TIAM La sangre aún me latía en las sienes cuando crucé el umbral del palacio, con Efi entre mis brazos. Un instinto protector que no puedo poner en palabras se había apoderado de mi. Habían pasado días en los que no pude desligarme de mis responsabilidades y no había podido estar pendiente de Efi. Su cuerpo, aunque estable, temblaba débilmente contra el mío. Cada paso que avanzaba resonaba en el mármol con el peso de una decisión tomada demasiado pronto, pero necesaria, para poder sacar a las ratas de sus escondites. No saludé a nadie, no expliqué nada. Las puertas se abrieron ante mí como si el palacio reconociera que no era el mismo hombre. Al menos, ya no. Efi fue instalada en la habitación a un lado de la mía con los mejores médicos a su alrededor. Me quedé con ella el tiempo justo

