Capitulo 8

2549 Words
Tu nunca… —Hola, cariño— me saluda Chris de besos y toma mis manos para calentarlas. Otro día que nos veíamos a las afueras del colegio de mi ardillita y nuevamente mi hermana no quiso saber de mí. —Hola, irlandés. Te dije que no era necesario que vinieras para acá, yo iba a ir a tu hotel. —Es que quería saludar a tu hermana y por fin conocerla, pero creo que nuevamente no alcancé. Los nervios empezaron a aflorar en mí, otro día manteniendo la mentira y ya no sabía cómo explicarle que mi hermanita no quería saber nada de mí y que de paso él era una persona non grata para ella. —Tranquilo, todavía tenemos tiempo, así que deja de preocuparte por mi hermana y vamos a desayunar, hoy tengo mucho trabajo y puedo estar solo un ratito contigo. Lo cuál era otra mentira más que sumaba a mi historial. Hoy, me entregaban mis exámenes y tenía programada una hora al doctor por lo que apuré la marcha y lo llevé a nuestro café. Tomamos desayuno y de verdad que disfrutaba estos momentos con él, cuando me contaba de su padre y su hermano y de lo felices que estaban por que él regresaría a casa. —Cuando los conozcas te amarán, ellos son mis grandes ejemplos a seguir y te prometo que serás bien recibida. —¿Ya les hablaste de mí?— dejó de mirarme y noté que se avergonzaba, eso quería decir que… —Elloa saben que viajo contigo, eso es lo que vale y ya deja de preocuparte, mujer. Verás que ellos te amarán tanto como yo. De nuevo había interpretado mal las señales, él sí les había hablado de mí y eso me puso feliz. Cuando la hora para ir a la consulta del médico estaba próxima tuve que despedirme de él, nuestro viaje estaba programado para el viernes, aún quedaban unos días para poder solucionar todo con mi ardillita y poder viajar con tranquilidad. Llegué cinco minutos antes a la consulta y pasé por el laboratorio para pedir mis exámenes. Luego, me dirigí a la consulta del doctor e hice mi anuncio con su secretaria. Pasaron dos pacientes antes que yo y ver a esas mujeres embarazadas me dio algo de envidia, eso era lo que tanto anhelaba para mí en estos momentos, era lo único que me daría la estabilidad que necesitaba. —Señorita Arismendi, por favor puede pasar. Entré a la consulta del médico y lo saludé amablemente, él me miró con su cara sonriente y me indicó que me sentara. Estiró su mano y le entregué mis exámenes. Una vez que me senté el sacó los documentos del sobre y comenzó a leerlos en silencio, sus facciones fueron cambiando y de la nada suspiró. —Macarena… —No estoy embarazada, es eso lo que me quiere decir ¿no? —Por desgracia, esto va más allá de estar o no embarazada, tus exámenes me confirman la sospecha que tenía y no son nada alentadores. —Dígame ya lo que me está pasando doctor— digo molesta, ya qué más daba si no estaba embarazada solo tenía que seguir intentando y listo. —Macarena, quiero que entiendas que en tu caso tu nunca podrás quedar embarazada. —¿Qué? —Tus exámenes arrojaron que tienes un tumor maligno en la parte inferior del útero— dice de forma lapidaria y el mundo se me cae encima. —Pero… pero doctor, yo jamás he tenido molestias, salvo esta vez, por eso vine a verle. —Es posible que no se presenten síntomas y es lo más probable que haya pasado en tu caso. Lo siento mucho, muchacha, pero debemos de hacer otros estudios para ver en qué etapa estar y saber qué tratamiento es el más apropiado para… —¿Está loco? ¡Esto debe ser una puta mentira! Yo siempre he sido una mujer sana, esos exámenes no pueden estar correctos yo… yo… Me largo a llorar, no aguanto más, esto de verdad que no me podía estar pasando a mí, no… esto no puede ser cierto. —Macarena, tranquilízate, debemos ver bien tu estado y comenzar con el tratamiento. Por lo pronto te enviaré a que te hagas una prueba conjunta de Pap y de VPH. Es lo más seguro para determinar la situación en que te encuentras. Este examen es una combinación de las dos pruebas para detectar los tipos de VPH de riesgo alto y los cambios en las células del cuello uterino. Una vez que tengamos ese resultado sabremos que tratamiento es el más apropiado para ti y… —No. Me niego a creer lo que dice, entrégueme mis exámenes, necesito otra opinión, usted me está mintiendo. —Entiendo tu situación, pero estoy seguro que cualquiera de mis colegas te dirá lo mismo y entre más pronto te comiences a tratar tu estándar de vida podrá mejorar. —Ya le dije que me devuelva mis papeles. No necesito de un medicucho como usted. —Si así lo deseas, ahí están, pero de verdad muchacha, es urgente que te hagas ver y pronto. Salí de la consulta y como pude fui a ver a otro médico y luego a otro y a otro. Todos me dieron el mismo diagnóstico que el primero. Volví a la consulta de mi doctor con los ojos llorosos y sufriendo lo indecible, ¿Sería esta la forma en que estaba pagando por mentir? ¿qué haría ahora? Voy llegando al edificio y en la entrada me encuentro con el médico que me mira con lástima . —Veo que no estaba equivocado. —Doctor ¿Qué haré? Si a mí me pasa algo ¿Quién cuidará de mi hermana? —Veamos primero lo que pasa con tu cuerpo y después de eso decidiremos. Los tratamientos, dependiendo del estado en que estés, incluyen cirugía, radioterapia y quimioterapia. Pero entiende que si no te tratas lo más probable es que nada bueno pase. —Sé las consecuencias doctor, pero por qué, yo toda la vida me he cuidado, soy una mujer sana sin ninguna operación. No lo entiendo. Comienzo a llorar y de la nada siento que desfallezco, lo siguiente pasa como en cámara lenta, siento que alguien me toma y gritos, pero mi cuerpo no responde. Han pasado varias horas, abro mis ojos y ahí me doy cuenta que me encuentro en la cama de un hospital. —Hola, linda. Bienvenida— me dice una mujer que debe ser una enfermera, por la cofia que veo en su cabeza. —¿Qué me pasó? —Sufriste una crisis y en estos momentos te encuentras en el hospital, por suerte el doctor Díaz te trajo y ya estás en tratamiento. Siento un dolor intenso en mi bajo vientre y como puedo me toco. » No lo hagas, cariño. Te pondré más calmantes en la vía y te dejaré descansar, aprovecharé se llamar al doctor para avisarle que despertaste y que él sea el que te explique lo que te ha pasado. La enfermera sale de la habitación, veo hacia todos lados y trato de buscar mi celular, es de noche y había quedado de ver a Chris en el club, pero es poco lo que puedo moverme por la molesto que siento, eso debe ser porque aún no me hacen efecto los calmantes. A los pocos minutos aparece el doctor que me mira nuevamente con lástima. —Hola, Macarena. —Doctor… —Tranquila, no hables mucho, aún estás convaleciente. Me imagino que quieres saber ¿Qué te pasó? —Por favor, dígamelo sin anestesia —sonrío a penas y el arrima una silla junto a la cama y se sienta. —Necesito que estés tranquila, te desmayaste debido al estrés de la situación. Perdóname, pero aproveché de hacerte los exámenes para verificar tu condición y por desgracia llegamos tarde, tu cáncer está en etapa terminal y ya has hecho metástasis en otros órganos, lo siento tanto. —Qué loca es la vida ¿no? ¿Cuánto me queda? —Con el tratamiento paliativo alrededor de tres meses, tienes que entender que esto solo será para calmar los dolores y las molestias propias de tu cáncer, pero no hay vuelta atrás. Siento como las lágrimas caen por mis mejillas y el doctor las limpia con su pulgar, esto era lo último que me faltaba, cuando por fin encontraba una salida a mi vida de mierda, la realidad me atacó. ¿Qué haría ahora? ¿Debo llamar a Christian y decírselo? ¿Y mi hermana? —¿Cuándo me puedo ir? —No estás en condiciones de hacerlo, Macarena. Tu condición es seria y debemos tratarte para… —Para nada, si igual me voy a morir ¿no? —No seas terca, el tratamiento te dará un tiempo de vida para que puedas estar con los tuyos y dejar todo listo. Sé que es fuerte y doloroso lo que te acabo de decir, pero tienes que entender que tu cáncer ya estaba muy avanzado, de verdad lo siento mucho, Macarena. —Necesito salir de aquí, doctor, por favor. Tengo que ver a mi hermana y a mi novio, ellos. —Puedes pedirles que vengan. —¡No! Necesito salir de aquí y prometo que volveré para hacer lo que usted dice, por favor. —¿Estás segura? Me prometes no volver a huir— me pregunta, como sabiendo la respuesta, pero era necesario, debía hacer bien las cosas. Asiento a su pregunta y el se levanta de la silla— Veré el papeleo para tu alta, pero será bajo tu responsabilidad. De verdad, Maca que entiendo lo que estás pasando y por eso confiaré en ti. A los pocos minutos de que el doctor Díaz salió de la habitación, entró la enfermera, ella amablemente me ayudó a levantarme y vestirme, el dolor era demasiado intenso, pero debía salir de aquí, una vez lista y con mi alta y remedios en la mano salí del hospital y me dirigí a la estación de metro, no lo pensé y enfilé mis pasos hasta el colegio de Rocío. Al llegar, vi que mi hermana entraba con Clara, estaba feliz y reía como una loquilla, pero al verme cambió su sonrisa por una mirada seria. Le sonreí y me acerqué a ellas, esperaba que no me rechazara como había hecho los días anteriores. Clara, le tocó el hombro y algo le dijo antes de entrar al colegio y dejarnos solas. —Ardillita. —Hola, Macarena. —Mi niña no estés enojada conmigo, todo lo que he hecho es porque. —Tranquila, ahora lo entiendo y no te preocupes, sigue con tu vida, que yo seguiré con la mía. La señora Almendra me ha pedido que me quede con ellos, no sé si será lo mejor, pero es lo que tengo en estos momentos. Vete tranquila, se feliz, hermana. Te lo mereces. Ro, me abrazó como si se estuviera despidiendo de mí para siempre, lo que no distaba tanto de la realidad. Me aferré a su cuerpo con todo el amor que le tenía y besé sus mejillas apretándolas como siempre lo hacia. —No olvides nunca todo lo que te amo, mi ardillita. Pronto sabrás de mí. Te amo. Solté su agarre y le indiqué que entrara a su colegio, justo habían tocado el timbre y no queria que tuviera más problemas por mi culpa. —¡Maca! Diablos, de nuevo no pude saludar a tu hermana— me dice Chris llegando a mi lado, le sonreí como si nada pasara y lo abracé — ¿por qué lloras preciosa? —Es que me asusta dejar s mi hermanita, esta será la primera vez que estaremos separadas. —Tranquila, preciosa. Ella entenderá y cuando ya estemos instalados podrás llevarla de visita a Dublín. Sonreí por cortesía, él no me habría aceptado con ella a cuestas, pero quién me entendía si yo misma lo había pensado. Los siguientes días me quedaba en el día con Chris y en las noches volvía a la soledad de mi casa. Comencé a ordenar mis cosas y dejar escritas algunas cartas. Era mi forma de despedirme de todo y de todos. El día antes del viaje decidí que nos quedáramos por separado, aunque Chris no quería era lo mejor y otra vez le mentí. Le dije que pasaría la noche con mi hermana para despedirme y él como siempre me creyó. Por la mañana, tomé mis cosas y cerré la puerta de nuestro departamento. Hablé con la señora Almendra y le entregué una caja para mi hermana. Ese fin de semana, las chicas estarían en un paseo escolar en Barcelona, así que no podría despedirme de ella. —¿Estás segura de irte, Macarena? —Es lo mejor que puedo hacer, por mi bien y por el de ella. —Está bien, te entiendo, pero no lo puedo aprobar. Por lo pronto, Rocío se quedará con nosotros y espero que no te desaparezcas así de fácil de su vida, ella solo te tiene a ti. —Lo sé y se lo agradezco, prometo llamarla todos los días y estar en contacto. —Cuídate, mi niña. Que dios te acompañe. Me despedí de la señora Almendra y salí de esa casa, ahora me faltaba mi último destino. Tomé un taxi hasta el aeropuerto y al llegar ahí me senté en una banca afuera. Veía pasar a la gente, todos estaban felices. Los besos y los abrazos de las personas que llegaban o se iban era un espectáculo digno de apreciar. En ese momento lo vi bajar de un taxi y me levanté para despedirme, pero mi cobardía pudo más. Tomo mi teléfono y marco su número. —Chris… —Ya estaba pensando que me dejarías botado en medio del aeropuerto, ¿Dónde estás? —Christian… Lo siento, no iré— lo digo rápido para no arrepentirme. —¿De qué coño estás hablando Macarena?— está molesto y lo entiendo, pero esto es lo mejor. —Fue bonito mientras duró, pero me di cuenta de que nuestras historias están en páginas distintas y no me puedo ir, no te amo lo suficiente como para dejar mi vida en Madrid así de fácil, lo siento. —Macarena, no te entiendo, dime dónde estás y yo… —No es necesario que me busques, Christian. Ya lo he decido, eres un chico grandioso, pero sé que no estoy dispuesta a dejar todo por ti, discúlpame. Limpio las lágrimas que caen por mis mejillas y camino por la vía hacia el acceso de los buses, había decidido internarme, por lo menos el dolor que tengo será menos fuerte. Estoy tan enfocada en mi dolor que no escucho a nada ni a nadie a mi alrededor, cruzo el paso de cebra y siento nuevamente el dolor recalcitrante en mi bajo vientre, en cuestión de segundos escucho un grito y solo veo una luz acercarse, luego el golpe y después oscuridad. Lo único que se me vino a la cabeza es que a mi ardillita, la dejaría sola y sin nadie que la protegiera. . ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2411069042692
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD