Hago el amor no la guerra

3965 Words
Capítulo 2 Hago el amor no la guerra Grace Abbey Cerré la puerta con un fuerte golpe al salir, estaba verdaderamente enfadada por lo que ese hombre había hecho. Mis padres eran demasiado exigentes con los estudios y yo demasiado abandonada, pero hasta el momento no habían recibido una queja de mí, pues escondía mis desastres muy bien. Tome aire y pensé en que podría hacer. Gritarle a mi profesor no está en la lista. «Maldición.» Abrí la puerta sin ni siquiera tocar antes, ya estaba empezando mal y pude verlo en su rostro molesto cuando camine al interior de la oficina. —Lamento mucho lo ocurrido, deberíamos empezar otra vez. —dije, estirando mi mano a modo de saludo y mostrando una enorme sonrisa, nada sincera, pero sí enorme. Él se levantó, me asusté, pero solo tomo su maletín y paso a mi lado dando grandes zancadas hacia la puerta. Me interpuse entre el y la puerta con los brazos estirados. —Señorita Abbey deseo ir a clases ahora —anuncio en un tono relajado, pero bastante directo. —Olvida el Abbey tienes permiso para llamarme como sea, pero por favor no me expulse. -suplique uniendo mis palmas frente a mi rostro. Odiaba su mirada arrogante -Esa no es mi decisión. Salga ya de la oficina. —¡Piedad, señor Caruso! —me vi silenciada por él. Estaba presionando su palma contra mi boca, era demasiado cercano tratándose de él, pero sentí miedo. Sus ojos estaban cargados de furia. —Consideraré buscar una solución —hablo en voz baja mirándome fijamente a los ojos-, pero cállese la boca y déjeme salir. Asentí con la cabeza, pues aún no me dejaba hablar. Me libero y me hice a un lado, pero no lo dejaría irse sin una explicación, así que sostuve el pomo de la puerta con mi mano antes de que él pudiera tomarlo. —¿Que tipo de solución? —pregunte, apretando mis labios. Nada de lo que pensará este hombre podría ser bueno para mí. Cerro los ojos visiblemente agotados. Cuando quería podía ser muy irritable y él ya había sido víctima de ello. —Eso no le incumbe de momento, señorita Grace. —dijo, demasiado serio. Acomodó su chaqueta y tiro de mi brazo para abrir la puerta. Estaba muerta, pero si yo me hundía él lo haría conmigo. Había llegado el fin de semana, estaba agradecida porque no tendría que soportar a Luka Caruso en clases, pero a la vez lo odiaba y todo este día me recordaba a él. En cuento llegué a casa el viernes por la tarde, mis padres me castigaron por mis bajas notas y mal comportamiento en clases, por suerte Luka no específico y eso es algo por lo que debería estar agradecida, supongo. Sería bastante vergonzoso que mis padres supieran que deseaba ser la esponja de baño de mi antipático profesor de filosofía y que a demás golpee su coche mientras estaba borracha en lo que debería haber sido una tranquila pijamada. Si lo hubiesen sabido estaría en un convento y no aquí. -Entonces digamos que no empezaste con buen pie con el señor Caruso -hablo Greta detrás de la línea. Deje mis dibujos a un lado. —Ese hombre es un idiota. —declare, con la cabeza colgando fuera de la cama. —¿Y ahora que estás haciendo? —pregunto Greta. —Se cree don perfecto por tener esa cara estirada y traje bonito —me levanté de la cama y patee el aire. Si tan solo lo tuviera frente a mí—. Además, es un psicópata, nadie en el mundo mantiene el vaso sobre el portavaso. —En realidad todo el mundo lo hace y te preguntaba que estabas haciendo ahora, no que te parecían los trajes y desórdenes mentales de Caruso. —Greta parecía divertirse con esto, yo quería morir. —Ahora estoy castigada y limpiando mi habitación. —declare, mirando el desorden a mi alrededor. —¿La estás limpiando? —pregunto, con un poco de asombro. —Intento mover el desorden con la mente como el calvo de los X-Men. —le informé. No había funcionado. —Estoy segura de que no hacía eso. —respondió Greta. Me asomé a la ventana de mi habitación, hacía un lindo día y yo ni siquiera podía salir de estas cuatro paredes. Me sentía Fiona encerrada en el castillo, solo que yo no tenía a un príncipe encantador, ni a un ogro. Palidecí al ver el coche que estaba estacionado frente a casa, ya lo dije en este lugar no hay dos iguales, mi dragón me estaba amenazando. Estire la camiseta gastada de Bon Jovi que llevaba en un intento de quitarle las arrugas, no hubo mucha diferencia, pero no me importo, ya estaba bajando las escaleras a grandes zancadas. —Estamos muy agradecidos con esa oportunidad, señor Caruso. —escuché la voz de mi madre desde el salón. —Puede llamarme Luka. —¿Qué haces aquí? —interrumpí atravesando el arco que daba comienzo al salón de un salto. El rostro de mi madre se enrojeció y los labios de mi padre se volvieron una línea fina al verme entrar. Esto sumaria días a mi condena, quizás una eternidad. —Grace saluda a tu profesor como es debido —ordeno papá en su habitual tono tranquilo, pero amenazador. Mire al psicópata que se encontraba sentado en mi salón, él me miró también esperando que dijera algo. Lo odiaba, ya era oficial. —Disculpa. Buenas tardes, Luka Caruso. —enfatice en su nombre y no lo llame señor, no entendía por qué todos lo hacían. Era molesto. Estaba vestido con una camisa sencilla y pantalones azules desgastados, con deportivas. El cabello no estaba perfectamente estirado, parecía más descuidado de lo común y aun así se veía demasiado arreglado para ser un domingo. El salón había quedado impregnado de su olor, lavanda y menta, era extraño que un hombre oliera así, la mayoría que había conocido solo olían a goma de mascar y cigarrillos. Lo más importante, ¿qué hacía aquí? —El señor Caruso se ha comprometido a ayudarte a mejorar tus notas, mediante tutorías y trabajos extras —explico mamá. —¿Tuto..., que y trabajos qué? —estaba confundida. Esto era peor que un castigo durante el fin de semana o limpiar mi habitación. Tendría que pasar tiempo con don perfecto. Quizás me contaminará con su aburrimiento y terminaría teniendo una cara larga como la de él. —Tutorías y trabajos —repitió Luka. Mamá me miraba molesta y papá simplemente no me miraba. —Genial. Iré a terminar de limpiar —me di la vuelta y subí a mi habitación. ¿Qué se suponía que debía hacer? Nada bueno seguramente. Me vestí con unos pantalones sueltos oscuros y tome unas deportivas, abrí la ventana y las lance afuera, estás cayeron a un lado del coche. Había bajado por mi ventana un montón de veces para ir a fiestas y esta vez era mucho más importante. Tenía que deshacerme de un profesor. —Fue un placer —me quedé muy quieta cuando escuché la voz de mis padres y la de Luka en la entrada. Este salió del porche, no podía permitir que se subiera a su coche. —¡Luka espera! —le grité dejándome caer, la distancia ya era corta. —¡Estás loca! —exclamó demasiado sorprendido y algo alterado—. ¡Grace pudiste matarte! —¿Esto es a lo que llamas solución? ¿Condenarme a una vida de aburrimiento a tu lado? —pregunté acercándome a él. —En realidad hablé con la directora y ella propuso las tutorías, pensé que debería hablarlo con tus padres para así evitarte un problema —explico rodeando el coche para entrar. Abrí la puerta del pasajero y entre. Por dentro, era mucho más bonito y lujoso. —¿De qué manera me evitaría un problema eso? —pregunté mirando mi rostro en el espejo—. ¡No me peine! —Grace baja de mi coche —pidió muy despacio. —Al centro, por favor —pedí colocándome el cinturón de seguridad—. ¿Cómo un profesor puede pagar un coche así? ¿Algunas ilegalidades que me quieras contar? —Soy tu profesor. —ignoro mis preguntas. —¿Quieres una medalla por eso? Llévame al centro, vamos rápido. —insistí. Él siguió mirándome, ya era molesto. Debía hacer que este hombre se convirtiera en un ser agradable de ser posible o tan solo que me tuviera paciencia y no terminará expulsándome o ahogándome en trabajos escolares. Él encendió el coche y se puso en marcha. Era un paso de avance. —Esto no es profesional. —dijo, mirando al frente molesto. —Venir a mi casa un domingo, tampoco lo es, ¿no descansas? —estaba haciendo muchas preguntas. Quería conocer su límite. —Por supuesto. —respondió. Ya lo notaba exasperado por mi presencia. —Bueno, siendo hoy domingo técnicamente no eres mi profesor, Luka —pronuncié su nombre con una sonrisa. Este sería su castigo por causar el mío. —Eres odiosa —respondió. Era lo más incorrecto que había dicho desde que lo conocía. Me acomodé en el asiento, ya había escuchado ese piropo antes y no me importaba. —¿Que edad tienes? —pregunte y él no respondió-. ¿Treinta, cuarenta, ochenta? Me miró mal —Veinte y ocho —respondió al fin. —No eres tan viejo para tener ese carácter —era lo más lindo que podría decirle. Habíamos llegado al centro, él estacionó el coche y yo me quedé esperando sentada como si nada. —Ya llegamos —anuncio algo que era lógico—. ¿No tenías que hacer algo en el centro? Negué con la cabeza —Solo quería dar un paseo, ya me puedes llevar de regreso, gracias. Luka Caruso, yo sería tu perdición. Grace Abbey. Grace Abbey. Grace Abbey. Había escuchado mi nombre salir de sus labios un millón de veces hoy y ya estaba agotada de tenerlo todo el día cerca de mí. No solo me mandó una infinidad de trabajos para entregar hoy mismo, sino que también se pasaba las horas vigilándome. Me había pasado toda la mañana en la biblioteca y de clase en clase, ya que debía terminar todo antes de que acabaran las clases. Tenía hambre y sueño, también deseaba arrancarle la cabeza, pero ya sabía que eso era mucho pedir. —En estos libros puedes encontrar información para tu último trabajo. —dejo dos libros pesados en la mesa. Lo miré mal ¿Tanto me odiaba este hombre? —Existe Google, gracias —respondí señalando mi laptop. —La idea es que estudies y que tus trabajos sean una conclusión de lo aprendido, no una copia de algo que leíste en Google, solo así subirás nota —explico. Lo ignoré —Oh, todopoderoso y sabio Google, enséñame a desaparecer el cuerpo de un profesor —le pedí a la laptop. No parecía molesto, más bien me estaba ignorando igual. Miró el reloj en su muñeca —Tengo una clase en tu salón, deja eso y vamos. ¿Cómo se suponía que terminaría esto si también tendría que estar presente en todas las clases? Ni siquiera me había dejado faltar a la de otros profesores. Era odioso, orgulloso y arrogante. Prácticamente, entre al salón corriendo y me senté junto a Greta. —¿Aún vive? —pregunto mirándome con una sonrisa en su rostro. Mi agotamiento y enfado eran visibles. —De momento. —Silencio señoritas o darán la clase en el pasillo. Los cuarenta y cinco minutos que duraba la clase con Luka transcurrieron sin interrupciones. Me había encontrado cabeceando, pero él se encargó de mantenerme despierta con pequeños golpes en la mesa de madera. Se paseaba por el salón hablando con entusiasmo sobre temas que a la mayoría seguramente no le interesaban, solo a Greta, pero ella era un cerebrito. —Mañana tendrán examen sobre lo estudiado hoy —anuncio antes de salir. —¿Qué dijo que hará? —pregunte levantándome de la silla rápidamente. —Examen mañana —repitió Greta. No era posible, corrí tras él. Estaba a punto de entrar en su oficina. Cuando abrió la puerta entre antes que él y me senté en el sillón azul marino que había en una esquina. —Es todo por hoy, Grace —dijo manteniendo la puerta abierta. —No es posible que hagas un examen mañana sobre lo que acabamos de discutir hoy, es injusto teniendo en cuenta la cantidad de trabajo que tengo. No tendré tiempo para estudiar —expliqué mi molestia de una manera rápida y segura. —El examen será de lo que acabamos de tratar hoy, no será difícil si prestaste atención —se defiende mientras recoge su escritorio con mucho cuidado. —Ya, pero estaba tan agotada que no escuché mucho —me cruce de brazos y me acerque a la mesa. Mire una carpeta que tenía la fecha de mañana, la abrí, pero antes de que pudiera mirar en su interior este me la quito y la guardo en su bolso. Eran los exámenes, sin duda. —No es mi problema, señorita Abbey. Salió de la oficina y yo lo hice detrás de él. Ya tenía suficiente. —Grace, ¿vienes a mi casa a estudiar? —sugirió Greta. —¿Trajiste tu moto? —le pregunté a mi amiga. —Sí —respondió siguiendo mi línea de visión. Estaba mirando a Luka Caruso mientras hablaba con otras estudiantes en la entrada. —Bien, tenemos que hacer una visita importante. Greta se detuvo en un bonito complejo de apartamentos en el centro. Sin duda este hombre no era un simple profesor ¿Cómo podría pagarse un apartamento en este lugar? Totalmente psicópata. Su coche había entrado en el garage y ya era demasiado peligroso seguirlo hasta ahí, así que permanecimos afuera. —¿Qué planeas hacer ahora? —pregunto Greta. No tenía una respuesta para ella—. Creo que sería más fácil estudiar. —Ya lo tengo. —me quité el casco y me dirigí al interior del edificio. Greta me seguía muy de cerca. El living del edificio era muy lujoso, amplio e iluminado, decorado en blanco y beige. Tenía dos ascensores y unas grandes escaleras de mármol. Me dirigí a los buzones negros y brillantes en busca de su nombre. —Aquí está —señaló Greta adivinando que hacía. «Luka Caruso, tercer piso, apartamento doce.» Perfecto, era brillante. —Puedo ayudarlas en algo —dijo alguien a nuestras espaldas. Era la portera, llevaba un traje oscuro. El cabello recogido a la perfección y un maquillaje ligero. Parecía agradable con sus labios rosas estirados para mostrar una bonita sonrisa. —No gracias, ya nos íbamos —se excusó Greta. Tome su mano para detenerla —En realidad sí —hora de actuar—. Vengo a visitar a mi novio, Luka. La mujer miró mi aspecto. Cabello medio recogido, una camiseta de los Kiss y shorts cortos. No era creíble, un ser hermoso y agradable como yo, no sería la pareja de alguien como Luka quien parecía estar a punto de asfixiarse con su propia corbata. —¿Quiere que lo llame? —pregunto la mujer. —En realidad no, me gustaría sorprenderlo —señalé. Los ojos amplios de Greta y su piel pálida nos delataba, esperaba que la mujer no la notará. —Lo siento, pero necesita la autorización para subir —explico fingiendo sentir pena. Muy bien, ya no me agradaba y tal vez tendría que actuar mejor. Cubrí mi rostro y solté un gemido lastimoso mientras imaginada a un montón de gatitos abandonados. Algunas lágrimas se acumularon en mis ojos y eso fue suficiente, cuando levanté el rostro, estás ya estaba rodando por mis mejillas. —¿Estás bien? —pregunto mi propia amiga creyéndose mi engaño. —Le mentí, sospecho que él me engaña y no sabe lo difícil que es —intente sonar lo más desesperada posible—, y creo que estoy embarazada. Probablemente, ahora este con su amante ¿Me dejaría subir por favor? La mujer me miraba con pena, esta vez era sincera. —Lo siento, pero no puedo hacer nada —respondió. «Maldición» Mire detrás del buró con disimulo. Esta era mi última oportunidad. —¿Puede darme un abrazo? —pedí lanzándome a sus brazos antes de que pudiera responder. La apreté contra mí y con mi mano libre señalé para Greta a las llaves que permanecían en orden detrás del buró. Ella las miró nerviosa, pero rápidamente tomo un par de estas. Solo esperaba que fuera las correctas. —Gracias, igual, nos iremos —me separé de ella y tomé a Greta de la mano para salir del edificio. —Esto es una locura —dijo Greta pasándome las llaves. —¿Qué podría salir mal? Sabía que habría un millón de cosas que podrían salir mal, como para escribir un libro con todas ellas. Esta era una buena opción de demostrarle a Luka Caruso quién era yo. Él se estaba vengando a su manera de mí y yo me vengaría a mi manera de él. Llevamos la moto hacia el garaje, este estaba abierto aún, pues un coche estaba entrando. Fue la oportunidad perfecta y en menos de unos segundos volvimos a entrar al edificio sin ser vistas. Greta parecía estar a punto de desmayarse, miraba hacia todos los coches como si de alguno de ellos pudiera salir Luka. Ya eso me había sucedido dos veces, era imposible volver a cruzarme a ese hombre. Cierto que estábamos a unos pisos de su apartamento, pero a diferencia de las veces anteriores esta estaba perfectamente planeada. Entramos al living, esta vez por la puerta del garage, fuimos precavidas para no volver a encontrarnos con la portera. Greta no dejaba de llamar al ascensor y cuando las puertas de este se abrieron entramos con prisa. Quería fingir seguridad, pero ya me encontraba tan aterrada como ella. —Estoy segura de que si estudiáramos podríamos evitarnos todo esto —menciono mi amiga. Era posible, pero no. —Todos los profesores aman restregarnos nuestras notas por la cara, imagina la cara de Luka cuando vea que todo el salón saco una puntuación perfecta. Greta abrió los ojos —¿Le darás las respuestas a todo el salón? —Así es —acomodé mi cabello mirándome en los espejos del ascensor mientras subía. Greta solo se encogió de brazos —Supongo que pensará que es un buen profesor. La manera de pensar tan positiva de Greta a veces me fastidiaba, pero estaba totalmente segura de que no sería así. Llegamos al apartamento de Luka, intenté escuchar pegándome a la puerta, pero la madera oscura era muy gruesa para escuchar algo. Bien, llegamos y no logramos nada. A veces se pierde y otras se gana, ya vámonos —Greta tiro de mí, pero yo me resistí. —Cálmate, yo siempre tengo una solución. En la puerta de al lado había un paquete en el suelo. Tenía una etiqueta con la dirección y número de apartamento. Tome la caja, le arranque la etiqueta y la abrí para ver su contenido antes de dejarla. Simple curiosidad. —Madre mía ¿Pero por qué una persona necesita tantos? -pregunto Greta mirando los vibradores y otros juguetes dentro de la caja. —Podría ser yo —respondí ganándome una palmada en la espalda. Cerré bien la caja y luego la deje en la puerta de Caruso. Le di unos fuertes golpes a la madera, lo suficientemente fuerte para despertar a un gigante. Empuje de manera desesperada a Greta hacia el cuartito de la basura, ella tenía los ojos muy abiertos y mantenía una mano en su pecho. Desde la pequeña ventanilla redonda observé a Luka salir solo con unos pantalones de algodón y camiseta ligera. Tomo la caja en el suelo y la abrió, su rostro se deformó al ver el contenido —Te imaginas que se quede con ellos —susurro Greta burlándose de la situación. Al menos le quedaba algo de humor y yo esperaba que eso no llegara a suceder. Luka cerro la puerta y tomo el ascensor con la caja en manos. Salí a toda prisa y abrí la puerta con el juego de llaves que habíamos tomado. —¡Vamos, entra! —le ordené a Greta. —Grace, esto es una locura, de las cosas más locas que has hecho —estaba intentando hacerme entrar en razón. —Pues quédate afuera. Entre en el apartamento y me quedé totalmente quieta. No había nada, pero nada de nada, ni un solo mueble en todo el salón. Solo tres cajas apiladas en una esquina y lo que parecía un espejo o quizás un cuadro cubierto y asegurado con papel. Tenía razón, era un psicópata, seguí revisando el apartamento. Era espacioso, oscuro y tenía un estilo muy abierto. Las paredes eran claras y la madera del suelo se veía algo oscura, no había nada más que decir sobre su apartamento. Abrí la nevera, todo está perfectamente organizado dentro de ella y cada recipiente tenía una etiqueta con el nombre y la fecha. —Canelones —leí tomando el envase. Tome un poco con mi mano y lo probé. Este hombre era un psicópata que cocinaba muy bien. Lo volvía a dejar tal y como estaba y continúe comprobando el apartamento. Encontré la habitación, solo había una cómoda y una cama vestida con sábanas grises y negras, estaba hecha a la perfección y noté casi enseguida el enorme vestidor, la ropa estaba en orden, colgada por pieza y por colores y entre todo ese orden se me hizo muy fácil encontrar el maletín que traía hoy. Lo abrí sintiéndome aliviada al encontrar el examen en su interior, le comencé a hacer fotos y una vez listo lo dejé como estaba. Me dispuse a abandonar, esta aventura cuando la puerta de entrada se abrió. No sabía qué hacer así que me lance al suelo y rodé bajo la cama. Estaba perdida. Vi sus pies descalzos aparecer y escuché con atención, estaba repitiendo una melodía extraña ¿Le gustaba la música? Se me hacía raro siendo el tan aburrido que algo le pareciera agradable. Los pantalones de algodón cayeron en el suelo y me atraganté con mi propia saliva cuando siguieron un bóxer y su camiseta. «Dios protégeme de los malos pensamientos» Dios no me escucho. Solo miré un poquito cuando abría la puerta del cuarto de baño para entrar. Su espalda estaba marcada por los músculos y por algo de tinta, quien iba a imaginar que el señor Caruso tendría tatuajes. Dos alas se extendían por el largo de su espalda y una catedral al revés decoraba su espalda baja, era toda una obra de arte. Ya debajo de su ropa se notaba que era ancho, pero desnudo imponía aún más con sus músculos marcados y piel bronceada. La perfección existía y las nalgas de Luka Caruso eran prueba de ello. Segundos después sentí el agua de la ducha, correr y salí corriendo del apartamento. Ya Greta ni estaba en el pasillo, así que no me detuve hasta salir por completo del edificio. La encontré en la calle sentada en su moto. —¿Me ibas a dejar? —le pregunté molesta con ella. —Claro que no, estaba esperando que llegara la policía que llamaría Luka al verte en su casa —sé burlo. —Por lista no tendrás el examen. —No puedo creer que lo consiguieras. Le mostré la foto agitando el teléfono celular en su cara —Lo tengo y eso no es todo, menudo culo tiene Caruso
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