Moisés llegó a su casa y se acostó sin ducharse, no quería borrar de su cuerpo los rastros de Jazmín, se quedó dormido con prontitud, en un sueño apacible donde repetía una y otra vez su momento de intimidad con ella, al amanecer tuvo la verdad muy clara. —¡Estoy jodidamente enamorado de Jazmín! —se levantó emocionado. Pensaba ducharse, arreglarse para ir a buscarla, necesitaba, verla, conversar, aclarar dudas, las cuales revoloteaban en la cabeza, situaciones sin explicación. Sonrió feliz, no podía creer su suerte, al fin la mujer a quien había amado desde siempre, iba a aceptarlo en su vida. Una vez listo tomó la motocicleta del hermano y salió a la casa grande, cuando llegó, le informaron que la chica probablemente estaba en la Tasca de Aurelio, pues todos los sábados amanecía allí c

