— Alicia... —empezó a decir Helena. Pero sus padres los habían rodeado y todo el mundo se puso a hablar a la vez. — Ya era hora —decía Jorge Román, abrazando a Dante. — Papa... —intentó hablar Helena. — Desde luego que sí —decía Ramiro Camacho, dándole a su hijo un golpe en la espalda. — Mira, papá... —empezó a decir Dante. Nadie estaba escuchando. — Creí que nunca se iban a dar cuenta de que son perfectos el uno para el otro —decía Leonor Camacho, abrazando a su hijo. Consuelo Román le dio a su hija un sonoro beso y Helena miró a Dante, desesperada. — Soy tan feliz, Helena —decía su madre, con lágrimas en los ojos. — No puedo creer que son novios y no me lo habéis dicho —estaba diciendo Alicia—. Y tú que me hiciste creer que la traías a Juneport solo para

