Salieron de la clínica en dirección a la mansión. Clarice estuvo preocupada por Travis. Se notaba tenso, incómodo. Tenía demasiadas cosas en la cabeza en qué pensar, eso no sería bueno para su recuperación. Entraron por la puerta de servicio, donde los esperaba el vigilante para darles acceso. —¿Todo ha estado bien? —preguntó él al guardia. —Sí, señor Wagner. Hoy no hemos tenido visitas repentinas y el personal se ha mantenido en sus puestos. —Gracias. Dexter los dirigió por la terraza hacia el pasillo de las habitaciones. De allí pasaron al dormitorio de Travis. Al estar adentro y seguros, él apoyó un codo en el reposabrazos de la silla y se frotó la frente en una expresión de cansancio. —¿Estás bien? —quiso saber Clarice arrodillándose frente a él. —No sé, la verdad. —Es mucho l

