—¡Ya lo escuchaste! —dijo Maju. —Puedo estar en mi casa, con una enfermera… —Negado. —miré a Maju—. Cargas a María Paula y ella está pesada en un mes, cumple el año y está gordita. —Lo dijo con ternura y a mí se me infló el pecho. —Entendido, pero tráiganme a la niña todos los días. —Esa será la tarea de Dilia. —Las dejo, terminé el turno. —Gracias, Benjamín. —De nada, Maju. —A mi hermana la quieren mucho y quien no, me tomó de la mano. —No voy a volver a dejarte sola nunca. Eres de admirar hermanita. —Buenos días. —Era el padre Castro quien tocaba en la puerta—. Alguien me informó que estabas aquí. —Siga padre. —dije. —¿Ya todo está controlado? —Sí, al parecer tendrá incapacidad por el resto del embarazo. —Le comentó Maju. —Es mucho tiempo y las fundaciones. —Si no te h

