un poco más de chocolate. ¿Qué opinas?
—Sí, por favor —respondió _______, asintiendo con fervor—. Definitivamente, más chocolate.
Tom volvió a coger el bote y la brocha.
—Pues agárrate fuerte, cariño, porque pienso ser muy meticuloso.
Echándose hacia adelante, ella le sujetó la barbilla.
—Yo también.
CAP 54.-
A medida que noviembre iba avanzando, John y Diane recibieron varios informes positivos sobre la salud de su hijo. Habría que operarlo, pero crecía con normalidad y Diane estaba bien. ______ recibió las noticias sobre la salud de su hermano con alivio y un prudente optimismo. No le había contado a su familia lo de sus fibromas ni la reversión de la vasectomía de Tom. No tenía sentido, ya que no sabían que él se la había hecho años atrás. Y no quería que nadie se preocupara por la salud de ella, sobre todo teniendo en cuenta que la doctora Rubio afirmaba que los fibromas eran muy comunes y, al menos de momento, nada serio. Tom y _____ se ayudaban el uno al otro a llevar sus cargas de salud, hablando de ello sólo con Rebecca. Sin embargo, la carga del doctorado ______ la llevaba sola. (O eso le parecía.)
Una noche de noviembre, Tom se despertó sobresaltado. Se espabiló de golpe y aguzó el oído porque le parecía que oía algo. En la distancia, distinguió el llanto de una mujer. Alargó la mano hacia _______ en la oscuridad, pero no estaba.
Sin molestarse en encender la luz ni en coger la bata, se puso en pie de un salto y salió de la habitación desnudo. Una rendija de luz salía de debajo de la puerta del estudio. Se dirigió hacia allí rápidamente, mientras el llanto arreciaba. Dentro encontró a _______ con la cabeza apoyada en el escritorio. Los hombros le temblaban, tenía
las gafas encima del portátil y un gran montón de libros esparcidos por la mesa y el suelo.
—Cariño —le apoyó la mano en la cabeza—, ¿qué te pasa?
—No puedo hacerlo.
—¿No puedes hacer qué? —Tom se agachó a su lado.
—No puedo seguir el ritmo de las clases. Voy retrasada en todas las lecturas. Tendría que estar escribiendo trabajos, pero no lo he hecho porque estaba leyendo. Y tendría que estar haciendo las revisiones de la conferencia, pero no he tenido tiempo. Y estoy tan cansada... —La voz se le quebró.
Él le dirigió una mirada de comprensión.
—Ven a la cama.
—¡No puedo! —gritó ella, levantando los brazos—. Tengo que quedarme y acabar de leer. Y mañana iré a la biblioteca para avanzar en los trabajos. Las revisiones de la conferencia las haré, pero no sé cuándo.
—Esta noche no vas a hacer nada más. Por mucho que te quedes despierta, estás demasiado cansada para concentrarte. Ven a la cama ahora y mañana te levantas temprano. Durante el desayuno hablaremos sobre las lecturas. Quizá pueda darte mi opinión. No sería trampa, sería como consultar las CliffNotes —dijo él, con un gesto tranquilizador.
Ella negó con la cabeza. Ni las CliffNotes ni el Rincón del Vago podían ayudarla. Tenía que hacerlo por su cuenta.
—_______, son las dos de la mañana. Ven a la cama. —El tono de Tom se había vuelto autoritario.
—Tengo que leer.
—Si duermes ahora, luego te echaré una mano. Te acompañaré a la biblioteca y te ayudaré a buscar información. Eso te haría ganar tiempo.
—¿De verdad harías eso? —______ se sonó la nariz.
Él frunció el cejo.
—Por supuesto. Llevo todo el semestre ofreciéndome a ayudarte. Eres tú la que no me dejas.
—Ya tienes bastante con tu trabajo. Y con la operación y todo lo demás. —______ bostezó y se frotó los ojos.
—Si no te cuidas, vas a acabar enferma. Venga. —Agarrándola por el codo, la ayudó a levantarse antes de cerrar el portátil con firmeza.
La siguió por el pasillo.
—Estoy tan cansada... —admitió ella, sorbiendo por la nariz al apoyar la cabeza en la almohada.
Estaba demasiado cansada hasta para dormir.
—Sólo tienes que pedírmelo. Haría cualquier cosa por ti. Ya lo sabes —le dijo Tom.
—Se supone que tengo que hacerlo sola.
—Tonterías. —La abrazó por la cintura—. El programa de estudios es extenuante. Seguro que los demás aprovechan toda la ayuda que pueden conseguir.
—A ti no te ayudó nadie.
—¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? Precisamente por eso acabé recurriendo a la coca. Además, tenía a Paulin... tenía a alguien que se ocupaba de mí.
Tom suspiró y bajó el tono de voz.
—Tú me cuidaste cuando volví a casa del hospital. Probablemente por eso te has retrasado en las lecturas. Déjame ayudarte hasta que te pongas al día. Pero lo más importante ahora es que duermas un rato. Mañana hablamos.
_______ estaba demasiado cansada para discutir. Poco después, su respiración profunda le dijo a Tom que se había dormido.