Travis se inquietó por el estado en el que se encontraba Clarice. No podía culparla por sentirse tan molesta, pero de esa manera no lo ayudaba a solventar aquel problema. Se acercó a la mujer y la tomó de la mano buscando serenar sus emociones. —No quiero que sea un adiós, te juro que ese no es mi deseo, pero no sé de qué otra manera mantener lo nuestro a partir de ahora. Ella se mostró desconcertada y volvió a arrodillarse frente a él. —¿Estás decidido a llevar adelante una batalla tú solo contra tus tíos? —No puede ser de otra forma —reveló con determinación—. Esto me lo busqué yo, solo yo puedo deshacerlo. No será sencillo, Clarice, porque como te dije, ellos serán implacables, y yo también lo seré. —Implacables, ¿en qué sentido? —preguntó desesperada. —Ninguno dará su brazo a to

