21 El fuego era un muro y marcaba toda la línea de los bidones. Había atacado también a una parte de las bolsas de basura, cuyo hedor se pegaba a la nariz y parecía volverse sólido. Iac empezó a toser y le daban ganas de vomitar por el denso humo que le obstruía las vías respiratorias. Lira se esforzaba por seguirlo, pero permanecía siempre un paso más atrás. Buscaba un agujero por el que meterse para superar las llamas, pero no se veía ningún resquicio. No se veía lo que se dice nada. Entretanto, se oía ladrar, fuerte y sin tregua, a Nerone, apresado entre las paredes metálicas que se volvían cada vez más candentes a medida que transcurrían los minutos.

