¿Cómo una persona podía cambiar el estado de ánimo en un solo segundo? Se preguntaban los dos. Ana Paula pasó tres meses añorando poder verlo, sentirlo, olerlo, acariciarlo, abrazarlo, besarlo y hundirse en su pecho mientras aquellos brazos fuertes la estrujaban con delicadeza. Ella deliraba mientras se abrazaba a él. Y él se llenaba de energía mientras ella le respiraba muy cerca del cuello. Ella levantó el rostro y él lo bajó, una conexión de miradas hizo revoletear la guata de ambos, volvieron a unirse en un beso apasionado y ardiente que al terminarlo querían más y no dejaron de besarse hasta que quedaron zaceados. Ana Paula no podía dejar de expresar lo feliz que se sentía de que él estuviera ahí. Nunca antes lo había extrañado tanto como lo extrañó esos tres meses, eternos tres

