Esta vez, Clarice no iba a permitir que Travis la dejara sin una explicación. Lo siguió por el pasillo y entró en su habitación sin tocar la puerta. Él se dirigía hacia el escritorio ubicado cerca de la cama, pero al escuchar que ella invadía su espacio privado enseguida giró la silla para enfrentarla. —¿Qué haces aquí? —preguntó molesto. —Vine a que hablemos de lo sucedido con tu tío —exigió cruzándose de brazos. —¿Qué quieres que hablemos? Escuchaste toda la conversación. Conoces bien los detalles. —Pero desconozco los que no son visibles. Él giró la silla para darle la espalda. Se sentía tan molesto que necesitaba estar solo. Pero la mujer fue más terca y se aproximó sentándose en el borde de la cama, así volvían a estar cara a cara. —¿Por qué no quieres ver a un psicólogo? En

