Clarice decidió encontrarse con Travis, no podía evitarlo. Él era como un fuerte imán que la atraía. Al salir del hospital caminó un buen rato mientras reflexionaba y calmaba los dolores de su corazón, pero aquello era imposible. La única forma de sanar sus ansiedades era estando con él. Travis era su veneno, pero también su medicina. Llegó al hotel donde él la había citado, era uno de los más elegantes de la ciudad. Se dirigió al restaurante mirando maravillada el lujo que ostentaba y el estilo distinguido de las personas que utilizaban sus instalaciones. Se sintió pequeña, insignificante. Ella no era nadie para estar allí, ni siquiera estaba vestida de manera adecuada. No pudo evitar imaginarse a Charlotte Davies caminando con elegancia por aquellos esplendorosos pasillos y saluda

