18 Pero el camión no daba señales de partir y hasta los oídos de los dos muchachos llegaron, nítidas, las voces de dos hombres. Nero gañía de impaciencia y tal vez de miedo a que volvieran sus carceleros. Lira retenía a Iac y lo instaba con gestos a guardar silencio. Los hombres hablaban entre sí: de depósitos, de bolsas, de recibos. Hicieron algún comentario sobre el perro, pero ninguno de los dos se molestó en intentar liberarlo ni se preguntaron de quién sería. Tal vez dieran por descontado que alguien volvería a recogerlo. Tenían todo el aspecto de haber de dejar pasar el tiempo: se contaban sucesos de poca importancia, pagos del préstamo, plazos del coche. Uno explicó al otro que su empresa había quebrado y que a él le habían quedado cuatro cargas de material tóxico que tratar. El ot

