BENJAMÍN Llego al punto que me ha indicado Fernanda y la busco con la mirada, desesperado. Si le han hecho algo no podría perdonármelo, sobre todo porque sabré que no actué rápido. —Benjamín... —me doy la vuelta y veo a Fernanda tirada en una esquina, su blusa completamente desgarrada y sucia; su cabello hecho un desastre y su cuerpo temblando. —Fernanda —corro hacia ella y la acuno entre mis brazos, tratando de calmarla. Fernanda comienza a sollozar desconsoladamente, por lo que solo me dedico a acariciar su espalda de arriba a abajo, esperando a que se controle lo suficiente para que me cuente lo sucedido. Esos bastardos la habían lastimado y yo lo había permitido. Luego de unos minutos sentados en la misma esquina, ella se limpia las lágrimas y me mira como si quisiera encontrar

