—Es que lo he descubierto todo... Usted se comió a la señorita... —¡Shh! Cállate si no quieres que te despida. Abre sus ojos asustado. —No, por favor, señor, no me despida... No me despida porque ahora ya no puedo conducir y usted tampoco puede. Arrugo el entrecejo. —Deja de preocuparte, Darwin, voy a llevarte a tu casa y luego arreglaré mis asuntos contigo, Crystal —le clavo la mirada. —Yo no creo que haya grandes asuntos. Simplemente ayudé a una amiga, seguí sus indicaciones y no es mi culpa que tú te hayas confundido. Ruedo los ojos y arrastro a Darwin hasta el auto. —Señor, le dije que no era buena idea que yo bebiera. —Acabo de descubrirlo, Darwin, no digas más. Escucho el repiqueteo de sus zapatos detrás de mí. —No puedes juzgarnos. Yo no sabía que era tan importante que t

