Clarice se reunió de nuevo con su amiga Sharon, pero esta vez, en un café ubicado cerca de la trabajo de la mujer. —No vuelvo a ir a un bar contigo —le reprochó, mientras las dos disfrutaban de un rico capuchino y unas pastas dulces. —Tonta, solo necesité una descarga. El alcohol me ayudó a desinhibirme. —Sí, ya veo. Te desinhibiste tanto que te volviste una acosadora. Menos mal que no sabes usar cuchillos o pistolas, porque si no, pobre Travis. De esa sí no se salvaba. Clarice manoteó a su amiga como regaño. —Logré que me aceptara como su fisioterapeuta. —Claro, si te metiste en su cama. Así cualquiera acepta. —¿Vas a seguir sermoneándome? —preguntó molesta. —No te sermoneo. Más bien, te miro, te observo, te analizo y te respeto. —Sharon se carcajeó luego de decir aquello, fastidi

