Cuando llegaron al estado de Oregón, Helena empezó a sentir mariposas en el estómago. Miró a Dante para decir algo, pero él seguía con la misma expresión hosca que había mantenido durante toda la mañana y prefirió no hablar. Un inmenso bosque recorría el borde de la carretera pero, por primera vez en su vida, Helena no se sentía emocionada por el paisaje. Ni siquiera las viejas secuoyas eran una distracción. Pronto llegarían a casa. A Juneport. Y estarían rodeados de familiares y amigos. Y aquel... interludio se habría terminado. La desilusión y la desesperanza empezaban a atenazar su corazón. Iba a echar de menos a Dante. Echaría de menos estar a solas con él. Bromear y reír con él. Hacer el amor con él... No podía dejar de pensar en ello. No podía dejar de vi

