Ese día, al llegar a su casa y luego de cenar con su padre, Clarice entró en su habitación a descansar, pero casi enseguida recibió una llamada inesperada. —¡Jackson! —lo saludó con ánimo. —Ey, Clarice, ¿cómo has estado? No te he visto más por el Hard Rock Stadio, aunque siempre saludo a tu padre. —Estoy trabajando en el Hospital infantil. Mi tiempo ahora es oro. —Supongo, trabajar allí debe ser una locura. —Más o menos, pero… Me encanta tu llamada. ¿Qué has estado haciendo, además de jugar fútbol americano? —Por ahora, solo eso. Ando un poco perdido, quiero iniciar otros proyectos, pero lo estoy pensando. —Ojalá aclares pronto tus ideas. —Oye, anoche estuve chateando con unas amigas y me comentaron que vieron a Travis el sábado en la discoteca que está por Grapeland Heights. Que l

