Clarice se presentó en la mansión para una nueva sesión de fisioterapia. Travis la recibió en la entrada, esta vez, algo inquieto. —Hoy sí haremos ejercicios —dictó ella como saludo. Él puso los ojos en blanco y una cara de molestia que a ella le arrancó una sonrisa. Parecía un niño al que le impedían salir a jugar en un día soleado. Fueron al gimnasio y se prepararon para iniciar el trabajo. —¿Cómo estuvo la celebración de ayer? —preguntó él con precaución, como si temiera indagar sobre aquel tema. Clarice le había informado de la invitación que les había hecho llegar Marian, a ella y a su padre. —La verdad es que estuvo genial. Papá disfrutó la salida. Esta vez conversó mucho porque la mayoría de los temas que tocaban estaban centrados en recuerdos del pasado, de las actividades ac

