Había imaginado a su familia descendiendo del jet con una gran sonrisa, con los ojos maravillados del último lugar donde los llevaría, porque ese era el último lugar donde podía recurrir, era su isla, suya y de ellos. Invirtió mucho dinero para comprar esa inmensa isla, la abasteció como para cien años. Era ahí donde se refundiría junto a ellos cuando todo acabara, pero no era en ese preciso momento que lo haría, y tampoco de esa forma, con dos menos de sus familiares. Se suponía que su tío Liam bajaría del jet por sus propios pies, se suponía que al igual que los demás él disfrutaría de aquella maravillosa vista, no obstante, él no pudo bajar por si solo, necesitó de seis hombres para hacerlo, y no precisamente sintiendo la brisa fresca del mar, inhalando con sus pulmones el aire puro

