Ambos estaban tan sumidos en aquel delicioso y anhelado beso, que se asustaron cuando escucharon ruidos en los alrededores. Clarice saltó de encima de Travis para ponerse de pie mientras él se mostraba perturbado y con el rostro colorado por el deseo y la ansiedad. —Disculpen, ¿Clarice comerá con nosotros esta tarde? —preguntó Dexter haciéndose el ignorante, aunque había sido testigo de lo sucedido entre ambos. —¡Sí! —respondió Travis de mala gana y fulminó a su amigo con una mirada salvaje. —Bien, mandaré a poner otro puesto en la mesa. Como Clarice le había estado dando la espalda al hombre y tenía los ojos cerrados con fuerza, no llegó a ver cuando él se retiró a la cocina con una sonrisa divertida. Quedó agitada por culpa de la vergüenza y el deseo. Se había cubierto la boca con

