Primero llevaron a Sharon a su casa antes de enrumbarse a la mansión. Accedieron por la entrada de servicio, donde se encontraba un vigilante de mediana edad con quien Travis parecía tener mucha confianza. Permitió que el hombre lo ayudara a subirse a la silla y le agradeció sus favores, luego se dirigieron a la habitación de él. Adentro, Clarice fue al baño a provocarse el vómito. Así terminaba de sacar de su interior todo lo que había bebido esa noche. —¿Mejor? —preguntó Travis cuando ella se sentó en un sillón. —No sé por qué bebo, si sé que terminaré así siempre —confesó frotándose el rostro para despejarse la mente. —Quizás, eres un poco masoquista —la regañó él con una sonrisa. Ella lo observó con reproche. —Todo es por tu culpa. —¿Por mi culpa? —Me haces enfadar y por eso

