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3057 Words
Ella no supo que hacer, dudo los primeros instantes, las cosas se ponían intensas e incomodas en aquel momento, como si no supiera que hacer, porque Vicente de un momento a otro estaba decidió en besarla, las cosas no eran color de rosas para la vida de la pequeña empresaria. Ella se echó dos pasos para atrás dudando en su seguridad. Vicente tenía una sonrisa burlona, como la de un niño cuando tiene un juguete nuevo. Ella no le gustaba eso, estaba violentando toda regla, y ese acercamiento para ella era algo que no soportaba. Sindy estaba más roja que un tomate. Mientras miraba al hombre con los brazos cruzados esperando una respuesta. —Sabes que tengo novio verdad Vicente. —Si Sindy, lo siento de verdad se me escapo, es que eres muy linda y no pude controlar mis impulsos. —El hombre mentía—. —Bueno pero espero que no vuelva a pasar. —Sindy le lanzo una mirada seria como tratando de acabar la conversación. —Bueno te lo prometo. —Vicente alzo su mano hasta el nivel del hombro, la otra mano se la puso en el corazón, como si estuviera tratando de hacer un juramento—. De corazón. —Está bien, porque mi novio es muy celoso. Además si alguien le cuenta lo que paso, te buscaría con una pistola para matarte. —En serio. —Si puede hacer eso y más. Vicente en segundo plano, pensó que también era un poco problemático estar con esa chica, pero le venía gustando desde la primera vez que la vio. El hombre que estaba acostumbrado a conseguir a cualquier chica con su cuerpo bien definido, no le gustaba las cosas difíciles, mas este era un reto que oba a afrontar con todas las cosas que le suponían, que tendría que hacer. El teléfono de Sindy sonó, Mariana le estaba esperando abajo con el carro, justamente la salida que ella estaba esperando. Se despidió de Vicente por pura decencia porque no lo quería hacer, quería salir de ahí corriendo, estaba humillada y en un momento incomodo, además estaba usando mucho el nombre de Sander, y que era eso de que era su novio, si alguien le contaba iba a estar en un apuro, e iba a quedar como una chica que le gusta hablar por hablar. Una chismosa así iba a quedar enfrente de los ojos de Sander, por culpa de Vicente que se estaba metiendo mucho en su vida. Ahora solo quedaba que el chico se comportara como había prometido recto y conforme a su palabra. No lo iba a hacer, Sindy pensó, que el beso fue una clara indirecta que el cachas, gerente del gimnasio estaba enamorado de ella. Un hecho que no podía cambiar, ahora ella bajo el por el elevador y con un paso rápido salió del centro comercial, se montó al coche. —A dónde vamos jefa. —A la casa rápido. Ella no midió sus palabras. Y aquella petición pareció una orden, Mariana cuidando su tono asintió con la cabeza y después puso la marcha para ir al condominio. Sindy pudo reposar en el espaldar del asiento, relajó sus hombros, que le parecía pesado como una tonelada, y se tranquilizó un poco más. Ese pequeño beso desato un sinfín de cosas que quería pensar, pero recordó lo que le había dicho Sander. Que se tomara las cosas con calma, y era la verdad analizo su actitud y estaba estresada, tanto que sin darse cuenta estaba ansiosa y sudaba frio. Estaba como encerrada en una cárcel de pensamientos que le hacían que perdiera el auto control. Era como un video viral, entonces con esa misma rapidez se esparcía por todo su cuerpo, cosa que hacia inconscientemente, y eso le causaba más problemas. La chica se comía las unas, estaba muy ansiosa, tenía la frente sudada, los pensamientos turbios y con un rubor por toda la cara. Sus pensamientos eran fáciles de predecir, el beso que le había dado Vicente. Pero no fue como un beso, más bien fue como un roce de labios, al chico apenas le dio tiempo para poner sus labios en los de Sindy. Mariana no tardó mucho en llegar a casa, Sindy bajo disparada, y le dijo a mariana que se tomara el resto del día libre. Cosa que a la humilde chica no le pareció mal. Después subió a su departamento abrió la puerta y se metió al cuarto, el resto del día la paso pensando en ese asunto le daba caña con todo lo que se le ponía enfrente lo relacionaba con el beso. Allí estaba, en posición fetal aferrada al teléfono, esperando a que alguno de los dos, respondiera ya fuera Nathalia o el desaparecido Sander. Y entre tanto drama, también se coló un poco de aquellos pensamientos vergonzosos, se coló para imaginar un poco al joven chico de cabello rizado. Pero se sentía olvidada por el mismo, que le quedaba, esperar a que él se desocupara y le escribiera. Cosa que no le gustaba mucho, pero así paso la tarde, encerrada en su cuarto, donde un rato de luz tenue se colaba por la ventana, y llegaba a la cama, con un atardecer rojizo que dejaba ganas de quererlo mirar mil veces, así ella paso el resto de la tarde esperando a que aquel mensaje llegara. El hombre entro en la oficina, vestido de un traje digno de un empresario del año, su figura era fornida, desprendía aquella poderosa personalidad confiada y recta. Imponía ímpetu y algo de miedo, dos secretarias que pasaron a un lado de él, por el pasillo, bajaron la cabeza por un segundo mientras el pasaba. Además ellas dejaron de hablar y siguió su camino, de verdad un hombre que es temido, y respetado por todos. Camino por los amplios pasillos de la oficina, hasta llegar a la conferencia. Entro con aires de grandeza, se sentó un la silla principal, y puso los pies encima de la mesa, y después saludo a Sander que lo estaba esperando desde hacía rato. —Ala Sander, que bien que llegaste, debemos resolver muchos problemas. —Si claro, Roberto. Por eso vine lo más rápido que pude. —Dijo el muchacho enfocado en los ojos de su socio. —Bien vamos allá. Pero antes, debo pedirte que mañana te tomes algunas fotos con las nuevas botas. —Que no, espera no soy un modelo. —No nada de negarse, además ya pague la cuota de la publicidad, y esto sí que va a ser grande. —Pero no soy modelo. Repitió Sander. —Tranquilo solo será unas fotos y ya, además conseguiremos más fans, si decimos que el propio jefe está trabajando en el calzado. Sander dudaba, en todo lo que su socio le decía, pero además iba bien con las cosas, una que otra foto no le quería mucho tiempo, pero lo que venía a resolver acá, era el problema de la fábrica Textil. —Que vamos a hacer con la textil. —O si, de eso quería hablarte, me apena decirte mucho, pero estamos cortos de dinero, necesitamos que nos salves. —¿Cuánto? —Un par de millones. —¿Es muy necesario? —Lo único que necesitamos para lanzar la siguiente línea de Trabajo. —Las palabras de Roberto le inspiraban confianza. —¿Cheque o transferencia? —Un cheque está bien. Sander estaba por pararse de la silla, para ir a su casa a descansar después de aquel día tan ajetreado. —Oye espera, sabes quiero hacer, algo por ti. —Dijo Roberto. —¿Qué es? —Ya hemos sido amigos por más de seis años, y siempre has estado solo, quiero compensártelo. —¿Cómo compensármelo? —Te conseguí a una chica. —¿Qué? —Si una modelo de la Tv, después me lo agradece. —Roberto soltó una risa algo picara. —Un modelo, no crees que es algo exagerado. Además estoy solo porque no necesito a una chica a mi lado. —Si la necesitas y más que tú, que has estado solo. Todo el tiempo que te conozco, desde hace seis años. Así que como un regalo para tu cumpleaños que está cerca.—hizo ahínco— este será mi regalo. Y un regalo no se puede devolver. Así que más te vale que vayas a la cita que has conseguido para ti. —Está bien Iré ¿cuándo será? —Mañana después de la sesión de fotos. —Vale, para que veas que soy tu amigo. Pero mándeme un mensaje con el nombre y las características de la chica. No quiero ir tan desinformado a la cita. A y otra cosa, no voy a ir en vaqueros, voy a ir con ropa deportiva. —Perfecto de seguro que no va a ver inconveniente alguno. La sonrisa de punta a punta le dio tranquilidad. Después Sander hizo y firmo el cheque se lo entrego a su socio acto seguido busco un taxi y fue a la cama de su habitación para obtener el merecido descanso. Roberto, se quedó en la oficina viendo el cheque, riendo con elogio y regocijándose, su plan estaba yendo más que a la perfección. Sander llego al edificio donde se quedaría los próximos días, estaba tan cansado que olvido encender su celular, desde que lo había apagado en la estación de bus. Cuando se sentó en el sillón casi queda dormido. Mas saco energía para cocinar algo rápido y bañarse, después de la comida, cayó como un yunque directo a la cama. Olvidándose por un momento de todo, e incluso de Sindy. La mañana siguiente llego con tiempo apresurado, Sander se levantó y se lavó la cara y fue directamente al casting. La sesión de fotos iba a ser en un estudio cercano del centro de Pamplona. Cerró el condominio y después bajo al estacionamiento a buscar el auto deportivo que tenía en su casa. Amante de los deportivos siempre mantenía un par de carros en buen estado para transportarse por las calles húmedas y lisas de pamplona. Condujo con agilidad y prudencia hasta el casting en la televisora. Al llegar Roberto estaba parado en la puerta del canal donde hablaba con otro hombre de gran estatura y con un traje n***o. La gente que estaba en la televisora se sorprendió al ver el deportivo de color amarillo entrar por la puerta grande del canal. La gente se quedó embelesada en el carro Sander escribía por teléfono ignorante de show que había armado. Puso el teléfono celular en la guantera y estaciono el auto en el primer hueco que vio. Se tardó unos minutos en buscar las gafas que compro en el centro comercial de Sindy recordó que las había comprado para ella, para que lo viera con esas gafas. Pero como no se había dado la oportunidad para ponérselas. Se bajó del carro y fue directamente a la sesión de fotos. Antes de eso llego a donde estaba Roberto y lo saludo, Roberto como con buena educación le presento al señor Santillana. Un señor de edad pero con buen humor y con gran cantidad de dinero, dueño de la televisora y de la cadena de modelos con la cual hoy Sander iba a pactar. El señor Santillana hizo algunas bromas pesadas antes de entrar al estudio. Acto seguido fueron directo al estudio. El señor Santillana brindo con ellos dos copas de whisky y Sander se quedó viendo como los fotógrafos hacían fotos de las bellas modelos. Roberto viendo este comportamiento de Sander se acercó por detrás y le hablo con una sonrisa maliciosa en la cara. —Te gustan. —¡Uy! me asustaste. —Sander se tambaleo un poco hasta el punto que casi tumba la copa de whisky—. No es que solo… —No me lo niegues si por eso estamos aquí. Ella es con quien vas a salir. —Señalo Roberto a una chica de cabello entre n***o y castaño con una sonrisa hermosa y cuerpo esbelto. —¡Wow! Es linda. —Sí. —Pero… —No nada, no pongas inconveniente. —Roberto era dominante—. Tiene una reserva en el restaurant, Portville. No la cagues por favor. —Bueno. Sander no pronuncio más palabras se concentró en la chica, aunque se recordaba de Sindy a cada minuto. Solo iba a la cita para aparentar quedar bien con Roberto, planeo en su mente hacer alguna que otra pregunta sobre su vida y su carrera como modelo y después un par de bromas y cada quien hasta su casa, más tarde la llevaría a su casa como buen caballero y se la quitaría de encima. El plan perfecto para esta irónica ocasión. Poco a poco el estudio se fue vaciando cada quien se iba a su trabajo y en el cabo de dos minutos más los únicos que quedaban alguno que otro productor y fotógrafo reunidos en un pequeño grupo de conocidos. Roberto parecía llevárselas bien con todos hasta cierto punto, Sander no recordaba cuando fue la última vez que Roberto había estado entre tanta gente. Sander estaba cabizbajo y con los hombros abajo, Roberto noto la incomodidad de Sander hasta cierto punto. Él lo tomo del brazo y lo alejo un poco del grupo hasta llevarlo por donde estaban las mesas de bocadillos. Fingieron que estaban buscando un bocadillo pero al llegar Roberto no tardo en preguntar porque aquella actitud insana de Sander. —¿Que pasa Sander? ¿Está bien? —Si —No —Como sabes cómo estoy si no estás en mi cuerpo. —No eres el mismo —Paranoia tuya estoy bien —No —Que si hombre —No anímate más, que los productores lo están notando. —Sander vio que era cierto. El empresario de botas no quería estar allí, la verdad pensaba que era una cosa absurda para ello estaba Roberto que era la cara de la empresa, para eso lo había contratado eso y porque se había graduado de una de las mejores universidades del país. Eso le dio confianza eso y que era mayor que él, claro la experiencia en este campo contaba mucho, más que el empeño que le ponía el muchacho. A pesar de eso ya llevaban más de siete años trabajando juntos cosa que no lo vio mal, y con el pasar del tiempo hasta se convirtieron en amigos. —Voy a presentarte a la chica. —Alzo la mano hacia la reunión—. Chulita Ven. Que era ese apodo, o a quien le estaba hablando la verdad era anormal que una palabra tan mundana saliera de la boca de Roberto, quien era integro a la sociedad. De repente una chica salió del grupo donde estaban los promotores, Sander vio enseguida, la chica era delgada y bella en unos segundos estaba delante de Sander. —Hola —Dijo con su dulce Voz. —Ella es María pero la llamamos Chulita. —Sander la vio y quedo embelesado—. Vayan conociéndose. —Roberto de inmediato dejo a los muchachos solos y se fue a la reunión de promotores. Sander estaba paralizado, no era lo que pensaba, la chica era demasiado bella, como Sander describiría sin complejo de escritor: su cintura era delgada como el tallo de una rosa, hablando de colores como su piel seria clara pero con tonos quemados. Y entonces allí se entrelazaba si cabello, n***o como la penumbra y la oscuridad, pero no una oscuridad maligna, sino la oscuridad más bella como la de una noche con el cielo estrellado. Donde se pudiera perder con gustoso ánimo. Ojos profundos como el mar, como un laberinto de arbustos donde no se encontraban salida alguna, su cara con un rubor leve y con pizcas de dulzura. Mientras que su rostro era perfecto, ni un solo desperfecto además de ser claro y con mejillas algo pronunciadas que la hacían ver como una chica del extranjero. Como si una chica de una película se hubiera salido de la película para hablar con ella. La chica vestía con unos vaqueros negros y una blusa del mismo color, su postura era recta y no tenía ningún royo en la barriga. Una chica única en su clase parecía de otro planeta. —Hola. —Dijo Sander para no quedar como un tonto. —Tú eres Sander ¿no? —Sí. Veo que tienes interés. —Roberto me ha contado mucho la verdad. —De veras y ¿Qué cosas te ha contado? —Muchas pero eso no se dice. —La chica sonrió con picardía. —Eres algo reservada. —Sí. —No lo decía como una pregunta. —¿Cuántos años tienes? —Sander revirtió la conversa. —Es muy importante para ti saber eso. —No, solo quiero saberlo —Entonces creo que vas a quedar con la duda. —Eres difícil —Sander rio. —Eres empresario no. —Sí. —Respondió Sander. —Entonces debes saber que las cosas no siempre van a ser fáciles en la vida, todo tiene su tiempo. Era verdad la teoría que ahora decía María o la auto proclamada chulita todo en la vida tenía un tiempo, hasta a Sander le había costado llegar a donde estaba a pesar de que aun tenia vertiginosa juventud. —Así que ye gusta ponerme a pensar ¿verdad? —Sí. —Dijo la chica, ella se acercó un poco a Sander, hasta el punto de casi pegarse en un abrazo, Sander se echó para atrás como intentando ganar algo de espacio entre ellos, la blusa de chulita era demasiado corta y hasta cierto punto dejaba ver sus senos, aunque nunca mostrando el pezón. Pero acto seguido la chica se desvió y tomo uno de los vasos para ponche que estaban en la mesa—. Voy a tomar ponche. —Se justificó con aquella escusa. —Pues sí, la verdad es que el ponche tiene buen sabor. Sander y Chulita conversaron unos minutos más hasta que llegó la hora de irse, pero irse al restaurant donde siguieron caminando con portentosa diversión y alegría. Así pasaron toda la noche, hasta que Sander la llevo hasta un apartamento, donde ella decía que vivía. Después antes que se hiciera más tarde, fue a su apartamento y e metió a la cama a dormir. 
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