- Se llama Fátima -me repuso la otra niña adelantándose a contestar. Aquello me extrañó, pero no le di más importancia, sacando del bolsillo el papel impreso donde estaba su dibujo y las pocas palabras que había escrito, se lo mostré y le interrogué, - ¿Lo reconoces? Ella lo tomó entre sus manos y con una gran sonrisa le susurró algo a su amiga al oído y esta me aclaró, - Sí, es suyo, lo hizo hace unos días en la muestra de la biblioteca. Con gesto de sorpresa y desconcertado, recriminé a la niña que había vuelto a hablar, - ¿Por qué no dejas que hable ella?, si quieres puedes irte al recreo. El tutor carraspeó para que le mirase, cuando lo hice vi que me estaba haciendo un gesto de desaprobación con la cabeza moviéndola de izquierda a derecha repetidamente, indicándome con la mano

