La vida no había sido fácil para mí, habían pasado seis años desde que Tony y Gonzo desaparecieron y día con día que pasaba, a mí se me hacía más difícil continuar, un mes después de aquel hecho, me enteré de que dentro de mi vientre no había uno, si no dos embriones, pero junto a ella también vino la noticia de que la policía decidió dar por muerto a mi esposo y a su mejor amigo.
Y aunque suene mal, ambas noticias fueron malas para mí, en aquel momento claro está, porque con el pasar de los días y los meses, me di cuenta de que tener mellizos no era malo, si no que una bendición, fue solo entonces, que decidí luchar contra todos y todo para salir adelante.
Pero claro, las cosas no fueron fáciles solo por haber tomado aquella decisión, mi vida se había resumido en salir de la casa por las mañanas, ir a la empresa y hacerme cargo de todo allí, tomando el lugar de mi esposo, lugar que no tenía la menor idea de cómo se manejaba, para luego volver a la casa que una vez fue de ambos, y derrumbarme en lágrimas, sobre cargada por toda la presión que tenía encima. Una de mis mejores amigas había perdido la vida en el parto y como si eso no fuese poco, Jackson había desaparecido con los bebes a tan solo cinco días de nacidos.
Puedo decir que lo comprendía, él al igual que yo, había perdido al amor de su vida y tenía que hacerse cargo de dos criaturas, pero me había dejado con una presión inmensa encima, nadie tenía cabeza para la administración de la empresa y yo como esposa de Tony, me vi en la obligación a no dejar caer aquello por lo que él tanto había luchado.
Bueno, como si todo aquello no fuese suficiente para mí, mi queridísima suegra, nótese el sarcasmo, había decidido infundir malas noticias sobre mí y había salido a decir a los medios que la muerte de Tony era mi culpa, a causa de eso, fui investigada durante todo un mes, ella aseguraba que yo quería quedarme con todo lo que le pertenecía a mi esposo, que tenía como pruebas, que a tan solo unos días de su desaparición, yo decidiera tomar el mando como CEO de su empresa, en aquel momento quise reír en su cara, pero no tenía cabeza ni para pensar en ella.
Los meses pasaron y a tan solo cinco meses de gestación mi ginecóloga me dio la peor de las noticias, que una como mujer puede recibir, ella detecto cáncer de cuello de útero, aquello había caído como un balde de agua helada sobre mí, el primer día no había querido saber de nada y había salido de la clínica en un estado de nervios inmenso, en ese momento creí que no podría continuar, que no quería continuar, pero el rayito de luz al final del túnel siempre se ve y allí para mostrármelo, estaba mi padre y su familia, quienes fueron todo el apoyo que necesite desde un principio, él había decidido mudarse a Seattle, para poder estar junto a mí y fue algo que realmente agradecí.
Paulina su esposa, fue quien hablo conmigo y me hiso entrar en razón, así que al día siguiente de aquella noticia volví a la clínica, donde me dijeron todo el procedimiento a llevarse a cabo desde ese punto.
El tumor seria vigilado desde cerca y en cuanto los niños nacieran, procederían a la extirpación de mi útero, acepte aquello sin saber que las cosas no iban a mejorar para mí, a tan solo un mes y tres semanas después, tan solo una semana antes de cumplir siete meses, tuve un sangrado excesivo, Luca me había llevado de inmediato al hospital, donde sin perder tiempo, me ingresaron a cirugía y a partir de una cesárea nacieron mis hijos, y aunque todo había salido bien, ellos tuvieron que permanecer en el hospital por casi tres meses, debido a problemas respiratorios, problemas que hasta el día de hoy, persigue al más pequeño de mis niños, pues él sufre de asma.
Claro que dentro de tantas malas noticias me habían pasado cosas buenas, pero como aquellas cosas no habían sido muchas, quería decirlo por ultimo; la víbora venenosa había sido al fin encontrada culpable y le habían dado veinte años de prisión, y por otro lado, logré ganarle a mi suegra la custodia de mis hijos, ella la había solicitado con la excusa de que yo no era apta para tener el cuidado de los pequeños, ya que aún tenía secuelas mentales por la pérdida de mi esposo, pero fue tan sencillo como solicitar una cita con una psicóloga y pedir que me evaluara, claro que aquello no fue solicitado por mí, si no que por el juez a cargo, quien decidió que yo estaba totalmente apta, luego de recibir los resultados médicos, y para que decirles esto, aquello hizo que mi suegra me odiara aún más, por esa razón, impedí el ingreso de ella a mi casa y podría ver a mis hijos solo cuando yo lo permitiera, claro que estas pautas las tenía solo con ella, Allen, Austin y el señor Efraín eran totalmente bien recibidos para ver a los niños. Bueno, al segundo nombrado no tuve ni que informarle que aquellas pautas no estaban impuestas hacia su persona, ya que por poco y no se mudan junto a Ian a mi casa, para poder tenernos cerca.
Los seis años que habían pasado me habían servido para crecer, tanto como profesional así como personalmente, había madurado a sobre manera y ahora era una mujer hecha y derecha, “dueña” de una de las constructoras más grandes mundialmente y una madre en todo el sentido de la palabra, mis pequeños con tan solo cuatro años de edad eran muy inteligentes y capaces, los amaba con todas mis fuerzas y podría llegar a volverme loca si algo les sucediese, era sobre protectora con ellos y sabía que estaba mal, pero no podía no serlo, no cuando me habían arrebatado a mi esposo de una hora a la otra.
Matthew y Nathaniel lo eran todo para mí, Matt siendo el mayor era igual a Tony, en todo sentidos color de ojos y cabello, su temperamento y actitudes en algunas cosas, así como la obsesión de tener todo bajo control y ordenado, sin embargo Nath era lo opuesto a su hermano, cabello rubio, ojos celestes como los míos, era enérgico y desordenado, le encantaba hacer drama por todo y sus gritos se oían todo el bendito día por toda la casa y puedo jurar que aquello me encantaba, me encantaba oírlo reír y gritar mientras jugaba con Hada, una husky que nos había regalado Luca, cuando ellos cumplieron un año de edad. Para ser que se habían gestado en un mismo saco, ellos eran muy diferentes físicamente y sus personalidades también lo eran.
—Mama — lo miré al oírlo llamarme — ¿iremos hoy a aquel lugar? — asentí a su pregunta
Hoy se cumplían cinco años de la desaparición de mi esposo, si bien habíamos realizado su funeral un mes después del accidente, yo iba sin falta cada 17 de abril a su tumba, para mi desde ese día me lo habían arrebatado y contaba aquel día como su fecha de aniversario de muerte, Matt y Nath sabían de su padre, y aunque me había costado explicarles bien, creo que ellos habían logrado entender que él había desaparecido, pero que podíamos ir a visitarlo al cementerio y decirles palabras bonitas, si bien no les había asegurado que él volvería en algún momento, nunca les dije que él estaba muerto, estaba mal y lo sabía, pero no podía hacer nada al respecto, no cuando pronunciar aquellas palabras me dolían tanto, era como si estuviese aceptado su muerte y no estaba preparada aun para ello.
—Si amor, iremos — contesté
—¿Iremos a por Nath antes?
Lo miré y suspiré.
—No bebé, iremos nosotros dos y luego buscaremos a tu hermano — dije, asintió no muy convencido
Aun estábamos en la cama, hoy se había levantado hirviendo en fiebre y me había asegurado de que tuvo una pesadilla que no lo dejaba dormir.
Acaricie su cabello y me acerque a besar su cabecita, él me sonrió y le devolví el gesto.
—¿Ya te sientes mejor?
—Si, quiero ducharme — dijo
Sonreí y antes de alzarlo en mis brazos volví a dejar un beso en su cabeza.
—A la ducha pues — dije
Caminé hasta el baño con él a cuestas y pronto lo senté sobre la tapa del inodoro para poder encender la ducha y templar el agua, cuando me giré de nuevo hacia su persona ya estaba con la remera del pijama en sus manos y a punto de quitarse los pantalones, sonreí. Lo ayudé a ingresar a la ducha y coloqué jabón líquido en su esponja, aquello era lo único que me permitía hacer, ya que le gustaba ser independiente y me lo había dejado muy en claro hace pocos meses atrás.
—Avísame cuando estes listo ¿va?
—Está bien mamá
Sali del baño y me senté sobre su cama, suspiré. Mi mirada se posó en la foto que había sobre su mesa de noche, éramos Tony y yo el día de nuestra boda, Matt me había solicitado un porta retrato con ella y sin poder negarme a su petición, hice una copia de la foto y la coloqué en un lindo porta retrato de madera.
Estiré mi brazo y tomé la foto entre mis dedos y la mire de más cerca, acaricié con mis dedos el rostro de mi esposo y fue inevitable no derramar lágrimas, lagrimas que limpie de inmediato al oír a Matt llamarme, sorbí la nariz y mientras limpiaba mis lagrimas me ponía de pie, para poder ir al baño y asistir a mi pequeño.
—¿Ya estás? — consulté, asintió
Tome su bata de ducha y se la pase, Matt de inmediato la tomo y se cubrió con ella, mientras sacaba el agua que corría por su rostro, con sus pequeñas manos.
—¿Podemos hacer pastel de chocolate cuando volvamos de recoger a Nath? — consultó
Suspiré y cuando no contesté él me miró, ayer había hecho fiebre y no era bueno que comiera chocolate, ya que, aun no siendo alérgico al mismo, nunca había podido comerlo con satisfacción ya que le afectaba de una forma u otra.
—¿Puedo pensarlo?
—Mami ¿Por qué debes pensarlo?, está bien podemos hacer un pie de limón — resolvió
Solté una risotada que lo hiso mirarme mal.
—No me veas así — dije al parar de reír — mami no se está burlando de ti, solo le causo gracia que cambiaras tan rápido de opinión — agregué
—Solo me imaginé que no accederías a mi pastel de chocolate — respondió
No respondí a sus palabras, ellos cumplieron cinco hace unos pocos meses y aun no me acostumbraba que ambos en ocasiones se comportaran como dos niños de unos doce años de edad.
—Bien ¿Qué te parece si le consultamos a Nath su preferencia y lo hacemos?
Sonrió ampliamente al escucharme, pues sabía perfectamente cual sería la elección de su hermano menor, ya que el gusto por el chocolate era lo único igual que tenían.
Después de sacar a Matt del baño y ayudarle a vestir, bajamos para poder desayunar y luego salir de casa, el camino hacia el cementerio fue silencioso, de a ratos miraba a mi pequeño por el espejo retrovisor para asegurarme de que estuviese bien, no quería que su fiebre volviese a subir y si veía sus mejillas sonrojadas, era porque eso estaba sucediendo, por suerte, eso no fue así.
—¿Tu cabecita no duele? — le consulté
Su mirada que estaba perdida mas alla de la ventanilla del auto, callo sobre mí a través del espejo retrovisor, negó de inmediato y volvió a mirar hacia afuera.
—Me siento muy bien mamá — habló, asentí — ya llegamos, bajaré a por una flor ¿puedo? — asentí a su pregunta, mientras terminaba de aparcar el auto
Suspiré al oír la puerta trasera del jeep cerrarse, algo que tenía Matt y que compartía con su hermano, era la ansiedad por realizar ya, estoy segura de que, si Nath estuviese aquí, ahora mismo estarían volviendo loca a la chica que vende las flores.
Me baje del auto y mientras caminaba hacia mi hijo, arreglaba el cabello que se me desarreglo por la fuerte ventisca, al parecer llovería pronto y eso no pintaba bien, ya que me gustaba tomarme mi tiempo cada vez que venía aquí.
—¿Cuánto seria? — le consulté a la chica
Después de escuchar el precio, pague por el ramo de flores y tome de la mano a Matthew. Le sonreí cuando sus ojos se pusieron en mí y él me devolvió el gesto.
—¿Qué flor elegirás?
—Esta — contestó
Y tomo del ramo una preciosa rosa amarilla, la única rosa entre muchas margaritas blancas, amarillas y rosa; sonreí al ver como después de soltar mi mano comenzó a correr hacia aquel lugar, el camino ya era conocido para él así que no era difícil para su persona llegar allí de inmediato.
Cuando llegue al lugar que afirmaba que mi esposo ya no estaba entre nosotros, suspiré, me quede de pie observando como Matthew dejaba su flor sobre la lápida y luego volteaba a tomar otra flor, una margarita amarilla para ser especifica, para pronto apoyarla junto a la de él, mordí mi labio inferior al darme cuenta de que aquella flor había sido colocada en nombre de Nathaniel.
—Mami ¿pondrás tu flor? — asentí mientras sonreí
Di un paso al frente colocándome a su lado y me agaché a su altura, para luego estirar mi mano y dejar las tres margaritas restantes del ramo, sentí los pequeños brazos de mi hijo rodear mi cuello y solté una risilla triste mientras bajaba la cabeza, sinceramente, no me gusta llorar frente a ellos, pero no podía evitar ponerme sentimental en este día y hoy especialmente, ya que no tenía a mi otro pequeño aquí ahora mismo.
—¿Qué te parece si hoy vamos a merendar fuera?, los dejaré elegir la merienda que quieran — propuse
Los ojos de mi hijo se iluminaron al oírme y no pude evitar soltar una risita, sintiéndome feliz, mis ojos se abrieron con sorpresa al recibir de improvisto un beso en mi mejilla por parte de él.
—¡Yey!, vayamos mami, vamos a por Nathaniel ya mismo
Solté una risotada al oírle tan emocionado, momentos como estos eran muy especiales, pues muy pocas veces Matt mostraba esa euforia, ya que suele ser un niño muy callado y reservado, al cual, pocas cosas le hacían demostrar felicidad.
—Vamos pues, ¿ya quieres marchar, de verdad? — consulté
Ya que no hacía mucho que habíamos llegado, me sorprendió al verle asentir.
—Vengamos en otro momento, cuando este Nath — dijo, asentí
—Bien, vamos a por Nath entonces
Me puse de pie y tomé su mano, le di una última mirada al nombre escrito en aquella lapida, antes de darle la espalda y comenzar a caminar, alejándonos cada vez un poco más de ella.
—¿Qué haces?
Consulté al sentir que había detenido su andar, lo miré y luego seguí su mirada, mi cuerpo se tensó por completo.
—¿Papá?
Volví a mirar a Matt y luego a aquella persona que estaba de pie, a unos pocos metros de nosotros.
—Espera aquí, no te muevas ya regreso — dije, él asintió
Era una locura dejar a mi hijo aquí solo, lo sabía, pero debía sacar esta duda que dejaban mis ojos al mirar a aquel hombre que nos observaba de lejos; comencé a caminar en su dirección cada vez con más velocidad en mis pasos, pues cuando él noto que iba hacia su persona, se giró y comenzó a alejarse.
Comencé a trotar al perderlo de vista, cuando doblo en una esquina, pero cuando llegue al lugar, ya no había nada, nada más que una de las tantas salidas que tenía el cementerio.
Suspiré y llevé mis manos hasta mi cabeza, apretándola solté un gruñido de rabia.
—Estas loca Camila — me reproche
Antes de correr hasta el lugar donde había dejado a Matt, verdaderamente tengo que estar enloquecido.