capítulo 13

627 Words
—Y dime, ¿Qué ropa estabas mirando? ¿Te hace falta algo? —Miraba unos pantalones blancos, tengo ganas de tener unos. —Pues venga, vamos a verlos, te lo has ganado por ayudarme. —Samuel no es necesario, de veras. —Venga no seas tonta, no me cuesta nada. Martina se agarró de mi brazo y nos fuimos a por esos pantalones. Fue a tiro hecho, no eran ni caros. Cuando fue al probador a ponérselos pasé otro mal rato por que se lució ante mí, interrogándome, sacando su culito, preguntándome si no se notaba mucho "ahí" señalándose su coñito abierto por la costura, que indecente, se metía entre sus labios marcándolos nítidamente. Cuando me vio babear, supo que quería esos pantalones, lo cierto es que le quedaban de escándalo. Cuando llegué a mi casa me volví a masturbar pensando en el cuerpo tan lascivo que tenía esa niña y como le gustaba provocar. Las siguientes semanas siguieron en esa misma tónica, salvo que Martina cogió más confianza conmigo. Aunque no era siempre, algunas veces ya me pedía algo que necesitaba, que si un cable para cargar su móvil, que si unos cascos para escuchar música, unas zapatillas deportivas…ella me lo agradecía mostrándose ante mi sin ser descarada y cuando nos despedíamos ya me daba un pico en los labios agradecida por, según ella, ser su consentida. Me mataba a pajas pensando en Martina, incluso ya nos habíamos dado nuestro número de teléfono y nos mandábamos mensajes a menudo. Sabía que no hacía nada malo, la chica ya era mayor de edad 18 añitos recién cumplidos según el DNI que me enseñó, pero la veía tan…tan niña, tan infantil que parecía que estaba haciendo algo prohibido. Además, tenía esa pinta tan frágil, tan inocente que inspiraba una gran ternura y daban ganas de abrazarla y comértela a besos. El día que subió aún más nuestro nivel de confianza fue cuando llegué al centro comercial y la encontré mirando ropa. Miraba unos polos de manga larga y cuando me vio vino hacia mí se colgó de mi cuello, me dio un pico en los labios y se abrazó a mí. —Que ganas tenia de verte, te he echado de menos. Me dijo mimosa. —Yo también te he echado de menos, dije mirándola con cariño. Dime, ¿Qué estabas mirando? ¿Me lo enseñas? Cuando vi lo que quería y que encima no llegaba a cinco euros la prenda le dije que escogiera dos, los que más le gustasen y fuese a probárselos. Me dijo que la acompañase, pero me quedé de piedra cuando me invitó a entrar con ella al probador, yo la miraba embobado y fue cuando ella con toda naturalidad se quitó la sudadera dejándome ver sus tetas enfundadas en un sujetador n***o. Me quede alucinado, esa niña al llevar una prenda tan holgada no se adivinaba el pecho que tenía, pero ahora me mostraba orgullosa esas dos tremendas tetazas que pedían a gritos ser devoradas. Martina vio mi mirada perdida en ella y me lo preguntó, como si no supiese la respuesta. —¿Te gustan? ¿Te parecen bonitas? Preguntó muy sensualmente. —Creo que es lo más bonito que he visto. Dije excitado. Se probó uno de los polos, luego el otro, se miró y remiró y entonces hizo algo que ya cambió todo entre nosotros, se quitó el polo que tenía puesto y echando sus manitas a la espalda se deshizo de su sujetador mostrándome unas tetas preciosas, altivas, duras, que desafiaban a la gravedad sin problemas con una areola marrón pequeñita y un pezón duro como el diamante. Ella estaba frente al espejo mirándose, yo detrás de ella mirando como si lo que estuviera ocurriendo fuera surrealista.
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